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Capítulo 4 Radiografía

Por Christopher

La habitación no era solamente una habitación.

Tenía un living, un estar que era un comedor, y al fondo, cerca de un gran ventanal, una cama de dos plazas.

Había una puerta, que cuando corroboré, era el baño, un gran y lujoso baño, es esos de películas, en realidad todo allí parecía de película.

Al correr los cortinados y ver el balcón terraza, con un jacuzzi en un costado, pensé en el valor de ese crucero, era superior a lo que había pensado en un principio y me sentí incómodo.

Entiendo que era un regalo, pero era demasiado.

Me acomodé en uno de los sillones y decidí llamar a mi tío.

-Hola tío.

Saludé con simpatía.

-Hola Chris ¿Y estás embarcado?

-Sí, escucho que el barco está zarpando en este momento.

-Maravilloso ¿Hablaste con tu novia?

-No, ni siquiera le dejé un mensaje.

-Chris, no tienes porqué escaparte.

-No, es verdad, pero ella hasta mandaría a detenerme con alguna denuncia falsa con tal de que yo no me marche.

-Esa mujer está loca.

-Tienes razón y no sé cómo no lo vi antes, en realidad su careta se fue cayendo paulatinamente.

-Siempre supe que ella no era buena persona.

-Lo sé e intentaste decírmelo varias veces, perdón por no escucharte.

-Lo importante es que te diste cuenta antes de que hubiera consecuencias reales, aunque no te asombres ni le creas, si ella afirma estar embarazada.

Mi piel se erizó.

Mi novia era muy capaz de hacer algo así.

-Si eso sucede, tu decides el profesional que la atienda y decides el laboratorio para confirmar si eres el padre.

-Pesaste en cada detalle.

-Por supuesto, puedo planificar todo porque me adelanto a los hechos y estudio a las personas.

Yo lo escuchaba con atención.

-Tu también te adelantaste a los hechos con el tema del telegrama en tu trabajo y renunciar de esa manera y aunque sigo creyendo que huiste qué huiste de esa mujer, pero eres el que sabes perfectamente cómo puede reaccionar ella, lo importante es no bajar la guardia.

-Desde que mi jefe se retractó de mis vacaciones, estoy alerta y midiendo cada paso.

-Es terrible de lo que es capaz con tal de retenerte.

-Hace rato que me di cuenta que estoy a su lado porque no podía cortar con ella sin tener que afrontar represalias.

-Eso me lo tendrías que haber comunicado.

-Tío, no puedo pedirte ayuda para cortar con una mujer.

Dije bastante ofendido.

Las carcajadas de mi tío se escucharon a través del teléfono.

-Al final sí te ayudé.

-Es verdad, pero yo no te lo pedí.

-Estoy de acuerdo, tampoco me pediste la suma que acabo de depositar en tu cuenta bancaria.

-¿Qué?

-Te deposité una suma considerable, solo tienes que gastarla en el crucero, cómprate algunos trajes, de los buenos, algunos Armani o Gucci y preséntate en las galas del barco, quizás conozcas a alguien y te puedas divertir.

-No era necesario que me depositara nada.

-Oh, sí, gástalo que apenas termine el crucero, otro importe similar va a ser depositado en tu cuenta, la única condición es que gastes todo lo que puedas en el crucero y te cuento que va a ser difícil ya que está todo cubierto, hasta las bebidas alcohólicas.

-¿Te volviste loco?

-No, simplemente los millones ya no me caben en los bolsillos y no pienso ser enterrado con ellos.

Mi tío siempre fue sarcástico, pero nunca presumió de tener dinero.

-Es definitivo, cuando llegue te acompaño a un psiquiatra.

Mi tío seguía riendo.

-Almuerza y cena pidiendo lo mejor, está todo pago, lo que desees está cubierto.

-Gracias tío, no era necesario.

-Créeme que vale la pena.

Cuando cortamos volví a pensar que realmente mi tío no estaba muy cuerdo.

Golpes en la puerta sonaron y era James, trayendo el resto de mi equipaje y me sugirió el comedor que se hallaba en la 8° cubierta y hasta especificó que en treinta minutos el almuerzo iba a estar en su punto justo.

Fui a esa cubierta, me di cuenta de que tenía hambre, suelo comer bastante.

Bajé por las escaleras, no iba a subir al ascensor por un piso.

Miré a mi alrededor, el lujo de ese barco era un símbolo a la opulencia y fastuosidad.

No me mareaba por eso, pero tampoco era mi ambiente.

La mansión en donde vivía la familia era suntuosa, pero esto era de otro nivel.

Luego de recorrer con la vista el pomposo restaurant, elegí sentarme cerca del ventanal del barco, a mi izquierda veía el océano a lo lejos, claro que para eso tenía que estirpe un poco e inclinarme hacia delante.

