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Capítulo 01 | La Piedra del viento

Arturo pegó un salto en su cama, inhalando con fuerza sujetando el collar en su pecho, pasó un momento en lo que estabilizó su respiración, miró la hora y faltaban diez minutos para las seis de la mañana.

Otra vez había tenido aquella pesadilla de la última vez que vio a sus padres, se sentó en su cama y miró por la ventana, podía ver los techos de otros edificios aledaños que eran iluminados por el crepúsculo mientras las luces de la calle se apagaban.

El día de regreso a clases era hoy y Arturo comenzaría el tercer año de preparatoria lo cual lo ponía nervioso, pero su actitud no demostraba lo que sentía, iba a una nueva escuela y todo lo que había pasado en pocos meses le habían quitado las ganas. Fue cuando escuchó la puerta de entrada abrirse y cerrarse en cuestión de instantes, era su tía que iba a su trabajo.

Arturo soltó un suspiro, se levantó tallando sus ojos oscuros y se dirigió al baño que estaba girando a la derecha saliendo de su cuarto, entró y lavó su cara con el agua fría del lavamanos, después puso pasta en su cepillo y comenzó a lavar sus dientes mientras miraba su piedra desde el espejo, colgando de él desde aquel día. Una piedra color verde agua de forma ovalada con un extraño símbolo tallado y atada a una cadena de plata bien cuidada.

Al terminar salió y fue a su cuarto, tomó la ropa que vestiría hoy, era una camisa de marca Rombos blanca de media manga con rombos verde agua haciendo dos líneas formando una equis en su pecho, su pantalón de mezclilla y unas botas de color pardo que apenas sobrepasaban sus tobillos.

Acomodó su collar debajo de la camisa no sin antes darle un beso, tomó su mochila para el primer día y por último conectó sus auriculares a su teléfono para salir de su departamento cerrando la puerta detrás de él. Solo dio unos pasos por el pasillo para pedir un elevador que lo llevaría desde el octavo piso a la planta baja para salir frente a su edificio.

El sol ahora comenzaba a iluminar la ciudad para empezar un nuevo día de agosto, a esa hora poca gente caminaba por la calle, la mayoría iba llenando los camiones o embotellando calles principales con sus autos, Arturo prefería ir caminando hacia su escuela a solo un par de kilómetros de ahí.

Mientras caminaba por aquellas calles escuchaba música mirando los edificios de no más de diez pisos de colores opacos, con ventanas pequeñas ideales para que la mayor gente posible en esta zona en el centro viva al alcance de todo.

Siguió caminando ahora por las calles menos concurridas hasta dar vuelta a la derecha llegó a cierta calle la cual estaba desierta por el ataque reciente de hace dos días, era una calle comercial con cristales de aparador recién repuestos e incluso una tubería del suelo que estaba siendo reparada por unos obreros a esas horas. Arturo tuvo suerte de no haber estado cerca cuando sucedió.

Estos ataques habían comenzado hacía dos meses con el primero en la base naval en Veracruz, después dos ataques más en Ciudad de México, siguió con un ataque a León, otro a Sinaloa, luego a Coahuila y el más reciente a Nuevo San Bernardo, Nuevo León. Estos ataques constaban de: Sin previo aviso algún civil era envuelto en cristal creando un lobo casi igualando en altura a una persona en promedio, que comenzaba a rastrear algo para después comenzar un destrozo en la zona donde se convirtió, estos no atacaban a la gente, pero los destrozos eran los que aumentaban la cuenta de heridos por estos ataques y por último estos comenzaban a correr hacia una dirección para desbaratarse liberando a la persona inconsciente y sin recordar nada sobre lo ocurrido.

Desde el primer ataque la gente en todo el mundo se conmocionó y aterrorizó ante la idea de estas cosas sobrenaturales. Este último tiene a la gente de Nuevo San Bernardo asustada, a lo que el alcalde pidió calma y mandó gente del ejército a patrullar las calles, y habían estado haciéndolo desde antier. De hecho, pasando por una tienda de conveniencia Arturo se encontró con uno saliendo con un café para esa mañana.

