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5

—No te dije que hablaras. Me amenazó con una mirada que me retorció el estómago por lo intimidante que era. Tragué saliva, en parte por la situación y en parte porque se tomó el tiempo, bastante, para escudriñar mi rostro con atención. -¡Date la vuelta!- Me ordenó, y así lo hice, luego sentí sus dedos helados rozar mi espalda a través de la delgada blusa de algodón mientras me preguntaba repetidamente dónde estaba Gastor. -Dime quien cojones eres! ¿Quién te envió aquí? ¿Eh? - Espetó furioso en voz baja, detrás de mí, presionando el arma contra mi cuello.

Me sentí débil.

-Ni siquiera lo sé ch-.....- me agarró del brazo y me hizo dar la vuelta, para que mi mirada volviera a encontrarse con la suya. Sus ojos color avellana no eran malvados, se veían bien, o eso esperaba. -No sé quién es usted. ¡Lo juro!- repetí con convicción.

-¿Eres de la CIA? ¿NSA?....¿Pero cuántos años tienes?- Frunció el ceño al notar recién entonces que yo era muy joven.

-D-dieciocho, y no sé por qué estoy aquí. Olí mientras me miraba un poco compadecido quizás por mi estado físico y emocional. -Me secuestró.- Solo alcancé a decir eso, en voz baja, para evitar que el psicópata Gastor me escuchara.

-¿Él?- Frunció el ceño, mirando a su alrededor aunque en realidad ya se había imaginado que no estaba solo. -¿Cuál es su nombre?-

-Rauqel.- susurré.

-¿Rauqel cómo?-

Tragué un gran bulto sin saber cuál de los dos apellidos habría funcionado a mi favor. Hayden o Styles.

-Styles....- habló Gastor a sus espaldas mientras yo respiraba de nuevo, en parte aterrada y en parte aliviada de que él estuviera allí -...¡Rauqel Styles!-

Nadie dijo una palabra mientras el chico, para mi sorpresa y sin pensarlo en absoluto, me escudó; era alto y tenía hombros tan anchos que ni siquiera necesité encogerme para esconderme en ellos.

-Hola Jayden, cuánto tiempo. Pensé que nunca más te encontraría.- Escuché una risa sarcástica proveniente de lo que probablemente era la casa del joven, mientras percibía los pasos de mi captor cada vez más cerca de nosotros.

-Yo también lo esperaba.-

-¡Vamos, deja en paz a la chica!- exclamó Gastor guardando el arma y mostrándole las manos vacías. -Vinimos en son de paz.- Bromeó como si lo conociera de años aunque la impresión que me dio el chico fue que no podía soportarlo, ¿y cómo puedo culparlo?

-No, déjala en paz...- murmuró mientras yo miraba el costado de su brazo en dirección al hombre de ojos pequeños y negros -...¡Dijo que la secuestraste y está claramente alterada!-

Vi a Gastor arrugar la nariz y estirar el cuello hacia un lado para encontrarse con mi mirada con asombro mientras me escondía detrás de la espalda de Jayden evitando su contacto visual.

-Ah, en serio... ¿Rauqel? Está bien, me ocuparé de ti más tarde.- Dijo irónicamente subrayando mi nombre en un tono sarcástico. - Entonces, Jayden, ¿no nos invitas a pasar? Para que podamos charlar sobre ello con una buena taza de café.-

El moreno sonrió, caminando hacia su casa mientras yo lo seguía agarrado a su sudadera. -¡Lo siento, pero me temo que también deberíamos posponer esta charla porque en realidad no tengo nada que decirte!- Se detuvo de repente y se giró para mirarme con maldad, casi amenazante me atrevo a agregar. -Perdón, ¿puedes quitarte esto...- se liberó de su agarre -....gracias. ¡Escucha, toma a la chica y vete!- Cruzó la puerta de madera mientras Gastor lo seguía y yo tuve que hacer lo mismo ya que ese lugar, tan oscuro y silencioso, era bastante macabro.

-Me lo tomo con un poco de azúcar, ¡gracias!-

Era un hueso duro de roer, pensé, quitándome los zapatos en la puerta mientras ambos me miraban asombrados durante unos segundos.

