capitulo 2. CEO de niñero
Noa aparca el coche frente a la casa de su madre, rasca su nuca mientras que observa la entrada de la residencia, resopla al mismo tiempo que enciende un cigarro, le da una calada y lo expulsa por la ventanilla abierta.
—Joder, que fastidio.
Vuelve a poner la punta del cigarro encendido mientras fuma, afina un poco la mirada entre tanto observa la fuente de agua en medio de la casa. Debería de estar feliz por haber ganado aquel juicio, su cliente no pararía a la cárcel y él recibiría una gran compensación por su arduo trabajo.
Fueron dos largos años en ese maldito asunto que ya lo tenía aburrido, pero todo por la dama y el dinero.
Vuelve a fumar para luego sacar el cigarro por la ventana y palmearlo un poco para tirar la ceniza.
—Mierda, y ahora tengo que estar aquí en casa de mi madre para asistir a una fiesta de niñas —niega y vuelve a fumar dejando casi nada del cigarro —. Sabe que odio las fiestas de niñas.
Lanza el cigarro acabado y abandona su coche, cierra la puerta de mala gana y enfoca la casa donde vio gran parte de su vida. Suspira y se encamina hasta la residencia, ingresa y escucha mucho silencio.
Frunce el ceño y se pregunta si se había equivocado de día, ¿no se supone que la fiesta de su hermanita ese día? Se queda a mitad del recibidor observando hacia la cocina, pero no ve a nadie correr de un lado para el otro.
Conocía bien a su madre, ella era capaz de hacerle un gran cumpleaños a su hija. En eso oye ruido en las escaleras que lo lleva a mirar hacia arriba, pero al hacerlo siente que fue un gran error para su vida.
Noa se queda estupefacto al mirar a una hermosa jovencita bajas casi que, corriendo, muy sonriente, risueña y con una mirada de muerte lenta. El CEO parpadea varias veces y luego la ve andar a mitad de los peldaños justo cuando alza la mirada y lo mira.
La mirada de Noa conecta con la de esa pelinegra de risos esponjado, y es cuando se percata de que sus ojos eran de un color gris plomo, en ese instante se pregunta ¿Quién carajos esa chica? ¿y qué diablos estaba haciendo bajando por las escaleras de su casa?
La pelinegra se detiene a punto de terminar por bajar los escalones cuando se percató de su presencia, Noa la mira sin decir una palabra. La joven se queda parada al final de las escaleras mirándolo con los ojos bien abiertos.
Noa hace amago de hablar cuando ella no dice una sola palabra.
—¿Violeta? ¿Dónde te has metido? —en eso el CEO escucha la voz de su hermana y al alzar la vista la ve bajar por las escaleras, frunce el ceño y es cuando se da cuenta de que Lucia había crecido mucho.
—¿Lucia? —la joven rubia lo mira y sonríe, ensancha la mirada y corre escaleras abajo.
—¡Noaaaaa! ¡si viniste! —grita desesperada.
Al llegar al final de las escaleras corre hacia él para abrazarlo hasta el punto que Noa la alza un poco y mese su cuerpo, pero los ojos de Noa estaban puestos en esa pelinegra que tenía ante él mirándolo expectante.
—Pensé que no ibas a venir, pero me emociona mucho que si estes aquí.
—Le dije a mamá que, si vendría, pero, no estoy seguro de haber venido el día correcto.
—¿Por qué dices eso? —su hermana se separa de él extrañada.
—Aquí no hay nada, ni globos, ni pastel, no hay alboroto.
Lucia sonríe y niega divertida mientras que oye a su hermano, la joven piensa que era un tonto, así que golpea su pecho a broma.
—¿Estás de broma? Pero si estoy cumpliendo 18 años, ¿Cómo piensas que habrá todo eso que dices? no estoy cumpliendo 5 años, hermano —Lucia sonríe divertida.
—¿No tendrás fiesta de cumpleaños? —ella niega mientras que sonríe.
Noa tensa la mandíbula ya que su madre era muy graciosa, lo hizo viajar a Boston solo para nada porque no pensaba celebrarle cumpleaños a su hermana.
