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Lena a quien miré en varias ocasiones preguntándome cuántas cosas sabía realmente sobre ella. ¿Cuánto es? Ella, que decía amarlo más de lo que yo podía o imaginaba, ¿conocía sus miedos más ocultos? ¿Sabía lo mucho que le gustaba dar largos paseos en coche a altas horas de la noche, sólo para despejar la mente? ¿Era consciente de que los faros y el mar le recordaban a su hogar? ¿O que nunca desayunaba los domingos?
Perdí, pero no porque hubiera dejado de amar a Harry, de hecho, lo amaba tan incansablemente que para salvar la vida de todos me habría dejado de lado de una vez por todas. En serio, no me dejes intentarlo de nuevo.
No hace falta decir que la cena fue un desastre total a pesar de que cuanto más intentábamos irnos, más insistía el erizo en que nos quedáramos. Los niños bebieron un par de botellas entre bromas, mientras la futura mamá nos contaba grotescamente cómo ella y Harry se habían enamorado. Estaba cansada y tan sobrecargada de emociones de varios tipos que me hubiera echado a llorar en cualquier momento, así que durante la mayor parte de la noche no participé en las diversas conversaciones.
De hecho, no participé en nada en absoluto.
-¿No es malo beber vino estando embarazada?- exclamó Jay de la nada mientras tanto el erizo como yo dirigíamos inmediatamente nuestra mirada a la chica dispuesta a llenar una copa.
-¡Oh, qué descuidado!- Negó con la cabeza. -Siempre olvido que estoy embarazada.- Su sonrisa dio paso a una expresión de arrepentimiento, sin embargo, debería haber sido la mujer más feliz del mundo y si no lo era, la causa estaba frente a mis ojos. -Ay de mencionar esa palabra.- Agregó irónicamente haciéndome sentir pena por él mientras estrangulaba a Harry con una mirada que recordaría de por vida.
-Podrías esforzarte por hacerlo mejor.-
Levantó una ceja sin esperar que yo defendiera a su novia, como si eso no fuera lo que siempre había hecho desde que me confesó que esperaba un bebé.
-¿De nada?-
-Escuchaste bien.- espeté mientras Jay se cuadraba, listo para intervenir y no se le escapó al erizo que sonrió. Pan para sus tentaciones. -¡Ella no se merece todo esto! ¡Asume tus responsabilidades, deja de pensar en tonterías y empieza a ser padre!-
-Peps, mantén la calma.- susurró mi amigo poniendo su mano en mi muslo. -Que no vale la pena.-
-¿Quieres postre?- Fue una intervención totalmente inútil por parte de la chica ya que no lograba disolver la tensión.
-¡Dale un poco a este, por lo menos cállate!- Gritó mirando fijamente su mano aún firme en mi muslo. -¿Por qué te dejas tocar así? ¡Ni siquiera estáis juntos!-
Vale... Harry estaba loco.
-¡Déjame quedarme si te atreves!- espetó Jay, saltando de inmediato, entre los continuos ladridos del perro, lo cual hice yo también, literalmente atándome a su cuerpo, para bloquear sus brazos para que no cometiera ninguna tontería.
-Jay no... ¡JAY NO!-, gruñí suavemente como un dóberman hasta que sus ojos volvieron a mí y apretó la mandíbula. -Disculpen, pero de verdad tenemos que irnos-.......-
-¿Usted dijo?-
Sentí a Harry detrás de mí hasta que literalmente se pegó a mí. Él sonrió divertido, casi buscando pelea mientras yo respiraba jadeando sintiéndome presionada entre sus pechos a pesar de que los apalanqué para que estuvieran lo más lejos posible. Un largo dolor atravesó mi pecho, pero apreté los dientes y no mostré señales de amainar.
-¡Te escucho, vamos, exprésate libremente!-
-¡Harry, no estás siendo muy atrevido!-, lo regañé casi sin aliento.
