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Capítulo 01: Los chicos nuevos.

Katherine.

Viernes, 25 de Septiembre de 2015.

Presente.

Algunas veces me sentaba frente a la ventana a ver como la lluvia caía, preguntándome cómo iba a morir, y si mi muerte llegaría a ser interesante.

Vivo en el país de Obsiditlant en un pequeño y modesto pueblito llamado: «Gravity Olson». Un pueblo muy bonito, al menos para mi agrado. Población «1.130» habitantes. Lo sé. No son muchas personas, ¿pero qué se espera de un pueblo pequeño? He vivido aquí desde que tengo memoria. Yo nací en este lugar… Por eso aprecio a Gravity Olson con nostalgia.

El clima en Gravity Olson no era tan bueno que digamos, ya que siempre llovía y no dejaba de hacer frío, y por las noches había neblina en los bosques de alrededor. Vivo con «Colton», quien es mi padre. Con respecto a mi madre... Ella nos abandonó cuando yo sólo tenía dos años. Pensar en eso me pone algo triste, ya que literalmente nunca la conocí. A papá le duele bastante que ella nos hubiera dejado, y por eso nunca hablamos de mamá.

Por otro lado, la preparatoria de Gravity Olson es un instituto excelente, con buenas personas y buenos profesores. Además, ahí conocí a mi mejor amiga: «Olivia Williams», con quien he tenido muchos años de bonita amistad.

Olivia es de mi misma edad. Y me hace recordar a una de esas pelirrojas de películas Estadounidenses, porque es bastante deseada en la preparatoria por lo llamativa que es, a diferencia de mí, que probablemente soy la amiga fea. No me considero exactamente una chica fea, ya que tengo la suficiente autoestima como para sentirme cómoda al verme en ropa interior frente al espejo de mi dormitorio. Pero no me imagino siendo igual de atractiva que una modelo Francesa.

Por otro lado, sé que no la he nombrado. Pero tengo una hermana menor, su nombre es «Jade», y sorprendentemente es bastante pálida. Su cabello es de un negro carbón, y sus ojos son azules claros. No la había mencionado porque nosotras siempre vivimos peleadas, supongo que no nos llevamos muy bien, a pesar de que yo era la hermana mayor, y ella fuera la que tratara de hacerme la vida cuadritos siendo una gótica chica rebelde.

Yo le llevo un año a Jade, y aunque ella no lo querría saber, yo la quiero mucho. Después de todas las peleas que tenemos constantemente, era mi dulce hermana menor. Y sabía que no nos parecíamos en nada, y no lo digo simplemente por nuestras personalidades. Porque ella es pálida y yo morena, sus ojos son negros y los míos cafés. Pero mi padre nos dijo de pequeñas que Jade fue la que más salió parecida a nuestra madre.

Volviendo nuevamente a mí, acabo de empezar la secundaria. Las vacaciones de verano lamentablemente terminaron, y las había disfrutado como nunca antes. Leyendo un poco de literatura romántica en mi habitación, y escuchando una y otra vez las canciones de BTS. Ya habían pasado casi tres semanas desde que iniciaron las clases, y todo era exactamente lo mismo. Lo típico. Nadie nuevo en la zona porque este pueblo no era para nada conocido, y ya aquí todos nos conocíamos perfectamente. Eso lo hacía un poco aburrido a decir verdad, porque tenía que ver siempre a las mismas personas todo el tiempo.

Por suerte, tenía a la mejor amiga del mundo.

Era por fin viernes, mi día favorito de la semana. Y no era sólo eso... ahora se volvió mi día «súper hiper mega favorito», porque hoy es mi cumpleaños. Así es, recién cumplo los dieciséis, aunque odie ir a fiestas, tener que relacionarme con personas, y siga permaneciendo virgen… Sí, virgen a estas alturas de la vida.

