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Me giré para mirarlo, confundida. -¿Cómo?-
Me miró fijamente, luego salió después de apagar el motor del vehículo mientras yo me quedaba allí observándolo mientras se dirigía a la casa. Una casa antigua ubicada en un piso, completa con una bandera de EE. UU. en el atrio iluminada solo por una pequeña lámpara al costado. Resoplé esperando algo, especialmente cuando sacó una pistola de sus pantalones y fue entonces cuando recordé que también tenía otra en la bolsa negra entre mis pies. Me desabroché lentamente, manteniendo la mirada fija en los hombros del hombre que se puso en guardia, listo para peinar el perímetro de la casa en busca de algo o alguien mientras tomaba los dos documentos con manos temblorosas. Abrí el primero y descubrí que era de un hombre blanco, de unos treinta años, ya que no podía leer en la oscuridad. Su nombre era Jayden Hale y tal vez él era justo lo que Gastor buscaba. Miré alrededor una vez más antes de abrir el otro. ¿Qué?... Rauqel... ¿Estilos? ¿Por qué me cambió el apellido?
Salté e inmediatamente los metí en la bolsa cuando escuché su voz ronca con acento inglés hablando por teléfono con lo que probablemente eran sus hombres. Les preguntó dónde estaba el chico y orinó, los mandó a follar un par de veces hasta que volvió a subir al auto pero antes de cerrar la puerta inmediatamente miró la bolsa entre mis pies; Era una trampa. Lo había dejado allí a propósito para ponerme a prueba, para ver cómo actuaba y ciertamente no esperaba mi impasibilidad. Se inclinó hacia delante y metió la mano en la bolsa para comprobar que todo estaba allí.
-¿Por qué no hiciste eso?-, preguntó yendo directo al meollo del asunto, tirando el bolso en el asiento trasero mientras me encogía de hombros para aclararme la garganta.
-¿Qué sentido tendría eso?- Miré alrededor con frustración en mis ojos. -Ni siquiera sé cargar un arma, no sé disparar, tengo un problema en el tobillo y energéticamente hablando estoy muy débil para salir corriendo. Además estamos en medio de la nada y en la oscuridad y si tuviera que huir de una manera completamente afortunada, ¡moriría de todos modos!-
-¿Te morirías?- Sonrió divertido. -¡Ya estás muerto, y no te mueres cuando estás muerto Peps!-
Estaba empezando a odiar su sarcasmo mordaz y sus juegos de palabras, pero al menos me llamó Peps... -¡Será mejor que lo hagas, créeme! Vale la pena para usted y para sus seres queridos, porque si comete un desliz o trata de comunicarse con alguien, esa persona se convertirá en un objetivo y, ¿adivinen qué?, morirá. ¡Te lo garantizo! Él morirá por tu culpa y tú no quieres esto, ¿verdad?-
-No… espera, pero ¿qué… por quién?-
-De quien colocó dos toneladas de explosivos en el avión donde viajaba su amigo y que se estrelló contra el suelo. ¡Te quieren muerto, no a mí! Me preocupo muy poco por ti, pero estoy aquí en una misión para otra persona y espero mucho de ti. ¿Entendido?- Agregó haciendo que mi alma se congelara y me confundiera aún más. -Ahora dime, ¿hay alguien especial en tu vida?-
Dejé escapar un suspiro y notó lo rápido que mi pecho subía y bajaba. -¡No!- exclamé convencida, recordando lo que ella dijo unos momentos antes. -No hay nadie. Estoy solo.-
Él asintió, luego sonrió como si realmente supiera más de lo que quería mostrarme y, en consecuencia, me pregunté cuánto tiempo me había estado siguiendo Gastor y, sobre todo, quién era o para quién trabajaba.
-¡Vamos!-
-¿Dónde está?-
Sostuve su mirada como alguien que no tiene nada que perder, y quería mostrárselo. -Hay dos documentos dentro de esa bolsa...- lo indicó con la mirada encendiendo los motores del vehículo -....uno es tuyo y el otro es de Jayden Hale, no finjas que no sabes, yo vi te asomas.-
Yo tragué. -¿Me viste?-
Él sonrió y sacudió la cabeza. -No, pero te estaba provocando y mordiste el anzuelo al confirmar que hurgaste en mis cosas a pesar de que te lo había prohibido categóricamente. Ese es el punto, Styles-....-
Perdí un latido al oír ese apellido, porque cada vez me habría devuelto única y exclusivamente a él.
-No me llames así, por favor.-
-Eres hija de Hawk Styles, a cualquiera le gustaría ser su hijo. ¿Claro? Solo debes estar orgulloso de llevar ese apellido.-
Entonces, ¿Hawk estaba involucrado? A diferencia de tantos años? Mil dudas y un sinfín de preguntas invadieron mi mente hasta que me empezó a doler aún más. Fruncí el ceño, sin entender nada más. Cuanto más aprendí de los hechos, más me volví balístico. En resumen, Gastor me había salvado la vida, me iba a cuidar, había gente que quería hacerme daño y todos pensaban que estaba muerta. ¡Gran! Parecía el argumento de una película de acción.
-¿Lo conocías?- Pregunté curioso aunque en voz baja mientras ella tensaba la mandíbula pero no respondía. Casi me ignoró el resto del camino, también, hasta que llegamos a un valle olvidado de Dios cerca de Annapolis donde, por lo que supe de sus llamadas telefónicas, encontraríamos a este famoso Jayden Hale allí. La casa parecía una choza, pero por otro lado, la vista de la cascada detrás de ella se sumaba al verde del bosque que la rodeaba y le daba un aspecto bonito. Este tipo debe tener serios problemas para vivir ahí solo en medio de la nada y en tales condiciones, pensé.
-¡No te muevas de aquí!- me amenazó señalándome con el dedo. Si ella temía que lo hiciera, pues estaba muy equivocada también porque yo no tenía nada de curiosidad por conocer a ese tipo extraño. Esperé en el auto un buen rato y cuando Gastor entró para examinar la casa, aburrido, decidí encender la radio para escuchar algo de música hasta que la puerta a mi derecha se abrió de repente y el frío cañón de una pistola estaba señaló mi sien.
Solo se escuchaba el aire que inhalaba con dificultad.
-¿Quién eres?- preguntó en voz baja y no era Gastor. Lentamente torcí mi cuello para poder mirarlo a los ojos, encontrando el agujero de metal de donde salían las balas en el medio de mi frente, esta vez. Era él, el chico de los pasaportes. Me escudriñó de pies a cabeza, deteniéndose un poco más en mi rostro, probablemente para recordar si ya me había visto o no. -¿Qué pasa, el gato te ha comido la lengua?.... ¡Vamos, bájate!- Me invitó a hacerlo con un movimiento de cabeza.
En realidad ni siquiera tuve tiempo de hacerlo cuando me agarró ferozmente por el brazo arrastrándome y estampándome contra la carrocería del habitáculo, aunque se arrepintió un poco. Gemí de dolor cuando levanté las manos en el aire mientras me tocaba las caderas y entre los muslos para comprobar si estaba armado o no. Su cabello era corto, ondulado y llevado hacia un lado en un mechón que descansaba sobre su rostro tan perfectamente proporcionado y perfecto que casi me fascinó. Sin embargo, me recordaba tanto... a él.
-No estoy armado...- presioné, sintiéndome avergonzado y sintiendo su gran mano deslizarse por mi cuerpo -...no sé ni cargar un arma.-