Este tema a Arturo le intrigaba más que asustarlo, era algo de lo cual quisiera saber más, pero nada ayudaba la información que se tenía al alcance, nadie sabía que tenía que ver una cosa con la otra o porque la gente se convertía en lobos de cristal, en especial ¿Por qué solo en México? ¿Qué destino universal hacia a México el objetivo de los ataques?

Siguió caminando por la calle mientras se veía a si mismo reflejado en aquellos nuevos vitrales, hasta volver a otras calles más concurridas llenas de gente que iba a donde debía, en los dos carriles esperaban un par de autos para pasar debido a un semáforo en rojo, en cambio, una luz peatonal color verde dejaba pasar a los transeúntes.

Arturo comenzó a recordar cuando pasaba ahí con sus padres no hace mucho, aun cuando seguían con él se sentía acompañado y feliz, eso le hizo alentar el paso. Por otro lado, un conductor queriendo avanzar soltó el freno e iba avanzar un poco presionando el claxon cuando se presionó demás el pedal y se dirigió hacia Arturo apenas él dándose cuenta.

Arturo apenas miró el auto cuando estaba a centímetros de él, se reflejaba en el parabrisas, lo cual asustó Arturo al punto que puso sus brazos como si fueran a protegerlo cerrando los ojos, entonces algo salió dentro de él, una energía.

Una corriente de energía recorrió el cuerpo de Arturo y viento salió de sus palmas empujándolo lejos del auto, pero la gente ahí vio que el auto lo había empujado, pero él sabía bien que había pasado. Y no entendía el porqué.

El auto frenó y Arturo estaba poco más de tres metros delante de este, ileso y aun de pie lo cual al darse cuenta lo aterrorizó bastante, no sabía cómo había sucedido, temblaba por lo que había pasado y al ver el semáforo cambiar a verde se quitó de inmediato cruzando la calle, el auto arrancó y se fue en un estruendo hecho por su motor.

Arturo respiraba con dificultad, miraba sus palmas con miedo, él había sentido ese viento propulsarlo de alguna manera ¿Hasta qué punto estos sucesos extraños lo iban a atormentar?

Estos sucesos extraños habían llegado con esa piedra hace un mes, fue cuando intentó bañarse, se la quitó y al salir la olvidó en el baño, todo para que saliera extrañamente en su buro junto a él, o cuando la dejó en el departamento de su tía intencionalmente para ir al mercado con ella y apareció en su bolsillo de camino.

También las innumerables veces que el viento lo golpeaba en los días más tranquilos o como cuando estornudó y las hojas de un árbol verde frente a él salieron volando en grupo.

Todas estas cosas desconcertaban a Arturo y no le encontraba explicación o lógica al punto de evitar el tema diciendo cosas como: , y . En definitiva, él sentía en el fondo que no había sido una casualidad o algo parecido, al contrario, algo sobrenatural…

“Ya no sé qué pensar” pensó diciéndose así mismo.

Arturo recobraba el aliento cuando un auto se detuvo frente a él, mientras aún tembloroso observaba la calle mientras apenas se quitaba los audífonos. De la puerta trasera bajó un chico joven, su piel era más blanca a la de Arturo y su cabello era negro como el carbón y sus ojos eran café claro, usaba un suéter negro con el cierre abierto dejando ver una camiseta azul marino debajo, unos jeans azules y tenis blancos. Él era el tipo de persona que le preguntan por qué sonríe, pero en ese momento lo hacía de manera ligera caminado hacia Arturo con sus manos en los bolsillos de su suéter. El no vio a Arturo ser empujado, vio lo que sucedió en realidad.

—¿Todo bien? —preguntó él un poco más serio.