Ya quería ver a Olivia y pasar el resto de mi día con ella. Será fantástico. Pero, algo dentro de mí esperaba que hoy fuese ciertamente diferente, porque me había cansado de la monotonía. Lo aburrido de mi día a día. ¿A caso tenía que tener sexo y ser la más zorra del colegio, para poder tener una vida medianamente entretenida? Pensé con incredulidad, y me eché a reír para mis adentros por las locuras que a veces pensaba.

Estaba segura que hoy sería como cualquier otro día, a excepción de que era mi cumpleaños. Olivia seguramente intentaría hacerme una fiesta, cosa que yo le pediría penosamente que no hiciera, ya que no me gustan mucho ese tipo de cosas. Así que Olivia aceptaría a regañadientes. Y al volver a mi casa mi hermana y mi padre, me esperarían con un pastel. Luego soplo las velas, y ahí terminaría todo. Creo que hasta contarlo era aburrido, ¿pero qué más podía hacer sí detestaba las fiestas, y vivía en un pueblo pequeño?

No me gustaban las fiestas por lo idiotas que eran los chicos en ellas, y aunque algunas veces consideraba ir a una. Me lo pensaba mejor, y no quería relacionarme con todos esos chicos machistas de la preparatoria. Por eso estoy segura de que moriré virgen, y sin haber tenido ni un sólo novio a mis dieciséis años.

Quizás, por eso fantaseaba con que alguien nuevo llegase, y que las cosas cambiaran mucho. Qué estúpida soy.

Estaba tan perdida en mis pensamientos, que en un parpadeo ya estábamos frente a la preparatoria. Mi padre nos había llevado en su auto deportivo, y enseguida Jade y yo nos bajamos del coche para entrar a lo monótono. Claro, que antes me despedí de Colton dándole un beso en la mejilla, mientras que Jade se bajó sin decir nada como siempre. Y entonces, cuando Colton echó a marchar el auto, y se perdió en la esquina. Las peleas con mi rebelde hermana comenzaron de nuevo.

Mi hermana la rebelde empezó a discutir conmigo, ya que ella quería ponerse esos horribles pírsines en las orejas, los labios, la nariz y la ceja. Qué la hacían lucir demasiado fatal, y le causaban problemas adentro del colegio. Por eso mi padre le exigía que se quitase esas cosas, y ella se negaba como en cada día diciéndonos que no nos metiéramos en su vida.

Porque Jade era una rebelde sin causa.

—¡Jade, detente ahora mismo! —le exigí con el ceño fruncido. Mientras que no dejaba de perseguir a la pelinegra por todo el estacionamiento del instituto, para que se quitase esos horribles pírsines que no le quedaban para nada bien.

—¡Ya déjame en paz, Katherine! ¡Y búscate una jodida vida! —Jade me gritó con firmeza, sin tan siquiera volverse hacia mí. Ella sólo se aferró a su mochila con severidad, y se fue caminando rápido hacia adentro con esa apariencia de chica Emo.

¿Quién diablos era Emo a estas alturas?

—¡Jade! —le grité por última vez. Y la pelinegra caminando más rápido, levantó la mano y me sacó el dedo del medio antes de perderse de mi campo de visión entre el gentío de estudiantes—. ¡Demonios! —me detuve, porque no iba a perseguirla como una lunática—. Nunca se puede hablar con esa niña. —dije con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

Mientras tomaba un poco de aliento por esa ardua caminata de perseguir a Jade en el estacionamiento, hasta la entrada del instituto. Le echaba un ojo a mi perfil de Facebook, viendo que tenía algunas felicitaciones en mi muro de personas con las que sólo me había hablado en los pasillos, porque yo era amiga de Olivia. Sí, eso había sido por mero interés, pero al menos reaccionaban a mis publicaciones y eso me hacía sentir que no era una Don nadie.

De pronto, escuché un «¡Feliz cumpleaños!» detrás de mí, y cuando me volví hacia esa dirección me encontré con los ojos color avellana de mi mejor amiga. De la nada había aparecido por mi espalda, y me asustó un poco cuando me gritó así de repente.

