Capítulo 3 : Los De Luca
El apellido De Luca estaba presente en todas partes.
En las revistas de negocios, en las noticias sobre grandes proyectos de la ciudad. En los eventos benéficos donde las familias más importantes de Bellmont aparecían fotografiadas.
Pero, al mismo tiempo, era un apellido rodeado de distancia. Los De Luca eran conocidos, pero no eran accesibles.
Eran una de esas familias que parecían existir en un mundo completamente separado del resto de la ciudad.
—¿Qué sabe sobre ellos? —pregunté finalmente.
La señora Moreau me observó con atención antes de responder.
—Lo suficiente para entender por qué esta oportunidad es diferente a cualquier otra que hayas tenido.
Su respuesta no hizo más que aumentar mi curiosidad.
Se acomodó en su silla y abrió la carpeta que tenía frente a ella.
—La familia De Luca lleva generaciones teniendo influencia en Bellmont. Actualmente poseen varios negocios importantes en la ciudad: hoteles de lujo, empresas de construcción, compañías de seguridad privada y una amplia cartera inmobiliaria.
Escuché con atención.
No era extraño que las familias adineradas tuvieran múltiples negocios, pero había algo en la forma en que hablaba de ellos que me hacía sentir que había mucho más detrás.
—Son una familia extremadamente reservada.
Bajé la mirada hacia los documentos.
—¿Tanto?
—Muchísimo más de lo que imaginas.
La señora Moreau juntó las manos sobre el escritorio.
—No les gusta la exposición innecesaria. No conceden entrevistas. No hablan de su vida privada. Y seleccionan cuidadosamente a las personas que forman parte de su entorno.
Aquello tenía sentido.
Si una familia con ese nivel de poder buscaba una niñera mediante una agencia, probablemente no lo hacía por falta de opciones.
Lo hacía porque necesitaba confiar en alguien.
—¿Y qué necesitan exactamente de mí?
La directora tomó aire antes de responder.
—Una niñera para Noah De Luca.
El nombre quedó suspendido unos segundos en el aire.
Noah.
Un niño.
La razón por la que una familia como esa estaba buscando ayuda.
—¿Cuántos años tiene?
—Ocho.
No pude evitar sentir una pequeña conexión al instante.
Al final, no importaba cuánto dinero tuviera una familia o qué apellido llevara.
Seguía siendo un niño.
Un niño que necesitaba atención, paciencia y alguien que estuviera dispuesto a verlo más allá de su apellido.
—¿Qué ocurrió con su anterior niñera?
La pregunta salió de mis labios antes de poder detenerla.
La señora Moreau guardó silencio durante un momento.
No parecía sorprendida por mi pregunta, pero sí cuidadosa con la respuesta.
—La familia decidió finalizar la relación laboral.
—¿Por qué?
—No me corresponde hablar de los motivos.
Asentí.
Era una respuesta profesional.
Pero también era una respuesta que dejaba muchas dudas.
La directora continuó.
—Lo que sí puedo decirte es que los De Luca no toman decisiones a la ligera. Si alguien deja de formar parte de su equipo, normalmente existe una razón importante.
Mis dedos se entrelazaron sobre mi regazo.
Aquello empezaba a sentirse menos como una entrevista de trabajo y más como una prueba.
—¿Qué esperan de la persona que contraten?
Victoria Moreau tomó otro documento.
—Discreción absoluta.
Pasó la página.
—Responsabilidad.
Otra página.
—Paciencia.
Levantó la mirada.
—Y alguien que no se deje impresionar fácilmente por el dinero o el poder.
Aquella última frase llamó mi atención.
—¿Por qué?
—Porque los De Luca necesitan saber que quien cuide de Noah lo hará por él, no por su apellido.
Me quedé pensando en esas palabras.
Tenían sentido.
Había trabajado con familias con diferentes niveles económicos y siempre había intentado tratar a los niños de la misma manera.
Un niño seguía siendo un niño.
Sin importar dónde viviera o cuánto dinero tuviera su familia.
—La familia revisó varios perfiles antes de aceptar una entrevista. El tuyo destacó por una razón específica.
Sentí curiosidad.
—¿Cuál?
La directora sonrió ligeramente.
