Librería
Español
Capítulos
Ajuste

Capítulo 3

POV DE GIULIA

La tarde está yendo bastante bien.

Es la primera vez en mis dieciocho años de vida que celebro un cumpleaños de esta manera.

Tengo tanta comida delante y siento tanta alegría y despreocupación que casi parece irreal.

Estoy aquí con mis dos mejores amigas a mi lado. Mi madre no ha venido porque quería que celebrara este día sola con ellas, aunque me habría encantado tenerla aquí.

Sofia y Martina no dejan de hacer comentarios algo sórdidos sobre la gente que nos rodea.

Sobre los hombres, los chicos y, sobre todo, las mujeres.

También he notado que esta noche hay muchísima gente joven y bastante animada; quizá muchos estén celebrando algo importante.

Nunca me ha faltado nada de mis padres.

Siempre intentaron complacerme con lo que pudieron, aunque nuestra situación económica nunca ha sido especialmente buena.

Para compensarlas por todo lo que han hecho por mí —y por todo lo que mi madre sigue haciendo—, estudio mucho y doy lo mejor de mí también en mi trabajo a tiempo parcial como niñera.

Y no sólo a ellos: también quiero sentirme orgullosa de mí misma.

He sufrido mucho. Los últimos seis años han sido un infierno.

Después de que mi padre muriera de cáncer, mis abuelos paternos se distanciaron muchísimo de mí.

Se volvieron muy fríos conmigo y todavía no logro entender por qué.

Nunca vinieron a verme ni se molestaron en hacerme una llamada.

No les habría costado nada escuchar, al menos una vez al mes, la voz de la única hija de su hijo mayor.

Sí, porque mi padre tenía un hermano siete años menor que él al que odio con todo el corazón y el alma.

Intento no pensar en ello, pero es casi imposible olvidar que dentro de tu propia familia puede haber personas con mil caras: un día te tratan como si fueras el centro de su mundo y al siguiente te arrojan a un pozo, te dan la espalda y fingen no conocerte.

—¡Oye, Giulia! Cariño, ¿está todo bien?

La voz de Martina me despierta de mis dolorosos pensamientos.

Levanto la cabeza con lágrimas en los ojos y veo que ambas me miran preocupadas. Seguramente ya saben en qué estaba pensando.

—Sí, sí. Está bien —digo en voz baja.

Siento que me arde la garganta, me falta el aire y me zumban los oídos.

Creo que estoy a punto de desmayarme.

—¡MIERDA! —dice Sofia o más bien grita.

—Giulia, ¡¿cuántas putas veces te he dicho que no te lo guardes y, sobre todo, que no nos mientas?!

Noto que Sofia está bastante enojada.

—Mi amor, te lo he dicho un millón de veces: no deberías pensar en esos pedazos de mierda que te abandonaron. —Miro a Sofia a los ojos y noto que también le brillan.

Intento contener las lágrimas y las ganas de gritar la rabia que siento por esas personas o más bien esos monstruos.

Al menos hoy tengo que demostrar que soy fuerte.

No dejaré que destruyan este día tan especial para mí.

—Nunca dejes que te hagan sufrir. NUNCA.

—Sí, lo sé. Pero me resulta casi imposible no pensar en ellos. No puedo evitarlo. A veces me enfado tanto que me entran ganas de ir a su casa y enfrentarme a ellos —admito, intentando no romper a llorar.

La garganta comienza a secarse aún más.

—Está bien, ahora escúchame con mucha atención. —Se acerca a mí y aprieta mis manos con fuerza.

—Primero: hoy es tu día y hemos venido hasta Cerdeña para que lo celebres como te mereces. Y ni se te ocurra volver a decir que nos devolverás el dinero que hemos gastado. Todo esto es nuestro regalo de cumpleaños, ¿entendido? —Es la primera vez que escucho a Sofia hablar tan en serio.

—Segundo: piensa en tu madre. Ella es lo importante, la persona que estará a tu lado incluso en los peores momentos. Será el hombro en el que puedas apoyarte y con quien puedas compartir tus miedos y debilidades. Nosotras también estaremos aquí, por supuesto, pero no permitas que esos cabrones que tienes por abuelos ocupen un lugar que no merecen. —Las dos me toman de las manos.

—Y tercero: ¡deja de llorar, joder! Hemos venido a celebrar un cumpleaños, no un funeral. Yo necesito beber y tú también. Desconecta por una noche, no pienses en nada y diviértete. Además, hay unos chicos guapísimos cerca; quizá alguno consiga distraerte un rato —concluye con un guiño provocador.

No podría haberlo logrado sin el apoyo de estas dos chicas que son como hermanas para mí.

—Gracias. Muchas gracias chicas —les digo abrazándolas con fuerza.

Me limpio las lágrimas y trato de desconectar mi cerebro de cualquier pensamiento.

Hoy el único objetivo es divertirnos y eso es lo que haremos.

Bebo un vaso de agua helada y volvemos a comer.

—¿Te sientes mejor ahora? —me pregunta Martina con una leve sonrisa.

Descarga la aplicación ahora para recibir recompensas
Escanea el código QR para descargar la aplicación Hinovel.