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Mi mujer es una experta

Pietro

Luego de darle instrucciones a los empleados, llego junto a Lucca al despacho para atender los pendientes que tenemos. Por fortuna, no son muchos, ya que durante el vuelo Cinthya me ayudó con la mayoría de los contratos.

«Mi mujer es una experta haciendo planes de negocios».

—¿En serio no recuerda absolutamente nada? —pregunta con asombro mientras enarca una ceja—. En realidad, nunca imaginé que ese golpe que se dio por tu culpa pudiera afectarla tanto.

—Sabes que no fue mi culpa; la situación se me salió de las manos. —Enciendo un cigarro—. Afortunadamente, pudo recuperarse físicamente mientras recupera la memoria, y eso es algo que no quiero que suceda en este momento, pero eso no es lo que me preocupa.

—¿Y qué es eso tan preocupante?

—Necesito que me ayudes a constituir una nueva empresa en donde ella sea la dueña. Sé que no será nada difícil; sabes que el dinero lo compra todo. —Le doy una calada a mi cigarro—. Necesito que todo se haga en tiempo récord. No la puedo mantener encerrada tanto tiempo porque podría empezar a sospechar.

—Te metes en cada mierda y, lo peor, es que yo tengo que ayudarte. ¿Quieres algo legal o ilegal? —Niego con un movimiento de cabeza.

—Entonces, ¿para qué eres mi amigo y mano derecha? Es para que me ayudes a salir de las mierdas en las que me meto. —Le doy un golpe con el puño cerrado al escritorio—. La empresa debe ser totalmente legal. ¿No crees que la pregunta está de más?

—Lo siento, se me había olvidado que estaba hablando con el dueño del mundo y rey de lo imposible. —Levanta las manos a modo de rendición—. Sabes que eso para mí es tan fácil como quitarle un caramelo a un niño. Ahora la cuestión es de qué va a tratar la compañía y de la cantidad de empleados que hay que adiestrar para que todo parezca normal y ella no sospeche de absolutamente nada.

—Por eso no te preocupes. Dame unos días y te diré de qué será la compañía. Mi mujer es única e inigualable. ¿Te mencioné que es una experta en negocios y en planear estrategias? Además, domina cuatro idiomas. Nunca llegué a imaginar que había aprendido los otros dos idiomas. Haber desaparecido de su vida durante tanto tiempo me hizo perderme muchas cosas, pero todo eso va a cambiar.

—Desde el primer momento en que la vi entrar por las puertas del club, supe que era una mujer maravillosa. Lo malo fue que te me adelantaste; si no, la historia sería totalmente diferente. —Dice Lucca con resignación—. Hablando como los locos, ¿qué tal fue el vuelo con Clarisa a bordo?

—Ni me lo preguntes. La muy ofrecida se me insinuó como no tienes idea. A pesar de que no le presté atención, siguió, pero lo mejor de todo es que mi reina se puso celosa y ni te imaginas lo que hizo. —Sonrío al recordar los hechos—. Vamos a trabajar, ya que tenemos muchas cosas por hacer y no tengo tiempo para explicarte lo que no te interesa.

Pasamos el resto de la tarde y la noche revisando los contratos que tenemos que renovar y los de las futuras cadenas hoteleras que se van a construir. En todo el tiempo que llevamos trabajando, no hemos comido un solo bocado; lo único que hemos consumido es licor para amortiguar el cansancio.

En todo este tiempo no he dejado de pensar en qué podrá estar haciendo mi mujer. Se siente tan bien decir que es mía. Cuando nos damos cuenta, son las 10:00 de la noche. Siento que todo el cuerpo me duele y hasta podría decir que me duelen los pensamientos.

Me levanto para acompañar a Lucca hasta la salida de la casa y quedamos en vernos mañana con unos socios para poder estipular las cláusulas del contrato.

—Bueno, hermano, te deseo una feliz noche llena de mucha pasión. —Dice Lucca entre risas—. Usa protección, recuerda que no quiere hijos aún.

—Deja de meterte en mi vida privada y trata de mantener contentas a tus mujeres. —Palmeo su hombro—. Y, en cuanto a la protección, tenlo en cuenta, no sea que el día de mañana aparezcas con un crío.

Lucca sube a su auto, maldiciendo por lo que acabo de decirle. Entro a la casa cuando lo pierdo del campo de visión.

Subo hasta la tercera planta. Esta es la única que se encuentra en esta área, debido a que la única habitación es la nuestra. Cuando entro, las luces están apagadas y logro visualizar la figura de mi reina recostada en la gran cama.