-¿Por qué estás aquí?- Preguntó claramente molesto comenzando a prepararnos un café y dándome la oportunidad de mirar alrededor. La casa estaba hecha en su mayor parte de madera, probablemente construida por él mismo; era pequeño, despojado de trastos inútiles pero ordenado y limpio. Había una sola foto de hace unos tres años colgada sobre la chimenea junto con su placa de metal y varias medallas de honor, en las que aparecía él y un niño negro de su unidad. Leí la escritura en la esquina inferior;

Andrew y Jayden.

Yemen.

-Te necesito.-

-No hables de ello. ¡Ya terminé con estas cosas!-

-Bueno, me temo que esta vez no tienes mucha elección.- Insistió Gastor jugando bien sus cartas. Era inteligente y haría cualquier cosa para facilitarle las cosas.

-Siempre hay una elección Gastor Jones.- murmuró el joven, luego me miró mientras no sabía por qué extraña razón no podía soportar la intensidad de sus ojos. Incluso los colores o los detalles de su rostro eran similares a los de Harry.

-La única manera de averiguarlo, es averiguarlo.-

repitió Gastor, abriendo los brazos y siendo divertido. Era la primera vez en casi cinco días que lo veía disfrazado de bromista y, sin embargo, siempre fue terriblemente malo conmigo. El chico le entregó una vieja taza roja de café humeante mientras le agradecía cuando hizo lo mismo conmigo, luego se sentó a su lado. Todos tenemos nuestros demonios Jayden y viviremos con ellos por el resto de nuestros días. Es normal. Demonios, traumas, remordimientos, complejos, vergüenza... Todos son parte de los aspectos negativos de la vida que nos duelen de ver porque nos causan sufrimiento. Pero tenemos que enfrentarlos, ¿no? gastaste cuanto..? ¿Los últimos dos años encerrado aquí en esta choza culpándote y bebiendo cerveza? ¿Lejos del resto del mundo?-

Yo tragué. Wow, que tacto...

-Tú lo haces simple.- Dijo el chico inclinando la cabeza hacia adelante, bastante angustiado mientras yo sentía la necesidad de poner mi mano en su hombro, fuera cual fuera su culpa. No lo hice, por supuesto, pero aun así lamenté verlo en ese estado.

-Todos cometemos errores.- exclamó al notar como el joven apretaba su taza, rememorando en su mente algún horrible suceso que por ahora solo se había convertido en un trauma. -No fue tu culpa que esos niños o Andrew murieran.-

Oh, mierda....

Tragué saliva, había niños involucrados y probablemente se referían a alguna misión militar en la que incluso su amigo, el niño de la foto, había perdido la vida.

- ¿Oh, no? ¡No diría, ya que deberíamos habernos quedado con ellos en lugar de huir como cobardes! ¡Estaban jodidamente asustados! Andrew murió porque fue el único que volvió a salvarlos.- Espetó, poniéndose en pie de un salto como un furor, para luego deambular por la pequeña sala, inquieto y lleno de una ira que se escurría por cada poro de su piel sinónimo con ese asunto l'había anotado mucho. -Los miré a los ojos y les prometí que los llevaría a un lugar seguro y me creyeron. Los dejamos morir solos y luego regresamos al campus para deleitarnos con el asesinato en masa que habíamos cometido. Cuando cierro los ojos, cada vez que los cierro, recuerdo el dolor que encerraban en ellos cuando lo único que debía esconderse detrás de ellos era un mundo de sueños y esperanzas que destrozábamos como si sus vidas valieran menos que nada. -

Una lágrima rodó por mi mejilla, luego otra cayó inmediatamente al escuchar el resto de ese escalofriante episodio.

-Es terrible, pero no es cierto que necesariamente seamos el daño de todo, Jayden.- Me tomé la libertad de llamarlo por su nombre a pesar de que aún no nos habíamos presentado oficialmente. Ambos se giraron para mirarme esta vez. -Sabes, yo creo que a veces, y por desgracia, somos espectadores impotentes de una realidad que no nos deja otra opción, llenando nuestra vida de esa sensación de impotencia tan frustrante por todo lo que no hemos podido resolver. No siempre tenemos la oportunidad de cambiar las cosas, y muchas veces solo tenemos que aceptarlas.-

Lamí mis labios. Probablemente ninguno de ellos me hubiera tomado en serio, pero hice un intento, especialmente después de sentir el arrepentimiento de ese pobre chico. -Estoy seguro de que fuiste de buena fe y que no querías que les pasara ese maldito destino, pero ¿no crees que es hora de liberar tu corazón de esta carga?-

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