Prólogo
No sabía cuántas veces había leído ese libro.
Las páginas desgastadas eran testigos de su innegable fascinación por Inglaterra; Aquella delgada revista que había encontrado por casualidad cuando apenas era una niña se había convertido en su tesoro, su cuento de hadas para dormir, sus sueños con hermosos paisajes, nobles, días lluviosos, hermosos otoños y un reinado.
¿Cuántas veces se había tirado en la cama mientras veía el techo con mirada perdida y su mente recreaba miles de escenarios donde se subía a un avión con destino a Inglaterra? ¿Cuántas veces había soñado con el chico de cabellos rubios y hermosos ojos verdes que vivía en un castillo abandonado, esperando que ella lo liberara de su soledad?
La necesidad de reírme me obliga a salirme de mis pensamientos. No pude evitar empezar a carcajearme sola en el cuarto como una maniaca a las dos de la mañana, estaba segura que mañana Adams iba a reclamarle, pero eso no era noticia.
Apretando con fuerza el libro contra el pecho, cerró sus ojos.