—Entonces…
—Lo celebrare yendo a la discoteca con mis amigos, ya soy mayor de edad, puedo entrar sin problemas.
Aquello sí que no se lo esperaba, su hermana yendo a una discoteca. Eso no era tan agradable de saber.
—¿Mamá está de acuerdo con esto?
—Le dije que no deseaba cumpleaños, quería ir a la discoteca con mis amigos y dijo que sí.
Eso era extraño de su madre, el CEO niega y hace amago de hablar, peor en eso recuerda que alguien de risos rebeldes se encontraba muy callada, alza la mirada y ve como ella se pone algo nerviosa y hasta sus mejillas se tornan coloradas.
—¡Oh! Ella es mi amiga Violeta—Lucia se acerca a su amiga para abrazarla como si fuese su hermana —. Es mi mejor amiga, no sé si la recuerdes, Noa.
—¿Violeta? —observa en una pequeña fracción de segundos como esa chica parpadea cuando él menciona su nombre.
—Violeta Fuller, ¿la recuerdas? —Lucia acerca a su amiga a su hermano —. Viole, ¿recuerdas a mi hermano mayor, Noa?
Ambos se miran a los ojos fijamente, Noa se percata de que ella tenía algunas pecas en su nariz, sus ojos eran un gris muy claro, sus labios regordetes y ese cabello bastante rizado y encantador.
—Si, creo que si—finalmente la oye hablar y su voz era mucho más seductora que todo su cuerpo.
—Violeta…
Ahora que recordaba a la familia Fuller, llevo a su madre al cumpleaños de esa chica tan solo cuando tenía un año de vida, esa pequeñaja que vio en brazos de su madre ahora era esa mujer. Y una muy sexy.
—Si, te recuerdo bien—Lucia no sabía lo que le estaba pasando, pero al ver al hermano de su mejor amiga sintió una especie de hormigueo en todo su cuerpo —. Parece que he pasado fuera mucho tiempo.
—Te has perdido de mucho, hermano —su hermana lo golpea, pero él no aparta la vista de Violeta.
—¿Noa? —él voltea y ve a su madre salir de la cocina, al verlo sonríe de alegría —. Hijo, que bueno que pudiste venir este día.
—¡Madre! —besa su mejilla —. Lucia me está diciendo que no celebraras su cumpleaños.
—Si te lo decía no ibas a querer venir, y yo necesitaba que vinieras, hijo.
No estaba entendiendo para qué demonios su madre lo estaba invitando si no iba hacer un carajo, solo le hizo perder el puto tiempo, uno que era escaso. Aunque con su caso ganado se merecía un descanso, pero el dinero no podía esperar tanto.
—Madre —se frota el puente de la nariz.
—Quiero que lleves a Lucia a la discoteca y la cuides —él alza la mirada de inmediato.
—¡Mamáaaaaa! Prometiste que no haría eso, ¿sabes cómo me hará sentir llevar a mi hermano a la discoteca?
Él no estaba entendiendo bien como estaba la cosa, ¿acaso su madre lo quería de niñera de un montón de chiquillos enloquecidos?
—Hijo, confió en ti para que protejas a esta niña de hacer locuras, no quiero que se arrepienta luego. Solo tú sabes cómo es todo en esos lugares.
—¿Qué dices? insinúas que me haga de niñera de Lucia.
—Por favor, Noa.
No estaba para esos juegos, el lunes tenía una reunión importante a la que no podía faltar, y su madre pretendía que se desvelara por la imprudencia de su hermana.
—Ya está grande, que se cuide sola.
—Si, mamá, estoy grande. Puedo cuidarme sola, además, Violeta ira conmigo.
Aquella mención hizo que Noa enderezara su cuerpo, así que ella también iba a ir a la discoteca, lo que significaba que ella también estaba grandecita para entrar a esos antros, sin embargo, con ese cuerpo y esa cara de inocente que tiene no dudaba que cualquiera quisiera cogérsela hasta en el baño.
—Noa, estaré más tranquila si cuidas a estas dos —el CEO mira a su madre seriamente—. Se que ya no estas en edad para estas cosas, pero eres el único al que le puedo confiar a estas niñas.
