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Placer con Mi Vecino

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Sinopsis

—Robert, ¿estás consciente de que tendremos un nuevo vecino? Ni siquiera me importa la charla de Ronan. Sigo bebiendo la cerveza fría que acababa de salir del congelador. Observo como el viento sopla las cálidas aguas de la piscina, haciéndolas mecerse. —¿Me oyes?—Me tira una lata. El ojo enojado, listo para golpearte en la cara. —Que te jodan hijo de puta.—Le tiro la lata, usando el doble de fuerza. Te golpea de lleno en la cara y estoy satisfecho. Vuelvo a mirar el agua azul y limpia. Amo el azul. Cristalino. ______________________ Nora acaba de mudarse a una nueva ciudad, pensando que solo se quedará unas semanas, donde no conoce a nadie excepto a su tía y sus primos. Proveniente del interior de Ottawa, tendrá que vivir situaciones adversas. Estoy en el mismo lugar que antes. La diferencia es que yo me levanté y me fui de aquí por unas horas. Me di una ducha, me corté un poco las puntas del cabello y volví a mi asiento. Estoy sin camisa y sólo llevo pantalones deportivos lavados de color negro oscuro. Ronan tuvo que irse, lo cual agradecí al universo. Se folló a la vecina durante unos minutos. La chica gemía como una perra en celo, ya me estaba molestando con la situación. Tu mayor desafío: Robert, el vecino de enfrente. Robert se sentirá más allá de la atracción. Cuando pone sus ojos en la mujer, ya tiene la convicción: será suya y nadie más se atreverá a ponerle las manos encima.

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Capítulo 1

Nora acaba de mudarse a una nueva ciudad, pensando que solo se quedará unas semanas, donde no conoce a nadie excepto a su tía y sus primos. Proveniente del interior de Ottawa, tendrá que vivir situaciones adversas.

Tu mayor desafío: Robert, el vecino de enfrente.

Robert se sentirá más allá de la atracción. Cuando pone sus ojos en la mujer, ya tiene la convicción: será suya y nadie más se atreverá a ponerle las manos encima.

Robert:

—Robert, ¿estás consciente de que tendremos un nuevo vecino?

Ni siquiera me importa la charla de Ronan. Sigo bebiendo la cerveza fría que acababa de salir del congelador. Observo como el viento sopla las cálidas aguas de la piscina, haciéndolas mecerse.

—¿Me oyes?—Me tira una lata. El ojo enojado, listo para golpearte en la cara.

—Que te jodan hijo de puta.—Le tiro la lata, usando el doble de fuerza. Te golpea de lleno en la cara y estoy satisfecho. Vuelvo a mirar el agua azul y limpia.

Amo el azul.

Cristalino.

—¿Consumiste drogas hoy?—No se calla la puta boca.—Estás loco. Siempre le gustó saber cuándo tendríamos vecinos, y más cuando éramos jóvenes y gatitos. Y ahora que vamos a tener uno después de años, ni siquiera importa. Estoy hablando solo.

—Ve a buscar una puta para follar.—Tiro la botella que tenía en mis manos, al bote de basura que estaba unos metros frente a mí.

—¿Tu hermana está disponible?—Empieza a reír.

—Sé que eres su cliente estrella.—Tomo un cigarrillo y lo enciendo, comenzando a inhalar, sintiendo el sabor de la nicotina que jode mis pulmones.—Se paga bien.

—La puta folla muy bien.—Dice y empieza a fumar también. Pero a diferencia del mío, su cigarrillo está hecho de marihuana.

—Idéntica a su madre.—Sonrisa masculina.

-De la misma manera.

Miro al cielo, también azul, y soplo el humo. Fumo mi cigarrillo, expulsando el humo por la boca y la nariz. Tengo años y años de práctica. Mi voz más ronca de lo normal es prueba viviente de ello. No tengo las mismas cuerdas vocales que hace años.