—… Sí, creo.

—No pareces muy seguro.

—Estoy bien —dijo alzando un poco su tono para no sonar inseguro.

—Es normal que tu Piedra te proteja de esa manera —fue como un susurro, pero lo dijo de una manera como si fuera cosa de todos los días.

—¿De qué hablas? —Arturo se había extrañado ante la afirmación del chico.

—Tú sabes, lo de las Piedras del poder —dijo mostrando su mano con varios anillos y en uno había una Piedra azul marino con forma de rombo, lo cual combinó la cara de Arturo entre miedo y confusión—. No tienes una ¿Verdad?

—La verdad no sé de qué me hablas —pero tenía una pequeña idea flotando en su cerebro, pero no quería pensar en eso. Por su parte, el chico miró algo consternado a Arturo, estaba seguro de lo que vio y no era cosa de todos los días.

—Bien, voy a la preparatoria oficial, te podemos dejar de camino, con esos sustos no deberías hacer esfuerzos —dijo sonriéndole, cambiando el tema debido a que entendió lo que pasaba. Que el chico no sabía que él iba a esa preparatoria en particular le dio algo de confianza y además implicaba un aventón gratis a la preparatoria le daban razones para aceptar sin agregar que le agarró curiosidad a lo que dijo sobre “las Piedras del poder” por lo que decidió aceptar de aquel chico que le parecía amigable.

El chico de ropa azul lo invitó a entrar al auto donde un chofer, un hombre ya entrado en edad que usaba un traje formal y gorro para trabajar, esperaba al chico con la puerta abierta para llevarlos a la escuela.

El auto arrancó y ambos estaban en la parte trasera, sin saberlo, al mismo destino.

—Me alegra que aceptaras, me llamo Daniel —dijo dándole la mano para saludar.

—Arturo —dijo respondiendo el saludo.

—Solo por saber ¿A dónde vas?

—A la preparatoria oficial, de hecho.

—Genial, apenas entras hoy ¿Verdad? —dijo juntando sus palmas con una gran sonrisa.

—Sí… ¿Cómo lo supiste?

—Jamás te he visto en la prepa, fue una corazonada.

A Arturo le comenzaba a gustar la conversación, después de mucho tiempo podía hablar con alguien de su edad, aunque en el fondo seguía pensando en el accidente de hace rato y lo que dijo Daniel, pero ya encontraría otro momento para preguntarle.

—Y… ¿Qué te gusta hacer? —siguió Daniel.

—Mmm, me gusta mucho la música así que por lo general la estoy escuchando mientras hago prácticamente cualquier cosa —respondió—, y a ti ¿Qué te gusta hacer? —preguntó Arturo.

—Practico natación por las tardes, también me gusta la música y bailar —la expresión alegre que parecía imborrable se volvió más seria—, aunque a mi madre no le gusta demasiado eso.

Los padres de Arturo lo apoyaron con lo que fuera, su papá le enseñó a tocar guitarra y a su mamá le encantaba escucharlo practicar, la cara de Arturo se había puesto seria también al recordar aquellos días.

—No conozco muchos chicos que bailen por diversión, solo en fiestas —siguió ahora Arturo.

—Ni yo, pero al igual que la opinión de mi madre —luego cantó—. No me interesa.

—¿Practicas canto?

—No, vengo de una… familia de cantantes —dijo riendo—, no es broma, practicaba hace mucho, pero me dejó de gustar.

Por otro lado, Arturo, estaba interesado en practicar más canto, en cuanto se trataba de materia de música era lo peor que se le daba, pero era lo que se quería dedicar el resto de su vida, era lo que le apasionaba y muchas veces en su vida le habían dicho que tenía talento en otras áreas de la materia. Ahora con su situación, no había posibilidad, con lo que ganaba su tía y la pensión por cuidar de Arturo alcanzaba justo para vivir bien, no había dinero para esos gastos.

