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Un matrimonio de 365 días por contrato

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Levkin
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Sinopsis

A ella la vendieron con un contrato: 365 días de matrimonio para salvar su apellido y su imperio. A él no le interesan las promesas ni las disculpas… solo el control. Obligada a convertirse en la esposa perfecta ante el mundo, descubre que su “marido” no planea soltarla cuando el año termine. Entre guerras de clanes, traiciones y una tensión que quema la piel, lo que empezó como un trato se vuelve una jaula… y el peligro más grande ya no está afuera, sino en lo que él despierta dentro de ella. Me vendieron por un año… y él no piensa soltarme.

DulceRománticoCEOAmor-OdioCelosoMatimonio por Contratorománticas

PREFACIO

Dicen que el amor llega cuando menos lo esperas. Mentira.

En mi mundo, lo que llega sin avisar no es el amor… es la deuda, el chantaje y la mano fría de alguien que cree tener derecho a comprarte.

Yo tenía una vida construida a pulso: una empresa, un apellido que pesaba como una cadena y un futuro que, por fin, parecía mío. Hasta que me recordaron la regla más vieja de todas: en las familias poderosas, nadie es totalmente libre. Ni siquiera la hija “consentida”. Ni siquiera la que se cree invencible.

El contrato fue simple. Cruelmente simple: 365 días.

Un año de matrimonio. Un año de obediencia pública. Un año de sonrisas frente a cámaras, brindis falsos y silencios reales. A cambio, me prometieron seguridad. Estabilidad. Protección.

No me dijeron lo otro.

No me dijeron que él no era un hombre que firmaba papeles… sino un hombre que poseía lo que tocaba. Que no entendía el “hasta aquí”, ni aceptaba un “no”. Que confundía la palabra “esposa” con “propiedad” y la palabra “acuerdo” con “sentencia”.

Tampoco me dijeron que, en este juego, el peligro no siempre viene con armas. A veces llega con una caricia demasiado lenta, una mirada que te desnuda sin tocarte… y una promesa que suena a amenaza:

—No pienses que esto termina cuando se cumpla el año.

Yo quería sobrevivir al contrato.

Él quería algo peor.

Y lo más aterrador es que, con el tiempo, empecé a preguntarme si el precio real no era el matrimonio… sino lo que yo estaba a punto de convertirme para resistirlo.