—Tus referencias hablan de tus habilidades, Sophie. Pero también hablan de tu forma de relacionarte con los niños.
Bajé la mirada.
—Solo hago mi trabajo.
—No. —Su respuesta fue firme —.Haces mucho más que eso.
Sus palabras me sorprendieron.
No porque fueran nuevas.
Sino porque pocas personas entendían realmente lo que significaba cuidar de un niño.
Muchos pensaban que una niñera simplemente vigilaba que no ocurrieran accidentes.
Pero no era así.
También éramos quienes escuchábamos sus preocupaciones, quienes celebrábamos sus pequeños logros y quienes estábamos presentes en momentos que los padres, por diferentes circunstancias, no podían compartir.
La señora Moreau cerró la carpeta.
—Ahora debo advertirte algo.
Su tono cambió.
Más serio.
—Trabajar para los De Luca no será sencillo.
La miré en silencio.
—¿Por qué?
—Porque no son una familia común.
Esperé a que continuara.
—Tienen reglas estrictas. Horarios exigentes. Una seguridad que puede resultar incómoda al principio. Y una forma de hacer las cosas muy diferente a las familias con las que has trabajado antes.
Aquello no me sorprendía.
Una familia así seguramente tenía muchas condiciones.
—Precisamente por eso creo que podrías encajar.
Por primera vez desde que entré a ese despacho, sentí que quizá aquella oportunidad realmente podía ser para mí.
La directora abrió un cajón y sacó un sobre.
Lo colocó frente a mí.
—Esta es la información de la entrevista.
Lo tomé con cuidado.
—¿Entrevista?
—Sí. Si decides continuar con el proceso, mañana tendrás una reunión con la familia.
Mi corazón comenzó a latir un poco más rápido.
No sabía por qué.
Tal vez porque, por primera vez, sentía que estaba acercándome a un mundo completamente desconocido.
—¿Dónde será?
La señora Moreau me dio una dirección.
La leí una vez.
Después otra.
No reconocía el lugar.
—La residencia principal de los De Luca.
Asentí lentamente.
Guardé el sobre dentro de mi bolso.
Antes de levantarme, la directora añadió:
—Sophie.
Me detuve junto a la puerta.
—Sí.
—Piensa bien tu decisión. Esta es una oportunidad que muchas quisieran tener.
Asentí. Salí del despacho con mi bolso entre mis manos y una mezcla extraña de emociones.
Caminé hacia la parada del autobús. Durante el trayecto de regreso no pude evitar pensar en todo lo que había escuchado.
Familia De Luca.
Noah De Luca.
Una mansión.
Reglas estrictas.
Privacidad.
Seguridad.
Parecía muy diferente a todo lo que había conocido hasta ese momento.
Las familias con las que había trabajado antes tenían sus propias dificultades, por supuesto.
Algunos padres eran demasiado exigentes,otros tenían poco tiempo para sus hijos y esperaban que una niñera solucionara problemas que venían de mucho antes.
Pero esto era distinto. Esto no era solo una familia con dinero,era una familia con poder.
Y el poder siempre cambiaba la forma en que las personas se relacionaban con los demás.
Cuando llegué al edificio, encontré al señor Ricci acomodando unos paquetes junto a la entrada.
—Ya regresó, señorita Collins.
—Sí.
Me miró con curiosidad.
—¿Cómo le fue?
Sonreí ligeramente.
—Más interesante de lo que esperaba.
El hombre levantó una ceja.
—Eso suena como una respuesta que deja muchas preguntas.
Solté una pequeña risa.
—Probablemente porque todavía tengo muchas preguntas yo también.
—Entonces espero que sean buenas.
Asentí.
—Creo que lo son.
Subí al apartamento y apenas abrí la puerta escuché música proveniente de la cocina.
—¿Emily?
—¡Estoy aquí!
Entré y la encontré preparando algo que, por el olor, parecía estar intentando convertirse en un almuerzo.
Digo intentando porque con Emily nunca había garantías.
—Llegaste temprano.
Dejó lo que estaba haciendo y se giró hacia mí.
—Bueno, por tu cara puedo decir dos cosas.
Me quité el abrigo.
—¿Cuáles?
—Una: la entrevista fue importante. —Hizo una pausa —. Dos: tienes demasiadas cosas en la cabeza.
