Capítulo 5 Tu y yo
Entro a su despacho sin tocar y él no
percibe mi presencia. Se ve muy concentrado en la pantalla de su portátil. Lo
observo durante unos segundos. Me gusta lo que veo.
Los dos primeros botones de su camisa están
desabrochados, contemplo parte de su pecho y siento calor. Las mangas se
encuentran enrolladas a la altura de sus codos y su cabello se ve rebelde y
sexy. La temperatura de mi cuerpo asciende.
-¿Qué sucede? -Pregunta desconcertado clavando su
mirada en mí. Sonrío con malicia y me acerco lentamente hacia la parte
delantera de su escritorio. Veo como mira mis piernas y mi escote, mi plan
comienza a funcionar.
-Pensé que podríamos hacer algo
juntos. -Susurro, mientras que le entrego una copa de vino. Me mira y no dice
nada. Sé que funcionará.
-Leyna… -Intenta protestar, pero le
indico con el dedo que se calle. Bebo un sorbo del contenido de mi vaso y luego
me siento en la mullida silla justo delante de él. Cruzo mis piernas de manera
provocadora, veo como sus ojos se cristalizan y me deleito cuando su lengua
moja su labio inferior. Me desea.
Él se pone de pie y se acerca a mí.
Sonrío al verlo venir. Mi plan funciona.
-¿Qué quieres exactamente? -Pregunta a solo unos centímetros de mí.
-Mírame.
Me pongo de pie y dejo la copa a un
lado. Es más alto que yo, pero con los tacones que llevo mis labios llegan a su
mentón y aprovecho para besarlo ligeramente.
Muevo mi cabeza y posiciono mi boca
sobre su oreja.
-Tócame. -Le digo con la voz cargada
de excitación. Tomo una de sus manos y la llevo hasta mi seno derecho. Él lo
aprieta suavemente y cierro los ojos. Estoy excitada, más de lo que creí que
podría estarlo alguna vez.
Aparto mis labios de su oreja y por
un instante huelo su colonia. Es masculina y hace que lo desee más que antes.
-Bésame. -Murmuro, mientras que
disfruto de tocar su torso y sus brazos con las palmas de mis manos. Él
permanece quieto, pero veo que me desea.
Mueve su cabeza y hace caso a mi pedido anterior. Deposita un leve beso
en mi cuello, me muevo para darle más acceso. Abre la boca, siento como sus
labios y su lengua succiona y miman mi delicada piel.
Con sutileza comienza a besar mi
clavícula y desciende en un ligero reguero de besos hasta que se topa con la
tela de mi bata. La aparta a un lado dejándome el hombro izquierdo al
descubierto, su beso toma intensidad y mis leves jadeo ahora son más sonoros y
exactos.
-Fóllame. -Digo finalmente. Su boca
encuentra la mía y cuando siento su lengua dentro de mi cavidad, muevo los
labios, la puerta del despacho se abre y oigo la voz del mendigo viejo que
acaba de llegar a arruinar mi noche de sexo.
-¡Cuanto lo siento! -Exclama parado frente a
nosotros a pocos metros de distancia.
Mi esposo deja de besarme y luego
levanta mi camisón, cubre mi hombro al desnudo y se coloca delante de mí a modo
de protección.
-Tío. -Dice Alphonse en evidente tono
de incomodidad. Me volteo hacia el tipo y veo que está rojo de la vergüenza.
Sabe lo que estábamos haciendo o lo que íbamos a hacer y lo arruinó.
-Cuanto lo siento, acabo de llegar y
creí que estabas solo. -Dice en dirección al alemán ahora mal humorado.
-Descuida, tío. No te preocupes. Leyna
y yo ya nos retirábamos. -Le informa y luego se acerca un poco más a mí.
Fulmino al vejestorio con la mirada. Quiero que sepa que estoy muy molesta, él
lo nota y observo complacida como sus nervios afloran enseguida.
-Leyna. Mil disculpas. -Murmura
incomodo y luego cierra la puerta del despacho.
No puedo creer lo que sucede. Mi plan
estaba funcionando, me sentía con deseos de hacerlo una y otra vez, él también
quería que tengamos sexo y luego todo se esfuma en menos de tres segundos. No
sé qué decir, siento deseos de matar a alguien, tal vez lo haga. Arruinaron mi
momento y lo peor de todo es que estoy segura que no podremos intentarlo de
nuevo.
Observo a mi esposo por un segundo.
Está inmóvil a mi lado y no hace nada por evitar que la noche se arruine.
Suspiro y luego doy un paso hacia adelante para marcharme, pero él me detiene.
-Lamento lo que sucedió. -Me dice con
sinceridad. Pero no es eso lo que quiero oír.
-Ese es el problema entre nosotros, Alphonse.
Siempre lamentas los errores, pero jamás haces nada para remediarlos. -Digo
cruelmente y él aparta su mano de mí. Sabe que con eso le dije todo lo que
siento en este momento y no tiene nada que aclarar en su defensa.
Salgo del despacho y subo las
escaleras. Llego a mi habitación y rápidamente me quito mis zapatos y los
arrojo a un lado con furia. Entro a mi tienda individual y me desnudo. Ya no
necesito nada de esto. Tomo mi pijama de algodón que consiste en una musculosa
y unos shorts cómodos y luego me quito el maquillaje. Pienso en lo que sucedió,
reproduzco en mi mente los besos que me dio antes de que nos interrumpieran y
asumo que es la primera vez que siento algo así.
Me acuesto en mi lado de la inmensa
cama centrada en medio de la habitación y me cubro hasta la cintura con las
sabanas. Solo pienso en lo ocurrido y me cuestiono a mí misma. Sigo sintiéndome
vacía, no obtuve lo que quería y eso me decepciona.
No nos queremos, ni siquiera nos
conocemos y eso hace que me sienta miserable. Llevo casada un año entero con
ese hombre, ambos fingimos muy bien y sé que no somos iguales, pero no
funciona, simplemente no funciona.
Alphonse entra a nuestra habitación
varios minutos después. Aprovecho la oscuridad del cuarto y cierro los ojos
para fingir estar dormida. Lo oigo moverse de un lado al otro. Luego escucho el
agua caer y más tarde, percibo que se acuesta a mi lado en la cama. No me
muevo, apenas respiro, estoy molesta y no encuentro otra forma de canalizar mi
enojo.
-¿Leyna? -Murmura, mientras que
palmea mi brazo un poquito. No digo nada. Quiero que piense que estoy dormida-.
¿Cariño?
La palma de su mano acaricia con
dulzura mis hombros y mi brazo izquierdo. Eso me desconcierta, pero no me
muevo. Espero a que deje de tocarme como rara vez lo ha hecho y cuando siento
que se voltea hacia el otro lado y suspira, por fin me tranquilizo y me duermo
de verdad.
