Capítulo 6
Estaba perdido, desconcertado.
Era solo mi tercer día en K.O.L y todavía no me había acomodado. Estaba parado frente a mi casillero y no tenía idea de cómo llegar al gimnasio de la escuela. Quinn me había convencido de intentar unirme a los Cheerios y lo tenía en 5 minutos.
-¿Por qué no haces una audición para las Cheerios?- Como ya no estoy en porristas, se necesita a alguien igual de bueno, y necesitaré que me animen con sus historias-, me había dicho Quinn ayer con un poco de melancolía.
Era evidente que extrañaba ser la niña más popular de la escuela y que su barriga agrandada comenzaba a pesar cada vez más, no solo físicamente, sino también moralmente.
-Santana y Brittany son mis amigas, pero como ya no están en las Cheerios no me calculan mucho aunque digan lo contrario- explicó cuando le pregunté si no había tenido suficiente de las historias de ella. dos amigos Cheerios -Y además, necesitas hacer amigos y darte a conocer en esta escuela, y no hay mejor manera que unirte a los Cheerios-, agregó con una sonrisa radiante.
En ese momento decidí aceptar la oferta de Quinn, porque era la única amiga que tenía en ese momento y estaba claro que me necesitaba. De hecho, como ella también dijo, unirme a las Cheerios me ayudaría a ser más popular, pero también ayudaría a Quinn a no deprimirse demasiado y seguir sintiéndose parte de las porristas.
En ese momento, sin embargo, me maldije por darle cuerda a la idea de mi amigo, porque estaba en pánico. Ninguno de los transeúntes parecía querer ayudarme, al contrario, todos hacían como que no me veían y no se fijaban en mí, aunque era evidente que necesitaba ayuda. Todos me ignoraron, todos menos uno.
Un chico acababa de materializarse frente a mí, mirándome sonriendo. La suya era una sonrisa amable y pensativa que reconocí al instante.
fue mike
-¿Necesitas ayuda?- preguntó apuntando sus hermosos ojos color chocolate hacia los míos.
-Yo diría que sí. Necesito estar en el gimnasio en menos de 5 minutos y no tengo la menor idea de a dónde ir- respondí arrugando la nariz.
-Vamos, te llevaré allí-, me dijo, estirando la mano para sacudir la mía y comenzando a llevarme al gimnasio.
Tan pronto como nuestras manos se tocaron sentí pequeños escalofríos recorrer mi espalda y me perdí por un momento. Ni siquiera me di cuenta de que habíamos llegado frente a las puertas del gimnasio.
-¡Aquí estamos!- Entonces Mike exclamó, soltando mi mano para mostrarme la entrada.
Empiezo a sentir la falta de contacto entre nuestras manos, pero decidí ignorarlo y solo le agradecí.
-A, Roxie-, me llamó Mike, antes de que entrara al gimnasio. -Si necesitas un recorrido por la escuela, solo pídelo-, dijo con un guiño, antes de darme la espalda.
Al entrar al gimnasio me di cuenta que estaba sonriendo, y pensé que debía ser una sonrisa un poco estúpida, típica de alguien que sonríe sin darse cuenta.
Pero les aseguro que mi sonrisa se apagó al instante en cuanto vi la expresión de la mujer rubia sentada al margen: tenía una mirada desdeñosa, casi molesta, como si no quisiera estar allí en ese momento. De nuevo, con el paso del tiempo me habría dado cuenta de que era una expresión característica del tan temido entrenador Sylvester.
-Tú debes ser la chica con el nombre de prostituta-, me dijo con el aire despectivo habitual, -No creas que es fácil entrar en los Cheerios. Soy muy exigente, sobre todo en lo que respecta al cuerpo-, agregó entonces, señalándome con el dedo y mirándome de arriba abajo .
Esa frase me asustó un poco, pero traté de no parecer demasiado intimidado, porque no quería darle al entrenador la impresión de ser débil.
-¡Ahora en la cancha, o todos se volverán gordos y blandos!- luego gritó al megáfono con malicia.
-Entrenador yo...- comencé en ese momento.
Me di cuenta de que no tenía uniforme y que no podía hacer la audición con los jeans que tenía puestos.
