Capítulo 2
—¿Mi reacción a qué? También, hola Nico. ¿A quién necesito aprobar para ti? —dice Damiano. A mi hermano gemelo, al que no reconozco. —Hola Dami —dice Nicolás. Le devolví su teléfono. —Ustedes dos se conocen —Los miro a ambos.
—Es como mi jefe. Recuerda también que no sabes quién es mi mejor amigo. —Mis ojos se abrieron de par en par. —No me dijiste que tenías una hermana gemela. Dijiste que tenías una hermana menor con problemas mentales —dice Nicolás. —No nos reconocemos como hermanos, y yo soy qué... —digo.
—Tu madre te dejó caer varias veces cuando eras bebé, así que algo anda mal contigo. —Damiano abraza a Chiara. Llevan saliendo años. —Tenías que hacerte amiga de un imbécil. Bueno, tiene sentido, ya que tú también lo eres. —Suspiro. Matteo se acerca a nosotros.
—Cariño, tenemos que hablar —dice. —Si son malas noticias, no hay problema —respondo. —Es más bien una pregunta —dice. No tengo ganas de hablar con él ahora mismo. —Puedes decir lo que quieras delante de nosotros —dice Chiara. Él suspira. —¿Es cierto que aceptaste hacer una declaración sobre sexo con el chico nuevo? —pregunta.
—¿Qué? —gritan Chiara y Damiano —No tuve otra opción, créeme, no quiero —digo—. Oí que el profesor te preguntó si estabas de acuerdo o no y dijiste que sí —dice él —.
—Ella ha hecho mucho por mí, así que por supuesto que dije que sí. Es un maldito proyecto, ¿por qué actúas como si fuera algo tan importante? —digo.
—Hablar de sexo con otro hombre es algo muy serio, sobre todo cuando tienes novio —me grita. —Matteo, cuidado —dice mi hermano. —No te metas —responde.
—¿Te vas? ¿Por qué te importa? —le grité. —Si le vuelves a gritar, no acabará bien —dijo mi hermano. Aunque nos despreciemos, nos queremos. Sobre todo él, me protege.
—Como si tú no hicieras lo mismo —dice él —Al menos él no casi la estrangula cuando está borracho —dice Chiara, tapándose la boca inmediatamente al darse cuenta de lo que ha dicho.
—¿Qué dices? —dicen Nicolás y mi hermano a la vez. Damiano empieza a acercarse. Me pongo delante de él. —Déjalo pasar, pasó hace tres meses, estoy bien —digo, y él me mira. Me asusta cuando se enfada. Ha matado a mucha gente en su vida. —No, no lo voy a dejar pasar. Nadie te toca y espera que lo deje pasar —dice.
—Se va y no lo volverás a ver —le digo. Él niega con la cabeza. —Ya no quieres verlo más, no quiero que estés cerca de él —siempre intenta controlarme. —Eso no va a pasar. Tú no controlas con quién salgo —.
No puedo dejar a Matteo por un pequeño incidente que ocurrió hace tres meses. Damiano mira a Nicolás. ¿Por qué lo mira? ¿Acaso necesita su aprobación? Nicolás niega con la cabeza.
—Si me entero de que te hizo algo más, acabaré con su vida. Sabes que lo haré —me susurra.
—¡Fiesta en mi casa esta noche! —Enzo se acerca gritando. Se detiene y nos mira —¿Vienen todos, verdad? —pregunta. —Sí, venimos —respondo, y se va.
—No, tú no —dice Matteo. Nicolás se acerca —Me llamas idiota, pero sales con un idiota de verdad. ¿Tienes libertad en esto? —dice. Nadie le preguntó.
—Matteo, vamos a hablar a solas. —Lo arrastro a una habitación. —¿Qué dijiste? —pregunté —Sé que me van a volver a romper el corazón. —Bueno, si me hubieras dejado hablar a solas, te habría dicho lo que quería decir —respondió.
—Lo cual es... —digo confundida —Me voy en tres días. No nos veremos a menudo, ¿cuándo crees que...?