Cierro la puerta con delicadeza para no despertarla, me acerco a ella y es lo más hermoso que pueden ver mis ojos. Ella es toda una diosa en toda la extensión de la palabra. Le doy un pequeño beso en los labios y voy hasta el cuarto de baño para darme una ducha.

Abro la llave del agua caliente y siento cómo mi cuerpo se va relajando de tanta tensión. Deseo que ella se encuentre a mi lado para hacerme compañía y consentirnos bajo la regadera. Sé que las cosas no serán para nada fáciles. Es solo cuestión de pensar con cabeza fría y hacer buenas estrategias para que todo salga como lo tenemos planeado.

No sé si habrá sido buena o mala idea haber accedido al capricho de Cinthya. Espero que traer a la enfermera con su hijo no haya sido una mala idea, pero es que, en realidad, no tenía otra opción.

Salgo de la ducha y me coloco un pantalón de pijama. En realidad, no estoy acostumbrado a dormir con ropa. Esto solo lo hago para que Cinthya no se sienta incómoda. Después de que la haga mía y por fin pueda tenerla nuevamente entre mis brazos, la ropa nos va a estorbar.

Me acuesto a su lado y me acerco a ella para poder abrazarla y sentir el calor que emana de su cuerpo. Cierro los ojos, imaginando lo felices que llegaremos a ser en un futuro.

Salgo de mis pensamientos cuando escucho su voz. Me pregunta algo que, al principio, no logro escuchar con claridad.

—¿Pietro, me estás escuchando? —Aprieta mi mano.

—Disculpa, amor, no te presté atención. Me estaba quedando dormido. —Miento—. Soy todo oídos para escuchar lo que quieras decir.

—Te estaba preguntando si ya comiste. Desde que entraste al despacho no te vi más.

—No tengo hambre. Con lo que comí en el jet tengo suficiente. —Acaricio su cabello.

—Pues a mí no me parece. —Dice enojada—. Vamos a la cocina y te preparo algo ligero para que comas. No puedes acostarte sin comer.

—Te repito que no es necesario. Mejor ven y nos quedamos aquí, acurrucados. —Atraigo su cuerpo, acortando la poca distancia que nos separa—. No te imaginas lo mucho que he extrañado tenerte entre mis brazos.

—Y yo insisto en que vayamos a la cocina. —Se suelta de mi agarre y sale molesta de la cama rumbo a la puerta—. ¿Vienes o te subo la comida?

«Joder, amo cuando me desafía».

Llegamos hasta la cocina. Las luces están apagadas; a esta hora, todo el personal se encuentra en sus respectivas habitaciones descansando.

Si creen que soy un tirano, están totalmente equivocados. También respeto los horarios de mis empleados y, aunque no lo crean, también tengo sentimientos. Solo soy un hijo de puta cuando no hacen las cosas como se las ordeno o cuando no obtengo los resultados deseados.

Tomo asiento en el mesón mientras la veo buscar en la nevera. Sin querer, se coloca en una posición que me da la perfecta vista de su redondo y firme trasero. La simple acción hace que se me ponga dura.

Juro que, si sigue así, no me voy a poder controlar y la voy a poseer sobre el mesón de la cocina.

—Amor, ¿me estás provocando? —Masajeo mi sien, tratando de controlar mis impulsos—. No creo que eso sea buena idea.

—Deja de decir tonterías. ¿Lo único que piensas es en sexo? —Pone los ojos en blanco, y su actuar me hace sentir satisfecho. Aunque ella no lo crea, provoca en mí eso y mucho más.

—¿Qué te puedo decir? Tú eres la causante de todos mis deseos hacia ti. —Tomo una manzana del cuenco y le doy una mordida, restando importancia a su comentario.

Al cabo de media hora, ya había cenado. Según lo que iba a preparar, era algo sencillo, pero terminó siendo un gran bufé. Preparó un puré de papas, ensalada César y pechuga a la plancha. Para acompañar, destapé una botella de vino. Me negué rotundamente a preparar ese jugo que ella tanto me pidió.

Subo a la habitación con ella en brazos. Al principio, se negó, alegando que ella podía caminar por sí sola y que no tenía necesidad de hacer esto todo el tiempo. Lo que ella no sabe es que nunca en la puta vida me cansaría de hacer esto y otras cosas más a diario.

Una vez estando entre las cuatro paredes que, de ahora en adelante, serán nuestro gran refugio, nos acostamos en la cama y comenzamos a conversar sobre los planes que ella tiene para el futuro; uno que no se encuentra muy lejos de la realidad, porque entre los dos lo vamos a construir.

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