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Capítulo 3

– sí, soy más… – nada más, te está esperando – dice

Clarisse llamó a su puerta y escuché un "por favor, pasa".

Tenía mucho miedo de no querer trabajar para alguien con esa primera impresión.

Estaba sentado en una mesa enorme con tres computadoras y varios teléfonos celulares, como si uno de ellos fuera a sonar en cualquier momento.

Su rostro estaba en su computadora y sumergido en ella.

Tan pronto como entré a la habitación, pude oler su perfume, que parecía un toque de madera.

– Señor – dice Clarisse mirándolo y luego él le hace un gesto con la mano, haciéndola salir de la habitación.

Tan pronto como Clarisse se fue, me dejó sola en medio de la habitación, haciéndome sonrojar, su mirada estaba fija en mí, en la cual me evaluó de pies a cabeza, sorprendida y perpleja con una mirada enojada.

– ¿Estás bromeando, viniste a pedir dinero? – dice colocándose la mano en la nuca

– Te juro que no sabía que eras tú. De hecho, si lo hubiera sabido, no habría venido. Vine por Clarisse que habló del trabajo.

- voy a fingir que creo. Siéntate. Si me conviene, podría considerar contratarla.

"De nada, pensé, confundido y un poco enojado"

Me acerqué a una silla, que estaba frente a él y luego me senté en ella, mis manos estaban sudorosas al igual que mi frente.

– si realmente viniste por el trabajo, debes saber que espero que tengas algo en tu currículum – dice, frunciendo el ceño – ¿cómo las mujeres no pueden conseguir las cosas de la manera más fácil?

"más fácil, no quería pensar mucho en esa frase porque sabía lo que significaba y si pensaba mucho no conseguiría ningún trabajo en mi vida, no si los jefes fueran hombres"

– Vine por el trabajo y eso es todo. Bueno, he trabajado con niños, soy licenciada en pedagogía de una de las mejores universidades de aquí, hablo claro.

– Entonces, ¿por qué estás en paro? – dice con una sonrisa cínica.

"No podría decir que fue porque no tenía experiencia en el papel, ni siquiera tendría oportunidad, una pequeña mentira no haría ningún daño, pensé"

– Yo… yo estaba… No tengo muchas deudas y tengo gente que cuenta conmigo. Pasamos por muchas necesidades... como hambre y otras... necesidades... – Termino de hablar, ya esperando una mala respuesta de la gente que no creía en nada, pero mi conciencia estaba bien porque no mentí. , poco.

- ¿hambre? Mmm. Miré tu expediente, e hiciste algunas prácticas en algunas escuelas, que eran muy adecuadas hasta que… – dice levantándose de su silla y acercándose a una mesa.

– sí, fue una experiencia muy fructífera – digo que ni siquiera lo sé con seguridad

– Hmm – dice, vertiendo un poco de bebida en su vaso – ya conoce señorita Hansen, pago muy bien para que mis empleados hagan todo lo que quiero, si quiere trabajar aquí tendrá que seguir mis reglas – me había dado una hoja con algunas reglas

- no entres a las habitaciones ni a mi oficina sin que te llamen

- trabajarás tiempo completo

- mantén cierta distancia conmigo

- no quiero que me hables sin mi autorización

- no quiero un buenos días o un buenas tardes, compórtate como un empleado

"- Dios mío, esto es una broma - pienso, terminando de leer el periódico"

– Haré todo lo que esté en mi mano – digo apenas terminé de leer las reglas, que eran un poco extrañas para mi gusto.

– y otra cosa muy importante sin novios, eres joven y no quiero salir en las revistas del corazón con una criada malhablada

Suspiro profundamente y recuerdo que Empresas Ospino es una de las más ricas del país si no la más rica, y no todas las empresas tenían un CEO como Fabricio, guapo, atractivo y rico por mucho que me negara a hablar en voz alta, él era muy guapo.

– No tengo novio – digo después de mucho tiempo

- ¡yo espero que no! – exclama entrecerrando los ojos ante los míos.

Hoy comenzaría mi primer día como niñera de Alice. Me puse un vestido azul claro que llegaba hasta la rodilla y usaba zapatillas blancas. Me lavé el pelo, lo trencé y me puse un poco de rímel.

Mi padre y mi hermana estaban durmiendo, así que decidí despertar a Ya, ya que ella tenía escuela. Apenas la desperté fui a la cocina y hice dos tostadas con café, apenas terminé de comer salimos de casa, rumbo al colegio, dejando a Ya en la puerta del colegio, me dirigí a casa del señor Ospino. casa.

Toqué el timbre y pronto me encontré cara a cara con Clarisse.

– Hola niña, está bien, pasa, pasa. Quieres algo de comer – dice un poco nerviosa

- No gracias. ¿Y el señor Ospino? - Pregunto

– Ah, ya se fue a trabajar – dice

– Hmm… – respondo.

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