—¿Y esa cara? —me preguntó elevando una ceja, y con su dedo indice señalaba mi ceño que seguía fruncido sin darme cuenta.

—Perdón, Olivia. —suspiré para dejar el estrés—. Es sólo que Jade sigue comportándose de la misma manera. —dije decepcionante, mientras que guardaba mi celular en mis pantalones, para luego mirar fijamente a la pelirroja a los ojos, y hacerle una mirada de perrito para que me ayudase como siempre lo hacía.

—¡No! ¡Otra vez esa carita, no! —Olivia se quejó—. Vamos, Kath, sólo por ser media amiga de Jade no significa que le deberé decir que no use esos accesorios que tanto le gustan. Y que no se vista como si fuera a ir a un concierto de Rock. —respondió, con una sonrisa que sabía que era para convencerme de que no le siguiera rogando.

Pero, yo continué con mi carita de perrito. Ya que siempre funcionaba.

—¡Por favor! ¡Por favor! ¡Dime que sí! —rogué una y otra vez hasta que ella accediera, haciendo pucheros.

—¡Demonios, Kath! —se volvió a quejar, pero yo sabía que me ayudaría—. No le puedo decir que «no» a esa jodida cara. —farfulló, decepcionada de sí misma por perder ante mis encantos—. Dios, Katherine, a veces eres un poco manipuladora. —dijo, rodando los ojos.

—Pero así me amas. —terminé de decir por ella, sonriendo. Y la pelirroja me sacó la lengua antes de entrelazar nuestros brazos, diciendo:

—Bueno, Kath. ¿Qué esperamos? Hoy es un día especial, así que siéntete la chica más diva de todo el instituto. —dijo, y comenzamos a caminar con seguridad hacia el edifico. O, más bien, era la pelirroja la que se veía bastante segura luciendo esa blusa, falda y tacones de la mejor manera posible. Mientras que yo no hacía más que ocultar mi cuerpo en suéteres largos, y ropa holgada. Porque no sabía cómo me sentiría si todos esos hombres me mirasen de la misma manera en la que estaban viendo a Olivia en éstos momentos.

Después de entrar a la preparatoria y que todos como siempre se quedasen mirando a Olivia. Fuimos a la cafetería a comprar dos lates sin espuma y con mucha azúcar.

—Mmm, ¿qué te haré? —murmuro Olivia de manera dubitativa, mientas que nos sentábamos en una de las mesas de la cafetería para beber nuestros lates.

—¿De qué hablas? —musité, dándole un sorbo a mi late.

—¿Qué no es obvio? —elevó ambas cejas, y yo estuve segura a qué se refería—. O sea, hay que hacerte... ¡Una party!

—Sabes lo que pienso de eso. —dejé escapar de mis labios enseguida, sin darle muchas vueltas al asunto de siempre.

—¡¿En serio?! —chilló con el ceño fruncido—. Kath, ya debes salir de ese cascaron. Debemos ir a fiestas, hacer besos de tres, alocarnos. Y lo más importante... ¡Ser divas! —dijo, haciendo énfasis al final para luego utilizar sus encantos conmigo.

—Sabes que no diré que "si" —hice comillas imaginarias con los dedos—, por nada en el mundo, así que no sigas utilizando tus encantos. —agregué con una sonrisa triunfadora, ya que la pelirroja no seguiría insistiéndome.

—Demonios, Kath. —sonrió melancólicamente—. Yo sólo quería hacerte una fiesta en la casa del lago de mi mamá, pero tú como siempre lo estás arruinando... —mencionó, y por su manera de decirlo, sabía que la había desanimado un poco. Pero yo realmente no quería estar rodeada de música fuerte, alcohol y personas desconocidas hablándome.

