Un nuevo comienzo.
Salgo del hospital tomada del brazo de mi prometido. Él no ha hecho más que tratarme con mucho cariño y hablar de los planes que teníamos antes de que ocurriera el accidente.
Toda esta situación me parece irreal. Siento un vacío tan grande que no sé cómo explicar todo este extraño sentimiento. A mi mente llegan imágenes en las que me encuentro en un club y, sentado frente a mí, se encuentra él, mi prometido y futuro esposo.
Salgo de mi ensimismamiento cuando él me rodea de la cintura y me estrecha contra su cuerpo, acortando la distancia que nos separaba.
—Amor, puedes estar tranquila, todo va a estar bien —coloca un mechón de mi cabello detrás de mi oreja—. Haré todo lo posible para que te sientas bien y no dudes en pedirme todo lo que desees.
—Todo es extraño —respondo cabizbaja—. Es como si esta no fuera mi vida real.
—Princesa, sé que estás muy aturdida, pero todo va a estar bien, ¿sí? —besa mis labios con delicadeza—. Vamos a casa. Necesitas descansar para que puedas recuperarte. ¿Confías en mí?
—Sí, debería hacerlo. Por algo eres mi prometido, ¿no? —respondo a su pregunta, sintiendo que no es lo correcto.
—Claro que sí, mi hermosa reina —acorta la distancia y une nuestros labios en un tierno y extraño beso—. Es hora de regresar a casa.
Acto seguido, subimos a una camioneta blindada y, sin más tiempo que perder, el chofer pisa el acelerador rumbo a nuestro destino.
Por todo el camino, Pietro me lleva abrazada. Me siento tan cansada que, al cerrar los ojos, caigo en un sueño profundo.
PIETRO
Tal vez muchos pensarán que soy un gran hijo de puta por todo lo que hice para tenerla a mi lado. Ella y yo tenemos una gran historia, una que nunca voy a olvidar.
Vivimos los mejores momentos, en los que fuimos tan felices. Aún recuerdo la primera vez que la vi atravesar el umbral de la puerta de mi club.
FLASHBACK
—¿Lucca, estás seguro de lo que me estás proponiendo? —pregunto con duda—. Sabes que apenas tenemos cuatro meses de haber puesto en funcionamiento el club.
—Claro que sí, hermano. Ya verás que todo va a salir bien —responde con una sonrisa de oreja a oreja—. Y con las nuevas chicas que van a hacer los bailes vamos a atraer muchos más clientes. Vamos, deja de ser negativo y brindemos por un mejor futuro.
Río, negando con la cabeza. En realidad, mi amigo Lucca es un gran estratega. Además de ser mi amigo, es mi contador y mano derecha. Desde que tengo uso de razón, hemos estado uno al lado del otro, trabajando hombro a hombro.
Estamos disfrutando de la botella de whisky cuando, de la nada, aparece en el umbral de la entrada la mujer más hermosa que mis ojos han visto en tantos años.
Es una hermosa mujer de cabello rubio, cuerpo escultural y unos ojos que incitan a perderte en ellos. Podría decir que es una bruja porque me ha dejado totalmente hipnotizado.
Siento cómo todas las terminaciones de mi cuerpo se descontrolan de una manera inexplicable. No había sentido esto desde el día que conocí a Agnetha. Ella es otra historia que luego podré contar.
—¡Demonios! ¿Estamos en el infierno o los ángeles se están cayendo del cielo? —dice Lucca en un tono de voz lujurioso que me hace querer darle un golpe.
—Creo que estamos en el infierno, amigo —palmeo su hombro mientras camino en dirección a la hermosa rubia, pero antes de seguir, lo miro por encima del hombro para darle una advertencia—. Ni se te ocurra acercarte. Ella es MÍA.
Sigo mi camino y voy al encuentro de la mujer que, de ahora en adelante, va a cambiar mi vida por completo.
FIN DEL FLASHBACK
No sé qué va a pasar con nosotros de ahora en adelante, pero de lo que sí puedo estar seguro es de que voy a poner el mundo a sus pies y la haré tan feliz como lo fuimos en el pasado.
