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Capítulo 1

JUNIO

Lo peor de que tu novio te pida matrimonio delante de una docena de cámaras no es que quieras decir que no.

Es que el primer nombre que te viene a la cabeza pertenece a otro hombre.

Nathaniel.

—Brielle.

Parpadeo y vuelvo al restaurante.

Wesley sigue sentado frente a mí con una copa de champán en una mano y un anillo entre los dedos de la otra. El diamante es enorme. Redondo. Brillante. Exactamente el tipo de anillo que una vez le dije que no me gustaba.

En la ventana, los flashes revientan uno detrás de otro.

—¿Les avisaste antes de preguntarme? —susurro.

Wesley sonríe como si acabara de hacer algo romántico.

—Quería que el momento fuera perfecto.

Perfecto.

El camarero dejó caer el anillo dentro de mi champán. Wesley lo sacó con un tenedor, lo secó con una servilleta y me dijo que supo que yo era el amor de su vida durante la primera hora que pasamos juntos.

Durante aquella primera hora hablamos cincuenta y cinco minutos y tuvimos sexo en el baño los cinco restantes.

Supongo que cada uno tiene una definición distinta del destino.

—Solo falta tu respuesta —dice.

Miro el anillo.

Miro las cámaras.

Miro a Wesley.

Y, como una traidora, mi memoria me devuelve unos ojos que no he tenido delante desde hace meses y una voz que llevo tres años intentando olvidar.

Bri.

Aprieto los dedos bajo la mesa.

—¿Te casarías conmigo? —repite Wesley.

Una parte de mí quiere pedirle tiempo.

Otra quiere huir por la cocina.

Pero entonces un fotógrafo golpea el cristal y Wesley vuelve la cara hacia las cámaras. Ya están aquí. Ya saben lo que va a ocurrir. Si me levanto ahora, mañana habrá titulares sobre una ruptura que ni siquiera existe todavía.

Y quizá ese sea el problema.

No quiero causar un escándalo.

No quiero volver a ser la mujer de la que todos hablan en voz baja.

No quiero que nadie me pregunte por qué dudo.

Así que sonrío.

—Sí.

La palabra sale demasiado rápido.

Wesley exhala con alivio.

No felicidad. Alivio.

—Por un momento pensé que ibas a decir que no.

—Yo también —murmuro.

Por suerte, no me oye.

Me coloca el anillo en el dedo y se levanta para besarme. Apenas roza mis labios antes de volver a mirar hacia las ventanas.

—Sonríe, cariño.

—Wesley…

—Solo unos segundos.

Los flashes nos ciegan.

Levanto la mano izquierda porque él me la alza y el diamante captura toda la luz del restaurante.

—Esta mujer acaba de aceptar ser mi esposa —anuncia al salir, rodeándome la cintura mientras los paparazzi gritan preguntas.

«¿Cuándo será la boda?»

«¿Cuántos quilates tiene el anillo?»

«¿Habrá acuerdo prenupcial?»

«¿Qué opinan los Monroe?»

Esa última pregunta me atraviesa.

Mis padres.

Carter.

Naomi.

Olivia.

Nadie sabe nada.

—Wesley, quiero irme.

—Un minuto más.

—Dijiste unos segundos.

Me aprieta la cintura, todavía sonriendo para las cámaras.

—No arruinemos el momento.

Me quedo quieta.

Eso es lo que hago últimamente cuando algo me incomoda: me quedo quieta hasta que pasa.

Cinco minutos después estamos dentro del coche. Cierro la puerta y el silencio cae de golpe, denso, extraño.

Miro mi mano.

—Es grande —digo.

—Solo lo mejor para mi prometida.

—Te dije que me gustaban pequeños.

Wesley frunce el ceño, como si rebuscara en su memoria.

—Pensé que decías eso porque no querías parecer exigente.

Me río una vez, sin humor.

—No. Lo decía porque me gustan pequeños.

—Ya te acostumbrarás.

Vuelve a mirar su teléfono.

Yo vuelvo a mirar el anillo.

Quizá también tenga que acostumbrarme a muchas otras cosas.

Mi móvil vibra antes de que lleguemos al primer semáforo.

Luego vuelve a vibrar.

Y otra vez.

En menos de un minuto tengo treinta y siete notificaciones.

El primer titular ya está publicado.

HEREDERA BRIELLE MONROE DICE SÍ A WESLEY BEAUMONT.

Debajo aparece una fotografía tomada segundos después de mi respuesta. Wesley sonríe a la cámara.

Yo estoy mirando mi anillo.

No parezco una mujer feliz.

Parecería preocupante si no supiera exactamente por qué.

Deslizo la pantalla.

NAOMI: Dime que esto no es verdad.

OLIVIA: ¿Estás comprometida?

CARTER: Mamá vio las fotos.

CARTER: Papá también.

CARTER: Cena mañana.

Un último mensaje aparece mientras aún estoy leyendo.

CARTER: Trae a tu prometido.

Y luego otro.

CARTER: Y no intentes convencernos de nada si primero tienes que convencerte a ti misma.

Dejo de respirar.

Wesley ni siquiera levanta la vista de su teléfono.

—¿Todo bien?

Bloqueo la pantalla.

—Perfecto.

Mi segunda mentira de la noche.

Y apenas llevo una hora comprometida.
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