Sonreí.
—¿Tan fácil soy de leer?
—Después de cuatro años viviendo contigo, sí.
Dejé mi bolso sobre una silla y saqué el sobre.
Emily lo miró inmediatamente.
—¿Eso es...?
Asentí.
—La información del trabajo.
Su expresión cambió al instante.
—Espera.
Se acercó.
—¿Ya te dijeron de qué familia se trata?
Asentí nuevamente.
Emily abrió los ojos con curiosidad.
—¿Y?
La observé durante unos segundos.
Sabía que, después de decirlo, ella probablemente tendría muchas opiniones.
—De Luca.
Su reacción fue exactamente la que esperaba.
Se quedó completamente quieta.
—¿De Luca?
—Sí.
—¿La familia De Luca?
—Creo que solo hay una familia De Luca famosa en Bellmont.
Emily dejó lentamente la cuchara sobre la encimera.
—Sophie...
—¿Qué?
Ella me miró como si acabara de decirle que había aceptado cuidar a un príncipe.
—¿Estás hablando en serio?
No pude evitar reír.
—Sí.
—Pero ellos son... —Buscó la palabra correcta —.Ellos son los De Luca.
—Eso ya lo sé.
—No, no me entiendes.
Se apoyó contra la encimera.
—Esa familia no es como las demás.
Suspiré.
—La directora me dijo algo parecido.
—¿Y tú qué piensas hacer?
La pregunta me tomó por sorpresa. Porque la verdad era que todavía no tenía una respuesta clara.
Me senté en una de las sillas.
—No lo sé.
Emily me observó con atención.
—¿No quieres aceptar?
Negué.
—No es eso.
Miré el sobre frente a mí.
—Es solo que siento que no sé dónde me estoy metiendo.
Emily se quedó en silencio.
Por una vez no hizo una broma.
—Eso es porque probablemente no lo sabes.
Levanté la vista.
—Gracias por la confianza.
Ella rodó los ojos.
—No digo que sea algo malo.
Se acercó y tomó asiento frente a mí.
—Solo digo que es normal que estés nerviosa. Es una familia con mucho dinero, mucha influencia y probablemente muchas reglas.
Asentí.
—La señora Moreau dijo que no sería sencillo.
—¿Ves?
Emily señaló el sobre.
—Por eso me preocupa.
—Emily...
—No porque crea que no puedas hacerlo.
Su expresión se suavizó.
—Porque sé que cuando aceptas una responsabilidad, das todo de ti.
Bajé la mirada.
Sabía exactamente a qué se refería.
A veces mi mayor virtud también podía convertirse en mi mayor debilidad.
Me importaban demasiado las personas que cuidaba.
Y una vez que un niño entraba en mi vida, era difícil simplemente marcharme.
—¿Qué te dijeron del niño?
Sonreí un poco.
—Se llama Noah.
—¿Y?
—Tiene ocho años.
Emily esperó más información.
—Eso es todo.
—¿Todo?
—Todo lo que sé.
Le expliqué lo que la señora Moreau me había contado.
Que buscaban a alguien de confianza.
Que la familia era reservada.
Que tenían reglas estrictas.
Que la entrevista sería al día siguiente.
Cuando terminé, Emily se quedó pensativa.
—Bueno...
La miré.
—¿Qué?
—Al menos sabemos algo importante.
—¿Qué?
Sonrió.
—Si aceptas, por fin podré decir que conozco a alguien que trabaja para una familia millonaria.
Negué con la cabeza entre risas.
—Esa es tu conclusión.
—Por supuesto.
Se levantó y volvió a la cocina.
—Aunque también significa que tendrás que comprar ropa más elegante.
—Emily.
—¿Qué? No puedes llegar a una mansión con tus zapatillas viejas.
Miré mis zapatos desde donde estaba sentada.
—Están perfectamente bien.
—Sophie, tienen una pequeña historia de amor con el desgaste.
No pude evitar reír.
Y por primera vez desde que había salido de BellCare, sentí que la tensión comenzaba a desaparecer.
Quizá porque, con Emily cerca, cualquier problema parecía un poco menos grande.
Aunque todavía había algo que seguía rondando mi cabeza.
Al día siguiente conocería a los De Luca y no tenía idea de qué esperar...