Por otro lado podía observar gran parte del restaurante.

Se escuchaba una suave música, que se mezclaba con el murmullo de los comensales.

Miré distraídamente hacia las distintas mesas.

Había una pareja muy acaramelada, pensé que podrían estar en su luna de miel.

Una idea genial para gozar juntos y olvidarse del mundo exterior, aunque posiblemente yo sea de los pocos que desean olvidarse de ese mundo.

Luego había un matrimonio con una criatura sentada en medio de ellos.

Más allá, un matrimonio mayor hablaba animadamente.

Luego había dos mujeres en sus 40, muy arregladas.

Mi mirada cayó en una mujer que estaba sola, era hermosa, bella, delicada, también elegante, pero su elegancia era natural, tan natural que desentonaba con el resto de las mujeres que estaban allí, mucho más arregladas y emperifolladas que ese primor que acababa de descubrir.

No tenía muchas joyas encima, apenas unos anillos, aretes, un par de pulseras y alguna cadenita colgada de su cuello, con un dije que no llegaba a distinguir desde donde estaba.

Su vestido veraniego era llamativo aunque no muy escotado, en color nude, no era demasiado ajustado, tampoco podía ver si era corto o largo, ella estaba sentada y había un par de mesas entre nosotros que me impedía ver su largo, por lo demás, creo que le saqué una radiografía.

Hacía mucho que no me impactaba una mujer.

Esta parecía muy joven, posiblemente por eso no precisaba de joyas para sobresalir y su vestimenta era casi informal.

No podía dejar de mirarla, era más que un impacto lo que ella logró en mí.

Quería disimular lo que estaba diciendo y tuve que hacer un esfuerzo para dejar de mirarla.

Tampoco quería parecer desesperado, aunque pensé que la podría encontrar en algún otro lugar.

El barco era grande, pero los accesos públicos no eran infinitos.

Definitivamente voy a acercarme a ella, no en ese momento, pero tenía más de dos semanas por delante e iba a disfrutar de esos días divirtiéndome, como lo dijo mi tío.

Mi compromiso con Mary Ann lo consideraba terminado.

Quizás nos debíamos una conversación, aunque dadas sus acciones y sus presiones, ella tendría que saber que si decidí abordar el crucero, nuestra relación se daba por terminada.

Volví a mirar a esa bella mujer, la que estaba sentada una mesas delante mío.

¿Llegaría a los 20 años?

Tampoco me iba a acercar a una adolescente, ya pasé esa etapa y no estaba para dramas juveniles.

¿Qué haría sola?

Posiblemente viajaría con su familia, con algún novio o alguna amiga.

Observé y esperé.

Media hora después ella seguía sola, nuestras miradas no se cruzaron en ningún momento.

Me trajeron el postre y un café.

El teléfono vibró en mi bolsillo, miré quién era, por si mi tío olvidó decirme algo.

Era Mary Ann.

Era un mensaje de mi exnovia.

No sentía que le estaba rompiendo el corazón, porque estaba seguro que ella no sabía amar.

Ella manipulaba, atrapaba y tomaba a la gente, sobre todo a mí, como si fuéramos animales de su propiedad.

Decididamente tenía que hablar con ella, pero no lo iba a hacer en el restaurante, porque sabía que iba a ser una conversación emocional, dónde iba a haber gritos, ella iba a llorar y a amenazar y yo ya no me iba a callar.

Mi voz se iba a elevar y no pensaba dar un espectáculo.

Mi celular seguía sonando.

El camarero se acercó, por si quería consumir algo más, mientras le contestaba, vi a esa joven tomar el ascensor y no hacía tiempo a agarrarlo, tampoco puedo asegurar el largo del vestido de esa joven, entre el camarero y otras dos personas, sin querer, bloquearon parte de mi visión.

Estaba tentado a tomar un trago, pero quería tener frescos todos mis sentidos para hablar con Mary Ann, por la hora que sería en mi país, ella ya debió haberse enterado de que yo no estaba en mi departamento y debió suponer que tomé el crucero.

Por eso mi celular no dejaba de sonar.

Sentía las vibraciones continuas en el bolsillo de mi jean.

Suspiré tomando fuerzas y mentalmente me iba preparando, mientras subía a mi Pen-House, para darle un corte definitivo a ese noviazgo que ya se había estirado mucho más de lo conveniente.

Abrí la puerta de mi habitación, de alguna manera tenía que llamar al espacio donde dormiría por más de dos semanas.

Me desparramé en el sillón, mientras encendía el televisor y buscaba algo para ver, un partido de fútbol o quizás alguna carrera de FM 1.

Mi teléfono vibró por enésima vez y entonces contesté.

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