No era bueno, ¿o sí?
Dios mío, ¿por qué soy tan imprudente? Solté ese pensamiento en voz alta y... ¿habrá escuchado? ¿Importa? Bueno, es un desconocido, ¿verdad?
—¿Dijiste algo, Ale? —preguntó mi hermana, colocándose frente a mí.
No sabía si salir corriendo o permanecer inerte en el lugar. Opté por lo segundo.
—No, nada —repliqué, encogiéndome de hombros.
—Bueno, quiero presentarte a Eliot.
Solo pude asentir al ver al nombrado ponerse de pie y detenerse frente a nosotras. En serio, sus ojos…
—Es el hermano menor de Trevor. Eliot, ella es Alessia, mi hermanita.
—Mucho gusto, Alessia —dijo el chico.
—No sabía que Trevor tuviera un hermano —solté, mirando a mi hermana y haciendo caso omiso del chico.
—Modales, Ale —reprendió Fran, haciendo un gesto hacia él.
—Lo siento —musité y miré al chico—. Mucho gusto, Eliot.
—Bueno, ya que las presentaciones formales se hicieron... —Entrecerré los ojos hacia Fran; tenía esa mirada de que algo...—. Ale, te tengo una buena noticia.
Sí, ya me parecía que algo no estaba del todo bien y no sé por qué intuía que el hermano de Trevor tenía algo que ver con su sonrisa entusiasta.
—Eliot se quedará temporalmente a vivir aquí mientras Trevor y yo estemos en nuestra luna de miel.
Por supuesto, Fran sabía que… Un momento, ¿acaba de decir que este chico…?
—¿Qué? —pregunté, completamente estupefacta.
No podía estar hablando en serio. ¿Mi hermana pretendía que me quedara con un completo desconocido… en casa? No, definitivamente no podía ser cierto.
—¿Creíste que te dejaría sola durante dos meses? —preguntó con una sonrisa burlesca asomando en sus labios—. Eliot es un buen chico. Es como un hermanito más para mí, aunque él es dos años mayor que tú. Aun así, sigo siendo la mayor y, por supuesto, todavía ejerzo autoridad sobre ti. Así que sí, Ale, él se quedará contigo.
—No necesito una niñera. Bueno, un niñero. —Enojarme era lo último que quería—. ¡Tengo veintiún años, Fran! Puedo perfectamente cuidarme sola. Además, sabes que yo nunca haría nada malo, nunca lo hice y no…
—Escucha, hermanita —Fran se colocó frente a mí y me apuntó con un dedo acusatorio—. Harás lo que te diga y Eliot se quedará en esta casa a partir de hoy, punto. Fin de la discusión.
—Está bien. Haz lo que quieras —dije con sarcasmo. Crucé la sala dirigiéndome hacia la cocina.
—¡Alessia Moreau, alto ahí! —Cerré los ojos por unos segundos, contando mentalmente hasta diez. Bien, la hice enojar—. No te comportes como una muchachita malcriada. No eres así.
—Lo siento. —Inhalé y exhalé hondo, volteando a verla—. Tienes razón. Discúlpame por excederme, pero entiende un poco esta situación, Fran.
—Ale, no quiero que te quedes sola por tanto tiempo —comentó, suavizando el gesto—. Sabes que con Trevor nos gustaría viajar y quizá la luna de miel se extienda un poco más de dos meses.
—Lo sé, lo siento —admití—. Es que me dejas con alguien a quien ni siquiera conozco, y saber su nombre no cuenta como algo válido. El hecho de que tú lo conozcas, Fran, no significa que yo lo haga. Esta es la primera vez que lo veo. Además, nunca me contaste que Trevor tenía un hermano.
—Eliot estuvo de viaje hasta hace poco —informó ella—. Y sí, tienes razón, no lo conoces, pero yo sí y confío en él. Como te lo dije, es como un hermanito más.
—¿No confías en mí? —preguntó, desviando la mirada.
—¿Qué clase de pregunta es esa, hermanita? —Sentí sus manos sobre mis hombros y, lentamente, volteé a verla. Fran esbozó una sonrisa enternecida—. Es evidente que confío en ti. Por algo te di a escoger mi vestido de novia, ¿recuerdas?
—Bueno, pero…
—Pero nada. Ahora, ven aquí y dame un abrazo de esos que tanto nos gustan —pidió.
Sin perder un segundo, la abracé. Soy consciente de muchas cosas, entre ellas de que Fran se ha hecho cargo de mí desde que nuestros padres fallecieron e hizo todo lo posible para que saliéramos adelante. Le debo mucho.
—Tú ganas, Fran —murmuré.
—¡Oh, cierto! —exclamó, apartándose y mirándome estupefacta—. Olvidé que Eliot sigue aquí y lo dejamos en el living.
Bueno, ciertamente nos olvidamos de que en casa había alguien más. Me encogí de hombros y ella negó con la cabeza.
Seguí a mi hermana hasta el living. El chico nos miró y noté, de nuevo, el color de sus ojos.
—De verdad lo lamento —dije, sintiendo mis mejillas calentarse. Dios, qué bochorno—. Espero que me perdones por haber reaccionado así. No era mi intención. Supongo que fue la noticia, eso es todo.
—Eliot, te juro que no siempre somos así —informó Fran; el chico asintió—. Lamento que hayas tenido que escuchar la discusión. Alessia aceptó con gusto que te quedaras en esta casa.
—No hay problema. No se preocupen —habló Eliot—. Con mi hermano somos algo parecidos a ustedes. —Sus ojos estaban fijos en los de mi hermana—. Fran, entiendo que para tu hermanita debió haber sido chocante que le dijeras de la nada que se quedaría con alguien en casa.
Genial, lo que me faltaba. ¿En serio este chico me iba a tratar como una cría? ¿Quién se creía, eh? Ah, pero si él realmente creía que con…
—Bueno, gracias por entender, Eliot —dijo Fran—. Ahora, tengo que salir por unos asuntos de la boda.
—De acuerdo —concordé, asintiendo con la cabeza y… No, un momento, mi hermana saldría, lo que significaba que…—. Fran, aguarda un…
—Lo siento, Ale, estoy retrasada. —Agarró su bolso y las llaves. ¿De verdad me dejaría con este chico?—. Eliot, estás en tu casa. —Sonrió hacia él y luego dirigió la mirada hacia mí—. Confío en que le indicarás la habitación y le mostrarás el resto de la casa, ¿no es así, hermanita?
—Pero…
—Nos vemos dentro de un par de horas. —Fran se encaminó hacia la puerta—. Traeré hamburguesas para la cena. Hasta más tarde, chicos.
Abrí y cerré la boca sin decir nada. No me dio tiempo. Estupendo.
Quedé sola. Con un desconocido. No era bueno, ¿o sí?