—Sólo no quiero llamar la atención. —musité un poco triste, porque no me gustaba pelear de esa manera con ella. Después saqué mi celular, y comencé a revisar mis redes sociales en silencio.

Revisaba las redes y tomaba mi late, para esperar la hora de entrar a Matemáticas. Odiaba pelear de esa manera con Olivia, ella era mi mejor amiga y no me gustaba que nos peleásemos. Pero, no quería tener una fiesta… Mientras que la pelirroja hacía la tarea de Matemáticas, cosa que había hecho por adelantado, y le había prestado. Yo estaba revisando mi Instagram sin mucho que hacer. Hasta que de pronto desvié la mirada de la pantalla táctil, y al ver tal escena mis ojos se abrieron como platos. Porque quedé impactada al ver a Jade con un cigarrillo en la boca, y abrazando a «Patrick Bostick».

Y no era sólo eso. Ella estaba sentada en la mesa de él. Esa jodida mesa de los drogadictos, alcohólicos y adictos a la promiscuidad.

Patrick era uno de esos chicos Emos que estudiaba conmigo, él no era de fiar. Ni muchos menos de confianza, ya que no entraba a clases para drogarse detrás del instituto con su grupo de amigos. Patrick era una muy mala influencia para Jade, así que no podía dejar que las cosas se quedasen así. Me levanté rápidamente y me encaminé con enfado hacia esa mesa de Patrick, donde estaba mi hermana sentada en su regazo. Al llegar rápidamente a la mesa, todos dejaron de reírse y me miraron a través de sus ojos pintados de negros y sus vestimentas que claramente gritaban: soy Emo.

—¡¿Qué demonios estás haciendo, Jade?! —le arrebaté el cigarrillo de la boca y lo eché al suelo—. ¿Por qué estás juntandote con ellos? —repliqué, y enfadada de que nunca me escuchase la sujeté del brazo y la bajé por la fuerza del regazo de Patrick; quien me miraba con indignación absoluta—. ¡Le diré a papá lo que haces!

—¡¿Qué diablos te pasa, Katherine?! —espetó deshaciéndose de mi agarre—. ¿Quién te crees? No puedes venir y controlarme, ¡no puedes hacerlo! ¡No puedes y no lo harás! —me dijo con su tono de voz fuerte, mientras al igual que yo me miraba fijamente.

—No te entiendo, Jade, trato de ayudarte y tú fumas. Eso es inaceptable de tu parte, y lo peor es que estás con Patrick. —señalé haciendo énfasis al final.

—Para que sepas, el cigarrillo que tenía no estaba encendido. Sólo lo tenía en la boca para presumir. —susurró, mirándome con los ojos humedecidos. Y yo me sentí un poco extraña cuando entonces me dí cuenta de que la estaba dejando en ridículo con esos muchachos, que nos estaban mirando como sí fuésemos unas raras—. Jamás fumaría, Katherine... ¡Y Patrick es mi novio! —terminó diciéndome con una expresión dolida, y de esa manera me apartó de su camino tomando su mochila. Y se alejó rápidamente cuando los chicos de su propia mesa comenzaron a reírse de ella.

Eso me dejó un mal sabor de boca, y no supe sí ir detrás suyo.

—¿Ves lo que haces...? —Patrick intentó decirme, pero yo le lancé una mirada fulminante, y solté:

—Cierra la boca, Patrick. —le interrumpí seriamente. Y después me alejé devuelta a mi mesa, con las mejillas coloradas de vergüenza.

Cuando regresé a mi lugar y me senté en la mesa, Olivia comenzó a bombardearme con sus preguntas.

—Guau, está caliente el ambiente. ¿Qué sucedió allá? —cuestionó con curiosidad, mientras que esperaba una pronta respuesta de mi parte.

—¿Qué no escuchaste? —dije con el ceño todavía fruncido. Mientras que seguía mirando con desprecio hacia la mesa de Patrick; quien me estaba señalando con sus amigos haciéndome caras y muecas como si estuviéramos en la primaria. ¡Qué infantil!

