Capítulo 5
Mis pies permanecen quietos y me vuelvo para mirarlo.
- Padre. - Digo acercándome a él. - Dime, ¿por qué hay otra mujer que se une a nosotros para comer? -
—Es mi asistente , Valeria . Ten buenos modales —dice mi padre defendiendo a la mujer.
- No hace falta dos y dos para descubrir que te acuestas con ella.- digo mirándolo, devolviéndole la misma firmeza que él tiene en sus palabras .
-Valeria ahora no es el momento.-
- Estás subestimando a los Navarro ¿sabes? - Respondo señalándolo con el dedo.
La rivalidad entre nuestras dos familias es fuerte y en estos momentos es inquebrantable.
Personalmente nunca me importó hasta Dante. Navarro empezó a atacarme personalmente.
— ¡ Basta! —dice haciéndome retroceder un poco.
- Será mejor que no traigas a esa puta a cenar con nosotros.- Digo alejándome y volviendo a mirarlo.
Solemos sentarnos afuera para cenar los domingos si hace buen tiempo. Veo las hojas del árbol caer al suelo. De todos los colores.
Todos han tomado asiento en la mesa. Yo, que estoy sentado junto a mi madre. Yo, que estoy sentado justo al lado de mi padre.
Sin mencionar al asistente de mi padre, Elisa, que se sienta frente a mi madre, justo al lado de mi padre.
Irónico.
Cojo el cuchillo que está junto a mi plato y empiezo a cortar el filete que mi madre ha preparado para cenar. Las cenas de domingo suelen ser algo que mi madre y yo hacemos, ya que la mayor parte del tiempo estábamos solas en casa.
A veces mi padre se unía, pero era muy poco frecuente. Entonces, ¿por qué invitaría a alguien? No a cualquiera, sino a otra mujer de mi edad aproximadamente.
-Valeria , tu padre y yo nos alegramos de que hayas regresado a Puerto Bruma.- dice mi madre alegremente .
No es que odiara vivir en Puerto Arce, simplemente prefiero vivir en Puerto Bruma. No solo está más cerca de mis amigos y familia, sino que me hace sentir como en casa.
Y eso trae muchos recuerdos.
Bueno y malo.
Mi padre responde, dándole un mordisco a su jugoso filete. —Sí , lo somos. ¿ Cómo va el trabajo, Valeria ?
- El trabajo va bien, sólo tengo muchas reuniones. - Respondo clavando con fuerza el tenedor en la comida.
- Tendrás que contratar un asistente. - Dice volviendo su atención al suyo. - Mira lo genial que es Elisa. - Sonríe.
He aprendido a ser independiente desde niña. No necesito un asistente.
Mi cara se tensa y paso mi lengua suavemente contra mi mejilla forzando una sonrisa.
Miro los ojos azules entrecerrados de Elisa, que penetran el alma de mi padre con una breve sonrisa. Luego miro a mi padre, que se esfuerza por mantenerse concentrado.
Desagradable.
—Apuesto a que sí. —Digo poniendo los ojos en blanco, y al hacerlo, siento ganas de vomitar en el cubo de basura más cercano. Tomo otro trozo de filete del plato.
—Gracias señor Santillán, pero la mayor parte del mérito es suyo por ser un jefe increíble. —Dice mientras sus mejillas adquieren el mismo color rosa claro que tenían la última vez que me mencionó el nombre de mi padre.
Admiro a mi padre en su trabajo. Es un gran hombre de negocios y siempre lo ha sido.
Él asiente en respuesta.
Llega hasta cierto punto.
-Señora Santillán usted es una chef increíble, ¿ dónde aprendió a cocinar? -le pregunta Elisa a mi madre.
Mi mirada se dirige hacia mi madre que ahora tiene una sonrisa en su rostro dirigida a Elisa.
No odio a mi padre, pero a veces siento una profunda antipatía por él, la mayoría de las veces.
Sonriendo mi madre responde. - Gracias querida, he aprendido todo lo que necesitaba saber de mi madre. - Después de decirlo, aunque baja la mirada hacia su plato.
Mi madre me dice que nuestro vínculo le recuerda el que tenía con su madre antes de que falleciera.
A mi abuela no le gustaba la relación entre mi madre y mi padre. No le gustaba nada mi padre y creía que no era apto para mi madre, aunque tenía mucho dinero. Mucho más de lo que creía mi madre en aquel entonces.
Mi madre argumentó que estaba enamorada de mi padre y que no le importaba lo que nadie dijera porque él la trataba bien y la hacía sentir querida.
En el momento.
- Tienes mucha suerte de tener una familia tan hermosa señora Santillán . - dice alegremente Elisa con un pequeño puchero mirándonos a todos.
Bella por fuera pero fea por dentro.
¿Porque esta chica habla tanto?
¿Cómo podría una mujer siquiera acceder a hacer semejante cosa sin sentir remordimiento alguno?
—Gracias , Elisa, es muy amable de tu parte decir eso —reconoce mi madre.
Me muevo en mi silla ajustando mi postura a una mejor.
-Valeria , veo que hoy no te trajo Alessandro.- dice mi padre con calma prestándome atención.
Sí, Alessandro es mi chofer, pero no necesito que me lleve a todos los destinos como si fuera un niño.
—Bueno , ya soy una mujer adulta, ¿no? —le pregunto, escarbando un poco las verduras del plato y entrecerrando los ojos.
Él se ríe levantando su copa de vino. - Sí, eres Valeria . -
No diría que tengo una relación cercana con mi padre. Sí, aunque ha estado en mi vida desde que nací, al mismo tiempo parecía que no.
Antes de poder responderle a mi padre, me cautivó la imagen de su asistente susurrándole algo al oído.
Él se ríe en respuesta.
¿Delante de mi madre?
Fijo mi mirada hacia mi madre que parece estar de espaldas al jardín.
Mi dedo golpea el tablero de la mesa y yo inclino ligeramente mi cabeza hacia un lado mientras los miro a ambos con una mirada vidriosa.
Alejándose de mi padre, Elisa dice en su tono alegre habitual: - Es agradable verte de nuevo, Vane, te ves impresionante .
Pero Vane no había venido a negociar.