-De lo contrario, ¿qué? ¿Le vas a pedir a tu falso novio que me rompa la cara?-
El pecho de un Jay que no se estremecía se presionó contra mis palmas. -Oh, ¿como la última vez? ...¡Amaría eso!-
-Jayden, no… ¡no, por favor!- Busqué sus ojos desesperadamente para que se calmara. -Basta o los vecinos llamarán a la policía. ¡Y ese no es realmente el caso!-
-¡Harry, es suficiente!- Lena trató en vano de moverlo.
-Te daré un consejo, guapo, piensa en tu mujer y no te metas en asuntos que no te conciernen.-
-¿Sabes dónde puedes pegar tus putos consejos?- gruñó el erizo detrás de mí disminuyendo hasta la más microscópica distancia entre nuestros cuerpos mientras yo gemía sin recibir tregua de ninguno de los dos.
-Estás-... hey, ¡ay! ¡Estas hiriendome!-
Me rendí y me alejé sintiendo que el aire fallaba, sinónimo de un ataque de pánico similar al que tuve en la Toscana. Me senté jadeando para recuperar el aliento de alguna manera cuando de repente sus voces se apagaron; Sentí mi espalda sudar y una sensación de pesadez en mi pecho que llevaban mi cuerpo a un pico de excitación haciéndome sentir como si estuviera perdiendo el control de mí mismo. Me llevé la mano al pecho y agarré la tela del vestido con fuerza hasta que una sombra borrosa se adelantó.
-Rauqel, ¿estás bien?- Puso su mano en mi hombro mientras yo ni siquiera tenía fuerzas para responder o asentir a Lena, tranquilizándola sobre mi condición física. -¡Respira, respira!....¡Chicos, basta!- Gritó y más allá de eso solo pude percibir las palpitaciones de mi corazón y el dolor en mi pecho. -Peps está enfermo... ¡Llama a una ambulancia!-
-¡Peps!- Harry fue el primero en intentar acercarse mientras yo mantenía mi mirada en el suelo, concentrándome en un punto fijo. Podía sentir los músculos de mi vientre levantarse hasta doler, pero el aire no se decidía a entrar.
-¡No, no hay ambulancia!- Escuché la voz de Jay y entendí bien las razones. Nuestras razones.
-¿Qué diablos significa no?- Harry gruñó con rabia, luego me pasó un vaso de agua y trató de limpiarme la cara para secar las lágrimas.
-¡Vamos, Peps!- Jay tomó mi mano y me levantó de la silla esperando poder calmarme al aire libre.
-¡Ella no irá a ninguna parte contigo!- Harry apretó bruscamente el brazo de mi amigo, quien en consecuencia apretó más mi mano. -¡Y nunca más te atrevas a tocarla!-
Y aquí empezaron a discutir de nuevo, así que cuando Lena también trató de dividirlos, me fui con la sensación de que me estaba muriendo. Bajé las escaleras rápidamente aunque tambaleándome y en un abrir y cerrar de ojos me encontré en la calle, en el frío helado, en la lluvia. Me incliné hacia adelante para recuperar el aliento como si hubiera estado conteniendo la respiración durante años y de repente recordé cómo respirar.
-¡Peps!-
Cerré los ojos para contener las lágrimas cuando escuché su voz detrás de mí. Parecía aterrorizado.
Era.
- ¡Harry, no! Harry....¡detente!- gritó Lena detrás de ella mientras Jay se unía a mí también y después de asegurarse varias veces de que estaba mejor, tomó mi mano para irse. Me congelé en el lugar siendo arrastrado hacia el otro lado como si fuera una muñeca de trapo, así que levanté la cabeza para encontrar que Harry se había envuelto alrededor de mi muñeca.
Esa escena otra vez.
-¡Suéltalo, Jayden!- gruñó enojado.
-Está enferma y tengo que llevarla a su casa para que pueda tomar sus medicinas.- Le informó tranquilamente mi amigo para hacer pensar al inglés, pero no se rindió y acentuó aún más su agarre, hasta lastimarme.
-Harry, te lo ruego.- Le susurré entre temblores para que se detuviera pero no me escuchó y no apartó los ojos de Jay.
-¡Ella viene conmigo!-
-Ella está bajo mi protección.-