—Kath, sé que algunas personas los estaban viendo, pero discutieron de una forma bastante discreta a mi parecer. —respondió, y eso me dejó sorprendida ya que pensé que había montado un espectáculo en la cafetería.

—Fue un problema con mi hermana y Patrick, no hay mucho que contar. —respondí sin importancia, desviando la mirada de esa estúpida mesa, para volverme hacia Olivia; quien me dí cuenta se puso bastante seria de un momento a otro.

¿O era dolor lo que veía en su rostro?

—Ah, está bien. Bueno nos vemos. —me contestó seriamente. Para después levantarse de la mesa e irse, algo que me dejó aún más triste de lo que ya estaba.

Perdóname Olivia. No quiero hacer de mis problemas, tus problemas... por eso es mejor que no sepas nada sobre ésto.

Me había quedado sola en la mesa, sin nadie en ella. Me sentía sola, y una mala hermana y amiga porque nadie más que yo me había buscado ésto. Después de que Olivia se fuera me quedé a esperar a que el timbre sonara, ya que no tardaría en hacerlo. Además, no quería estar en otro lugar, porque la cafetería estaba casi vacía y Patrick se había ido con sus amigos.

Sólo esperaba a que el timbre sonara en mi soledad, hasta que detrás de mí apareció «Leila Palmer» para sentarse a mi lado. Leila era la única amiga que tenía aparte de Olivia. Su cabello era rubio y sus ojos eran negros, y en ellos normalmente siempre estaban unos lentes rojos.

—¡Katherine, escucha! ¡Ya vienen! —chilló con emoción, sentándose a mi lado como una loca—. Los chicos son súper guapos ¡y la chica también! ¿Y adivina qué? ¡Estudiarán con nosotros! —dijo Leila con una gran sonrisa de oreja a oreja.

—Cálmate no entiendo, Leila. ¿Y dónde estabas metida? —dije un poco seria, ya que no me importaba mucho lo que la rubia decía.

—¡No importa dónde estaba! Lo que importa ahora son los nuevos, porque mi detector de chicos guapos localizaron a dos y... ahí vienen. —me contestó con una sonrisa desquiciada, para luego controlarse y mirar expectante hacia la entrada de la cafetería con ojos enormes.

No había entendido mucho, ya que Leila estaba hablando aceleradamente. Además, sabía que no debía ser de mucha importancia, ya que la cuatro ojos siempre estaba acosando a los chicos del instituto. Sin embargo, lo que sí me sorprendió y no pude creer, fue escuchar que eran nuevos.

¿Pero eso era cierto? ¿Son nuevos?

Por eso, miré expectante a la entrada de la cafetería como Leila lo hacía, y en un parpadeo, apareció una chica muy hermosa. Su piel era extremadamente pálida, y su cabello negro se veía más liso que la seda misma, sin contar esos enigmáticos ojos verdes que captaron mi atención por completo. Al entrar aquella chica a la cafetería, todos los que todavía estaban ahí se le quedaron mirando fijamente. Porque lucía como la modelo de alguna revista Francesa a la que todos envidiarían. Ella pareció ignorarlos y se sentó en una mesa que estaba frente a la de nosotras.

Sin embargo, lo que me dejó atenta a la entrada fue cuando vi pasar a dos chicos luego de ella. El más esbelto de los dos, era moreno, y parecía ser muy fuerte debido a los músculos en sus brazos. Era tan fornido que estaba segura que era un maestro levantando pesas. Mientras que el otro muchacho, era más bajo y delgado, sin muchos músculos que envidiar. Pero hubo algo en él que me atrapó cuando le vi entrar lentamente con su compañero, caminando de una manera tan elegante que eran simplemente atractivos a primera vista. Porque ese chico delgado, de cabello castaño dorado. Por alguna razón… Me gustó.

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