La Tragedia - 2
Los papás de Marlene me rodean y nos alejamos un poco de la habitación de Leo y nos fundimos en un abrazo necesario los tres.
"A que hora partirá el cortejo fúnebre hacía el panteón?"
Pregunté con mucho pesar.
Los papás de Marlene me toman de las manos e intercambian miradas significativas antes de decirme.
"Cremaremos a ambas mañana."
"Ya no tenemos las fuerzas necesarias a nuestra edad en este momento."
"Y queremos regresar a Guadalajara cuanto antes y acabar con este sufrimiento."
"Esperamos que nos acompañes por un momento aunque sea."
"Mañana nos despediremos de Leo, este despierto o no."
"Te agradecemos infinitamente lo que hiciste por ella, por nuestra nieta y por nosotros."
La garganta se me se seca, me duele la cabeza con las palabras del papá de Marlene.
Ellos me están agradeciendo por todo lo que hice, pero me están haciendo sentir la mujer mas desgraciada del planeta entero.
Si tan solo no hubiera presentado a Leo con Marlene, nada de esto habría pasado.
Si tan solo no hubiera hecho ese viaje, si tan solo hubiera forzado a Leo a irse en avión privado como era mi intención, ninguno de nosotros estaríamos en esta situación.
"Claro que iré."
"Por favor avisenme a que hora seyra para que pueda ausentarme de su lado y acompañarlos."
"Todos los gastos correrán por mi cuenta."
Ericka da unos leves golpecitos en el cristal de la puerta de la habitación de Leo, indicándome que tengo que regresar.
"Quieren verlo ahora?"
Hablé mientras caminaba para regresar al lado de mi hermoso niño de treinta años que está postrado en esa cama blanca, incomoda y fría.
Ambos suspiran y me acompañan por un momento, pero no entran a la habitación.
Creo que culpan a mi niño por el accidente.
Pero realmente nadie fue el verdadero culpable.
La neblina inesperada causó la carambola de coches que nadie pudo preveer.
O al menos trataba de convencerme que nadie pudo haber previsto que esa neblina espesa iba a mandar a la mierda dos vidas inocentes esa noche.
Destrozando dos familias enteras.
Sentándome al lado de mi niño, lo observo, sin poder creer cuan drasticamente cambiaron las cosas en tan solo unas horas.
Hace solo unas horas les dí un beso de despedida a Él, a Marlene y a la nena...
Como si fuera una película de horror que comenzaba con un acontecimiento feliz, así había comenzado mi dolorosa travesía.
Ese día desperté como siempre agradecida de poder vivir un día más de hasta entonces intensa y dulce vida.
Me levanté de mi mullida cama para observar por mi enorme ventanal hacia el patio de mi casa.
Me encanta ver el verde del césped, los árboles que crecen lentamente y las flores que ayer sembraron los jardineros.
Mis perritos dentro de su gran casa me observan.
Poniendo la mano en la enorme ventana me dedico a estirarme.
"Buenos días."
Dice Kristoff detrás de mi con su áspera, ronca y sexy voz..
Este hombre es un sueño en verdad.
Alto, atlético, de piel blanca, ojos verdes con vetas cafés, cabello café muy claro con suaves ondas.
Kristoff es un buen amante que sabe muy bien como complacer a una mujer como yo, en la cama.
Además su edad me encanta.
Deliciosos y bien llevados cuarenta y cinco años.
Kristoff me hace sentir como una reina cuando estoy a su merced.
"Buenos días Kris...pensé que te habías marchado ya."
Le dije a mi alemán mexicano mientras acaricio sus poderosos brazos que me envuelven por la cintura.
Girando mi cabeza logro alcanzar su cabeza y buscar sus labios para darle un sensual beso.
Ayer, este dios alemán me dió una sesión de sexo tan delicioso, sudoroso y salvaje que dormí tan bien y desperté de mejor humor.
Nadie diría que tiene cuarenta y cinco años.
Quien conoce a Kristoff piensa que apenas está entrando en los cuarenta.
Su físico trabajado, varonil, junto con sus delineados y hermosos rasgos me tienen toda enamorada.
Soy devota a sus grandes y cálidas manos.
Adoro su carnosa y suculenta boca...
Y muero por su gordo, venoso y enorme miembro que me hace gritar de placer...
Dios mío!
Sabe tan bien este dios teutón como darme tantos convulsionantes orgasmos.
Por eso siempre repetimos la misma terapia.
Él me controla como le gusta.
Y yo dejo que me haga todo lo que quiere.
Aunque a veces, soy la que dirige.
"A qué hora se casa tu niño?"
Me pregunta dándome un beso en el cuello que hace que me comience a calentar.
"Mmmmhhhh..."
Gimo contoneandome levemente contra Él.
"Dentro de dos horas."
"Porque?"
Kristoff me alza la enorme playera que me puse para dormir y sin miramientos me penetra.
"Ahhhhh..."
Gemimos ambos cuando se entierra tan profundo como ahora dentro de mi.
Pego mi mejilla en el frío cristal mientras Kristoff coloca una mano en la ventana para apoyarse.
Su otra me agarra fuertemente por las caderas.
"No me canso de cogerte pequeña."
Me dice al oído y me encanta que me diga pequeña.
Él con su 1.80cms.
Yo con mi 1.60cms.
Soy una mini mujer en su presencia.
Me hace sentir delicada, frágil, femenina.
"Más...más...más rápido...más..."
Mi boca deja de emitir palabras y se concentra en gemir.
Kristoff hace lo mismo.
Sus manos me agarran con fuerza por los senos para atraerme hacia Él.
Un grito conjunto nos hace llegar al orgasmo.
Con la mano enredada en mi cabello tira de mi hacia atrás con violencia y sonrió por su acción.
"Ahora sí puedo irme, te veré por la noche."
Me dice antes de darme un beso brusco, después una nalgada en mi trasero después de que salió dei interior.
Me deja recargada en la ventana mientras intento sostenerme con mis piernas pues siento que me tiemblan como si fuera un ciervo recién nacido.
"Bruto."
Le digo sobándome mi pobre trasero adolorido.
Él se ríe y camina hacia la regadera.
"Hummmm..."
Corro a tomarme una ducha de más de treinta minutos con Él, dónde me puse de rodillas para devorar su membro con mi boca.
Cuando acabamos otra sesión de sexo mojado, me visto a toda prisa y que observo a Martín se lleva a mis perritos a pasear.
Lo saludo desde mi ventana.
Cuando sale por la puerta principal, me alejo para terminar de ponerme los zapatos y esperar a que llegue Ericka.
