Capítulo 5: Me sentía en extremo carnal
Capítulo 5: Me sentía en extremo carnal
Capítulo 5
..Jacob
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Me dirigí directamente al bosque sin mirar atrás, aunque había sentido la mirada de Bianca posada en mí desde el momento en que salí al porche. Traté de no pensar en ella observándome cambiar a una de las mismas criaturas que casi la habían matado.
Pero lo que más me costaba ignorar era su reacción antes de que yo cambiara; incluso desde fuera, capté la inconfundible esencia del deseo femenino.
Los lobos no somos conocidos por la moderación ante el olor de la lujuria, pero yo era más fuerte que la mayoría.
Tal vez mis genes humanos me permitían ejercer un poco más de control, pero mi voluntad era muy débil cuando se trataba de Bianca.
Me sentía en extremo carnal, más de lo que recordaba en mucho tiempo.
Incluso le había hablado de la pérdida de mi madre. Eso era algo que mantenía bajo llave; los lobos no solemos hacernos vulnerables ante extraños.
Ni siquiera con mis Alfas, Damon y Liam, había sido tan abierto, aunque ellos entenderían la pérdida mejor que cualquier humano. Había pasado mi vida negando mi conexión con la raza humana por culpa de mi padre, y ahora, esta mujer lo cambiaba todo.
Me obligué a centrarme. Tenía que eliminar la amenaza para ella. Subí los escalones de una cabaña escondida en lo más oscuro del bosque, aún más apartada que la mía. Dejé caer mis llaves, cambié de forma y llamé a la puerta.
—¿Quién es?
—Sé que puedes olerme —rodé los ojos ante el gruñido— Soy Jacob. Abre, Michel. Necesito tu ayuda.
Michel abrió. Estaba desnudo del torso para arriba, mostrando las cicatrices que nunca dejaban de doler a la vista.
—¿La mataron? —preguntó con furia después de que le eche el cuento de la situación.
—No, está en mi cabaña. Está magullada y asustada, pero vivirá. Los lobos que la atacaron están muertos, pero su Alfa escapó. Voy a remediar eso— le dije tocando mi pecho como todo un macho.
Michel agarró un rifle semiautomático. Él no podía cambiar de forma desde aquel accidente de hace ocho años, lo que lo convertía en un lobo solitario y feroz.
Con la excepción de Damon, que era su primo, la mayoría de los Kingwolf le evitaban por miedo. Era exactamente el hombre que quería para esta misión.
***
.
. Bianca
Encendí las luces mientras afuera oscurecía y alimenté el fuego con más troncos. El viento golpeaba la cabaña como una tormenta acercándose. Debería estar agotada, pero sentía una explosión de energía nerviosa que me hacía saltar en mi propia piel.
Rebusqué por toda la casa. No había teléfono, tal como Jacob dijo. Encontré un gimnasio arriba donde él levantaba más de ciento cuarenta kilos, y su dormitorio principal, con una cama King-size.
Miré por la ventana hacia la negrura absoluta. ¿Estará Jacob bien? ¿Se habrá topado con más de esos malvados hombres-lobo? Lo necesitaba aquí. Me sentía segura con él y ese vacío en mi pecho solo se llenaba cuando estaba cerca. Pero ya habían pasado cinco horas.
De pronto, un aullido rompió la noche. Estaba muy cerca. Corrí hacia la chimenea y agarré el atizador de hierro. Escuché algo en el porche; la madera crujió y no era el viento.
Vi el pomo de la puerta girar, pero estaba bloqueado. Esperé a que Jacob hablara, pero en su lugar, algo raspó la madera.
La puerta empezó a abrirse lentamente.
Mi respiración se detuvo al ver a un hombre entrando desnudo en la cabaña. Obviamente No era Jacob. Tenía unos veinti tantos años, ojos oscuros y cabello corto. Me miró sorprendido y olfateó el aire con curiosidad.
—¿Quién eres tú? —Nervios no me fallen ahora, mi voz tembló, genial.
—Esa es mi pregunta. ¿Quién diablos eres tú? —respondió el intruso.
Retrocedí, agarrando el atizador como un bate de béisbol, de que se llevaba un buen golpe de mi parte, se lo llevaba.
—Jacob no está aquí.
El intruso sonrió con malicia, y me provocó achicharrarle la sonrisa.
—Buenas noticias para mí.
Su mirada recorrió cada centímetro de mi cuerpo antes de dejar escapar un silbido bajo que me revolvió el estómago.
—Bonitas piernas. ¿Estás usando algo debajo de eso? —El hombre cerró la puerta tras de sí, acortando la distancia ¿acaso no veía que hay una mujer sola en la casa? definitivamente tiene problemas— Te ves muy sabrosa y hueles muy dulce. Santo cielos hueles dulce.
—Vete. Ahora y te puedes ir a la misma mierda.—ordené, apretando el atizador con tanta fuerza que me dolían los nudillos. Mis manos sudaban, pero no pensaba soltarlo—Jacob no está aquí.
El hombre se rió entre dientes, con una naturalidad que me crispaba los nervios. Caminar desnudo en una casa ajena parecía ser su estado normal.
—Te escuché la primera vez. ¿De dónde eres, dulzura? Eres una pequeña cosa con curvas, muy diferente a lo que he visto en los Kingwolf, pero me gustas. ¿Dónde te recogió Jacob?
Dio un paso más hacia mí, invadiendo mi espacio.
—No huelo a Jacob en ti, así que para mí, no hay restricciones. Si él te tiene en su casa y no te ha reclamado, no te merece.
Mantuve la mirada fija en sus ojos, negándome a bajar la vista y reconocer su desnudez, iug.
—¿Eres estúpido o que? ¡Dije que te fueras, imbécil!
Fue entonces cuando lo noté: el tipo estaba excitado ¿cómo no iba a notar semejante tronco en medio de sus piernas?.
En ese momento, algo en mi interior se rompió. Estaba oficialmente harta de ser acosada por lobos desnudos. Sin pensarlo, me balanceé con una fuerza que no sabía que poseía y le clavé el atizador directamente en el abdomen.
Él soltó un gruñido horrible y se dobló, agarrándose la zona. No le di tiempo a recuperarse; le asesté un segundo golpe, esta vez en la cabeza, y cayó al suelo.
tenía ganas de darle otro Pero me asuste. Corrí hacia la puerta principal y me lancé a la tormenta. Prefería el frío y la lluvia antes que quedarme encerrada con un animal herido y de paso con un hombre desnudo