—Noa, no tienes que hacer esto.
—Está bien.
Violeta ensancha la mirada cuando oye al hermano de su amiga aceptar, su corazón se acelera al máximo al darse cuenta de que él estará en la discoteca. ¿porque la ponía nerviosa? Apenas lo estaba conociendo.
No es que no supiera de su existencia, Lucia siempre le hablaba de él, pero jamás en su vida lo había visto hasta ese día.
—Lucia —Violeta le susurra a su amiga, y Noa lo oye, más su madre no.
—¡Ya!
El CEO frunce el ceño al percatarse de que esas dos estaban planeando algo, así que pensaba arruinarles el plancito, sea lo que sea que tuvieran en mente no les iba a resultar.
—Bien, entonces, está decidido, Noa las acompañará y no quiero más reproches, de lo contrario ninguna de las dos podrá ir.
—¡Mamá! Que aburrida eres…
Las jóvenes salen corriendo por el pasillo como chiquillas traviesas. Noa las mira, pero sus ojos solo estaban puestos en Violeta, quien curiosamente también volteo a verlo de reojo.
—Lucia es una niña muy inquieta, me preocupa esa salida a ese lugar tan lúgubre y lleno de muchachos lujuriosos —Noa pone los ojos en blanco.
—Para empezar, no debiste darle el permiso.
El CEO se encamina hasta el despacho que perteneció a su padre y su madre lo sigue de cerca, camina un poco e ingresa en el mismo, todo estaba igual que siempre, su padre era un abogado muy famoso.
Para su mala suerte, murió joven de cáncer, pero él se quedó en su lugar convirtiéndose en el mejor. Se sirve una copa mientras que sabe que su madre lo ve.
—Noa, gracias por venir, sé que estas muy ocupado con tu trabajo, pero hace tanto que no nos visitas.
—Descuida, pero mañana debo irme por la tarde, tengo una junta el lunes con unos clientes.
—¿Tan pronto? Apenas estas llegando.
—Y ya me estas enviando a la calle para cuidar de dos crías, ¿Qué esperas? —bebe un trago de su copa, frunce los labios y el ceño y pasa el líquido caliente por su garganta —. Ya estoy viejo para esto, madre, lo sabes.
Anna baja la mirada, desde la muerte de su esposo su hijo se hizo camino solo, se alejó de ella y su hermana por el trabajo, hacia lo mismo que hizo su esposo. El trabajo era lo único importante, muchas navidades le suplico a Noa que viniera, pero nunca lo hizo.
Era una lástima que su hijo estuviera siguiendo los pasos de su padre.
—Necesito que cuides a esas niñas.
—¿Qué hay de Violeta?
—¿Qué pasa con ella?
—¿Sus padres aprueban esta salida?
Anna parpadea varias veces ante la pregunta de su hijo, mira sus manos y siente mucha tristeza al darse cuenta de lo muy perdido que su hijo estaba de todo.
—Hijo, los padres de Violeta fallecieron hace 4 años en un accidente aéreo. Te lo dije por llamada, pero creo que estabas pendiente de otras cosas.
Noa se queda inmóvil ante aquella noticia, ella era huérfana, no se esperaba aquello. Baja la mirada mientras que ve su copa vacía.
—Ella es cuidada por su tío, es un hermano de su padre. Fue el único que quiso hacerse cargo de ella luego de que los Fuller murieran.
—¿Un tío? ¡ya veo! Supongo que también dejo a tu cuido la salida de su sobrina.
—Bueno, es lo que Violeta y Lucia me han dicho, también me dejaron una carta firmada por él donde me dice que le da el permiso de salir.
Noa frunce el ceño y sonríe de medio lado, su madre era una ingenua total. Y esas chicas sí que eran astutas. Ahora más que nunca pensaba vigilarlas bien, ¿Qué estaban planeando hacer?
—Tranquila, madre. Yo las voy a vigilar bien.
—Gracias, hijo. Me da alivio saber que alguien cuerdo estará cerca de ellas.
—Por supuesto…
