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Capítulo 2

—No estoy sola —miento.

—¿Oh, no? No veo a nadie contigo. —No me cree. Me vuelvo un momento hacia la barra y noto a un chico pidiendo una bebida.

—Mi novio está ahí, pidiendo una bebida.

El chico sigue mi mirada y vuelve a reír.

—No te creo.

Vuelve a tocarme el brazo y tengo que apartarme otra vez. Finalmente se abre un hueco entre la multitud y puedo alejarme más. Sin embargo, cuando me voy, me giro hacia ese pervertido y me doy cuenta de que me está siguiendo.

Frente a mí está el chico que había señalado antes. Está de espaldas y está solo. El chico casi me alcanza así que hago lo primero que me viene a la mente. Me acerco al chico que está sentado en la barra, le pongo una mano en el hombro y cuando se da vuelta lo beso.

Mantengo los labios pegados a los suyos hasta que veo marcharse al chico borracho. En ese momento me alejo y miro el rostro de quien besé. Es hermoso. Me mira con sus ojos esmeralda muy abiertos y sé que tengo que decir algo. —Lo siento mucho, estaba este chico que me estaba molestando... —Sus labios vuelven a posarse sobre los míos antes de que pueda terminar. Esta vez, cuando se separa, la confundida soy yo.

—Pero ¿qué demonios...? —me tapa la boca con la mano.

—Cállate y sígueme el juego. —Ni dos segundos después, una chica alta y morena se detiene junto a nosotros.

—No pensé que nos encontraríamos aquí esta noche Sully, ¿es esta la chica con la que estás saliendo? —Los miro, confundida.

—Sí, ¿no se suponía que saldrías con Evander? —El chico que me besó se pasa una mano por el pelo. Parece avergonzado.

—Sí, al final vinimos aquí y conseguimos una mesa, ¿tú también quieres venir?

—No es necesario, nos íbamos.

—Bueno, es una pena pero te veré mañana por la mañana en la playa. Claro que tú también estás invitado...

Ella espera que el chico diga mi nombre, pero no hay manera de que eso suceda, así que intervendré. Mi nombre es Elara.

—Encantada, Elara. Entonces nos vemos mañana por la mañana. —Saluda al chico con un beso en la mejilla y luego se marcha.

Siento que el chico me aprieta la muñeca y, acto seguido, me arrastra hacia fuera. Él parece enojado, pero yo también.

—¿Podemos aclarar qué demonios acaba de pasar? —le pregunto liberándome de su agarre.

—Eso debería preguntártelo yo. Lo has arruinado todo. —Lo que dice no tiene ningún sentido.

—¡Te pedí disculpas y te expliqué por qué te besé pero fuiste tú quien lo hizo por segunda vez! —Ahora estoy gritando.

—¡Ahora cree que eres mi novia, mierda! —Realmente no me escuchó y eso me pone nerviosa.

—Solo dile que no.

—¡No puedo! —exclama pasándose una mano por el pelo.

—¿Y por qué diablos no pudiste?

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