—¿Las chicas vienen hoy a la fiesta?—Vuelve a hablar, después de un rato de silencio.—Madelyn quería saber de ti, la chica lo pensó y quiere estar en tu caso.

—Ya le dije que desapareciera, pero le gusta que la pise, que sea mi cachorrito, la putita que me follo y luego la hago llorar con mis duras palabras.—Me levanto, yendo al congelador y sacando otro botella de cerveza.—¿Y si a ella le gusta que la traten así?

—Fuiste su primer hombre, se enamoró.

—Ya no es mi problema.—Abro la cerveza con un aro que siempre llevo desde hace años. Ya tengo la marca que dejó el metal en mi piel.—Desde el principio supo mi intención. Y ella nunca ha estado enamorada, sé que incluso a ti ya te han jodido.

—Hacer qué.—Se encoge de hombros y sonríe, mostrando el piercing recién colocado.—Ya te follaste a mi exnovia, hijo de puta. Todavía no te he perdonado, fue un error.

—¿No has perdonado? ¿Por qué me llamó a ese trío con ella?—Tomo un sorbo de la cerveza.—Eres un jodido Ronan.

-Estamos en el mismo barco.

Abro mi billetera y saco otro cigarrillo, enciendo mi encendedor favorito y empiezo a fumar. Ronan se calla y no dice nada más. Miro la casa de enfrente y veo salir a la hija de la vecina, vestida con la típica falda mía y tops que no cubren casi nada. Ella mira en nuestra dirección y se levanta la falda, dejando al descubierto el encaje de su liguero.

—Esa nínfula quiere dártelo.—observa Ronan luciendo igual que yo.—Y no es hoy.

—Ella no es mi tipo.—No me gustan las rubias. No son mi tipo. Prefiero las morenas.

—Dice otro Robert.—Mira descaradamente a la hija de la vecina.—Ven aquí, monada.

Sonriendo, camina hacia mi casa. Haz twerking y haz que tu cabello se balancee con el viento. No es fea, se la podrían joder. Quien sabe un día.

—¿Me llamaron?—masca chicle y enrolla un mechón de cabello con el dedo. La típica chica que quiere ser guay y guarra. Odio a la gente que masca chicle así.

—Escuché que pronto recibirán visitas.—Sopla el humo de un cigarrillo de marihuana, cerca del rostro de la niña. Sus mejillas comienzan a ponerse rojas mientras intenta contener el estornudo.

—La hija del hermano de mi padre viene a visitarnos.—Pone los ojos en blanco y luego pone una sonrisa en su rostro.—Viniendo del interior de Ottawa, no sabe nada de la vida.

—¿Qué día llegará?—Pregunta. Le encanta tener sexo con sus vecinos. No le importa la edad y mucho menos el estado civil.

—Hoy.—Mira el reloj digital en tu muñeca.—Ese songa monga debe estar en camino desde aquí, llegará en poco tiempo.

—Veo que tienen una buena relación.—Ronan se sienta y sienta a la niña en su regazo. Ella va de buena gana y abre las piernas, de cara a mí. Hago como que no veo y vuelvo a mirar la piscina.

—Es toda mentirosa, falsamente tímida que sólo engaña a tontos.—Le quita el cigarrillo de la boca y le da una calada. —No me gusta desde que éramos niños.

No digo nada, ignorando su presencia.

Fumo mi cigarrillo en paz, hasta que la gacela me toca el muslo con la suela de su zapato. La miro enojada.

—¿Y el gatito no habla?—Le aparto el pie de mi regazo con fuerza.—Y es agresivo. En la cama también debe ser así, me encanta.

—¿Sin ocupación ahora?—Ronan pasa su mano entre las piernas de la chica, sin ninguna ceremonia. Ella asiente y él sonríe: —Nos vemos en un momento, hombre.

—¿No quieres venir?—me pregunta.

—Si quisiera, no necesitarías preguntar.—Sonrío al final y ella se ve avergonzada, Ronan se ríe y arrastra a la niña a mi casa.