Capítulo 4
UNA SEMANA DESPUÉS
Me despierta el timbre del ascensor privado a las ocho y doce de la mañana.
A las ocho y trece ya quiero echar a mi familia de mi ático.
—Esto es una emboscada —digo, apoyada en la encimera de la cocina.
—Es desayuno —corrige Papá mientras coloca pollo y gofres en un plato.
—Con interrogatorio incluido —añade Carter.
Mamá le da un codazo.
—No ayudas.
—Nunca he afirmado que esa sea mi función en esta familia.
Me siento y corto un trozo de gofre.
Wesley se fue antes de que amaneciera. Le pedí que desayunara conmigo. Dijo que lo intentaría.
No lo intentó.
Mi teléfono vibra por quinta vez.
VIVIENNE.
Lo pongo boca abajo.
Vuelve a vibrar.
—¿Vas a contestar? —pregunta Mamá.
—No.
Vuelve a vibrar.
Carter estira el cuello para mirar la pantalla.
—¿La señora Beaumont?
—Quiere hablar de la boda.
—¿Ya? —pregunta Papá.
—Según ella, vamos tarde.
Mamá frunce el ceño.
—Te comprometiste hace una semana.
—Wesley quiere diciembre.
Los tres me miran.
—¿Tú quieres diciembre? —pregunta Papá.
Me llevo comida a la boca para ganar tiempo.
—Yo siempre imaginé una boda en verano.
—Entonces cásate en verano —dice Carter.
—No es tan sencillo.
—Acabas de describir exactamente lo sencillo que es.
—Vivienne dice que hay temas familiares y de empresa.
Mamá deja el tenedor.
—¿Qué clase de temas?
—Richard quiere empezar a preparar a Wesley para asumir más responsabilidades en Vesper Holdings. Al parecer, hay una tradición familiar absurda según la cual la formación formal empieza después de que se case.
Papá se reclina.
—Así que tu fecha de boda está vinculada al calendario profesional de tu prometido.
—No lo digas así.
—¿Cómo quieres que lo diga?
No tengo respuesta.
Mi teléfono vibra de nuevo.
Esta vez no es Vivienne.
Es Naomi.
NAOMI: ¿Estás sola?
Miro a mi familia.
YO: No exactamente.
NAOMI: Llámame cuando puedas.
NAOMI: Es por Nathaniel.
Se me cierra el estómago.
Bloqueo el teléfono demasiado deprisa.
—¿Qué pasa? —pregunta Mamá.
—Nada.
—Brielle.
—He dicho que nada.
Me levanto con el plato en la mano y me dirijo a la cocina.
Necesito ruido. Agua. Cubiertos. Cualquier cosa que no sea el latido de mi corazón.
Pero antes de abrir el grifo oigo a Carter hablar desde la sala.
—Marcus me escribió anoche. Natalie estaba preocupada por Nathaniel.
Me quedo inmóvil.
—¿Qué ocurrió? —pregunta Papá.
—Se enteró del compromiso y empezó a beber. Luego se puso a golpear el saco hasta destrozarse las manos.
El plato se me resbala un centímetro entre los dedos.
Mamá baja la voz.
—¿Está bien?
—Naomi y Marcus llegaron a tiempo. Está bien.
Cierro los ojos.
Tres años atrás vuelve de golpe: un teléfono que no contestaba, Naomi diciéndome que estaba con él, una noche en la que estuve a punto de conducir hasta su casa y no lo hice porque pensé que verme empeoraría las cosas.
Nathaniel bebiendo hasta casi acabar en el hospital.
Por mí.
No.
No por mí.
Por nosotros.
Por todo lo que se rompió.
—No entiendo por qué siguen hablando de él —digo al volver a la sala.
Mi voz tiembla.
Todos lo notan.
—Porque te importa —responde Mamá.
—Claro que me importa. Fue importante para mí.
—Fue más que importante.
—Ya no.
Otra mentira.
Carter cruza los brazos.
—Entonces no te afectará saber que vendrá a tu fiesta de compromiso.
El mundo se detiene un segundo.
—¿Qué?
—Los Whitmore recibieron invitación. Nathaniel confirmó asistencia.
Trago saliva.
—¿Solo?
La pregunta sale antes de que pueda detenerla.
Carter sonríe despacio.
Mierda.
—No —dice—. Con Natalie.
Miro hacia otro lado.
—Perfecto.
Mi tercer «perfecto» de la semana.
Y ninguno ha significado lo que debería.