Sé que tiene una hermosa bebé. Ella será una carta que voy a utilizar a mi favor más adelante.
Salgo de mis pensamientos cuando la voz de Tom me regresa a la realidad.
—Llegamos, señor.
—Ya sabes qué hacer.
Tom baja del auto, abre la puerta trasera y luego se dirige al maletero para sacar el equipaje de mi reina.
Aún duerme y no quiero despertarla. La tomo en brazos y salgo con ella, entrando a nuestro hogar, el cual tendremos que abandonar en cuestión de días. No puedo seguir aquí con ella en Seattle y exponerme a que la arrebaten de mi lado nuevamente.
La coloco sobre la cama con mucha delicadeza para que no vaya a despertarse. La arropo con una cobija. En esta época del año hace mucho frío y lo que menos quiero es que vaya a enfermarse.
Me acuesto a su lado, apreciando lo hermosa que es. Es algo que nunca me cansaría de hacer en la vida. Por inercia, la atraigo hacia mí para tener su cuerpo junto al mío y poder sentir el calor que emana. Su delicioso olor inunda mis fosas nasales, despertando el deseo de querer hacerla mía nuevamente, una y otra vez.
Uno mis labios con los suyos en un tierno beso. Mi mano hace un recorrido por su rostro y, de repente, abre los ojos como platos. No me gusta lo que puedo leer a través de ellos: miedo.
No quiero que sienta eso por mí y, por ello, dejo un beso en su frente para tranquilizarla.
—¿Qué haces? —pregunta con nerviosismo, tratando de alejarse de mi lado.
—Estoy cuidando de mi prometida. ¿Acaso no puedo? —enarco una ceja, tratando de controlar el deseo ardiente que crece dentro de mí—. Sería incapaz de hacerte algo malo, mi reina.
—No es eso, es solo que… —hace silencio, tratando de pensar lo que va a decir—. Olvídalo, no es nada.
—Dime, amor. Lo que sea, sabes que estaré para ti —acaricio su mejilla—. ¿Sabes lo mucho que te amo?
—No quiero herirte, pero debes saber que en este momento eres un completo extraño para mí —nuestras miradas se encuentran y, de la nada, me abraza y empieza a sollozar.
«Esta mierda no va a ser fácil y, para eso, tengo que adelantar mis planes».
Nos quedamos abrazados por un rato hasta que se tranquiliza. Me levanto y le digo que tome una ducha y que la espero abajo para comer. Ella asiente con un movimiento de cabeza, sin refutar mi petición.
Salgo de la habitación, directo a mi oficina. Necesito adelantar el plan para evitar que las cosas vayan a la mierda.
Tomando asiento en mi escritorio, saco el celular del bolsillo de mi saco y marco el número de la persona que necesito en este momento. Tres timbres después, escucho la voz al otro lado de la línea.
—¿Tan pronto me llamas?
—Cambio de planes. Prepara todo para esta noche. No hay tiempo que perder.
Finalizo la llamada y procedo a revisar unos correos que tengo pendientes. Sí, tengo algunos negocios ilícitos, pero también tengo muchos que son legales. Ese es el motivo por el cual pude dar con su paradero más rápido de lo que llegué a imaginar.
Lo único que quiero para nosotros es una nueva vida, un nuevo comienzo, y no me importa que empiece con mentiras.
Cierro mi laptop y salgo de mi despacho, caminando por el gran pasillo hasta llegar a la entrada de la escalera. En ese preciso momento, mi reina hace acto de presencia, iluminando todo mi ser.
La espero ansioso al pie de la escalera. Le tiendo la mano para que la tome y, cuando la tengo cerca, la aprieto contra mi pecho. Levanto su barbilla y uno nuestros labios en un beso.
Al principio, se queda estática, pero luego corresponde a ese delicioso beso, haciéndolo más profundo, hasta que salimos de nuestra burbuja cuando la puerta principal se abre de par en par, dando paso a quien menos esperaba ver.
—Pietro, ¿qué demonios crees que estás haciendo?