—Te dije que no lo soy -lo interrumpí. —Pero cariño, han pasado seis meses, casi siete, hemos estado juntos -dice,
—No es no —me marcho. Los hombres solo quieren a las mujeres por su cuerpo. Siempre decía que no le importaba que yo aún no estuviera lista para tener sexo. —Bianca —me llama por mi nombre. Miro a mi hermano y él ve las lágrimas en mis ojos. Miro hacia donde estaba Nicolás y ya no está. —Bia —escucho a Chiara llamarme. La ignoro.
Salí corriendo del campus y me adentré en el bosque cercano. El pueblo no permite que nadie construya nada en este terreno debido a las historias aterradoras que circulan. Aquí es donde suelo venir a fumar y encontrar paz. Me acerqué al estanque y divisé una figura familiar apoyada en un árbol.
Notó mi presencia y se dio la vuelta. Es el chico nuevo, Dios, ¿por qué tiene que estar en todas partes? ¿Cómo llegó aquí tan rápido? ¿Acaso una chica no puede llorar sola?
—Bia —Oigo a mi hermano llamándome. Es el único que piensa que está bien llamarme Bia. —Bia —Chiara me llama. Sus voces se hacen más fuertes. Los veo y empiezo a alejarme. —Bianca —dijo mi hermano y me quedé paralizada.
Me doy la vuelta y lo miro con furia. Sabe que no me gusta que me llamen así. Me trae recuerdos que no quiero recordar. Aparto la mirada y me quedo mirando al suelo. Lo único que no puedo hacer es mentirle. Él me conoce a la perfección y yo lo conozco a él. Dicen que es cosa de gemelos. Sé que si lo miro demasiado tiempo, me pondré a llorar.
—No me mires —dice, y yo le devuelvo la mirada. Nos quedamos mirándonos fijamente durante unos treinta segundos. Se me llenan los ojos de lágrimas. Me muerdo el labio inferior para contener un sollozo.
Se acerca a mí y me abraza. Escondo mi cabeza en su pecho. Una de sus manos me acaricia la espalda, mientras que la otra se enreda en mi cabello. —¿Por qué los hombres solo me desean por mi cuerpo? —pregunto en un susurro. —Yo me pregunto lo mismo —responde.
—¿Es malo que no esté lista? —sollozé ——Oye, mírame —me levantó la cabeza —Es normal, cada persona es diferente. Estarás lista cuando llegue el momento. No te fuerces —dijo.
—Parece que se odian, pero él haría cualquier cosa por ella. Son gemelos perfectos. Mató por ella y lo volvería a hacer. Nadie toca ni lastima a su hermana menor, su hermana gemela. Aún no ha lastimado a Matteo porque significa algo para ella —escuché decir a Chiara. Seguro que se lo está contando a Nicolás.
—¿Crees que estaré lista? —pregunto. —Sí, lo estarás. Ahora deja de llorar antes de que realmente vaya y acabe con su vida. Una lágrima más y lo haré —dice. Me seco las lágrimas rápidamente. —Ahora sonríe —dice. Puedo sentir la mirada severa de Nicolás sobre mí. ¿Por qué me mira así? —Bia —dice mi hermano —Deja de llamarme así, ya no somos cinco. No me oyes llamarte Dami —se ríe.
—No, ustedes dos son Tina y Dami. Dami y Bia. Bianca y Damiano. Ustedes son los gemelos Catacazi —dice Chiara, y Nicolás empieza a reír.
—Cualquiera que se llame Nicolás no debería reírse —dije, volteándome —Mi nombre tiene un buen significado y es común de donde vengo —añadió.
—Sí, imbécil —respondí. Chiara se ríe —¿Qué le hiciste? ¿Por qué te odiamos? —dice. Me reí cuando dijo "nosotras". Ella ya lo odia porque yo lo odio. —No hice nada, ella chocó conmigo —dice.
Lo que estaba a punto de descubrir la dejaría sin aire.