Fue entonces cuando el auto se detuvo frente a la preparatoria.

—Vamos —dijo él señalando la escuela con el pulgar.

Daniel y el chofer bajaron, Arturo solo les siguió, bajó para estar a solo unos metros de la escuela mientras el chofer sacaba la mochila de Daniel de la cajuela del auto para dársela, Daniel se la colgó en un hombro, le agradeció al chofer y Arturo también.

Ambos caminaron hacia la escuela, era un terreno grande donde había cuatro edificios medianos de dos plantas con salones, formando un cuadro de concreto para un patio, lo demás del terreno era área verde donde a la izquierda había una cancha enmallada.

Ambos entraron junto otros estudiantes, a travesando el área verde de diez metros de anchura por un camino de concreto, frente ellos tenían el edificio A que tenía dos entradas una de dónde venían y otra hacia el patio, entraron al edificio y había un gran pasillo con escaleras hacia el segundo piso de cada lado donde había seis salones por lado, aunque en este edificio, el espacio de tres salones eran ocupados por la cafetería de la escuela y del otro lado otros tres espacios frente a ellos eran ocupados por las oficinas administrativas y dirección, donde había mucha gente afuera viendo algo en la pared.

—¿Qué es eso? —preguntó Arturo a Daniel.

—Deben ser las listas de grupos, hay que checarlas porque también dice en que salón nos toca. Todos lo checan por si los cambiaron de grupo o algo así. Te busco, dime tu primer apellido y semestre —dijo Daniel.

—Orozco, en quinto.

Entonces Daniel caminó entre la gente donde buscando en las listas de quinto semestre sus apellidos, una peculiaridad de esta escuela era que impartían los seis semestres con cuatro grupos de preparatoria al mismo tiempo provocando tener muchos alumnos al mismo tiempo, después de unos minutos encontraron sus nombres en la lista de 5°D junto a su horario, debido al tumulto Daniel apenas pudo tomar una foto al horario pegado debajo de la lista y salió para enseñársela a Arturo.

—Nos tocó en el D a los dos —dijo acercarse Arturo abriendo la galería de su teléfono.

—¿En serio? —preguntó incrédulo, pero alegre viendo la foto con el horario.

—¿Te la envió? —preguntó Daniel con su teléfono en mano.

—Después, ya te daré mi número luego igual vamos al mismo grupo.

—Genial ¿Verdad?

Ambos caminaron hacia el patio en el centro en la escuela que era muy grande y tenía jardineras y muchas bancas, siguieron derecho hacia su salón el 3-C en el edificio C, al llegar solo caminaron al salón junto a las escaleras, donde estaba ese salón y entraron para ver solo unos cuantos estudiantes como ellos, desde las ventanas se podía ver el área verde y la barda perimetral iluminados por el radiante sol en el cielo despejado.

En ese momento Arturo notó como sus propios ánimos sin saberlo habían subido ¿Era Daniel y su amigable forma de ser con él? ¿O era la emoción del primer día? Tal vez ambas.

Daniel se sentó en el tercer lugar en la primer fila y Arturo se sentó junto él, mientras algunos alumnos entraban el par intercambiaron números, fue cuando Daniel le envió la foto y Arturo miró con un poco de desilusión su primera clase en el horario, cálculo.

Fue cuando dieron las ocho en punto y el profesor de cálculo entró, la clase comenzó, el profesor se presentó y los hizo hacer lo mismo, algo que siempre le ha parecido penoso a Arturo, aunque sabía que no era el único que opinaba lo mismo.

Durante la presentación pudo ver a una chica a su lado que le llamó la atención; su nombre era Elena, tenía ojos cafés y un cabello corto teñido en verde que fue lo que le atrajo a ella. Se veía algo apenada, pero aun así les sonreía algo que le pareció lindo a Arturo al punto de sonreír mientras la escuchaba decir su carrera soñada y otras cosas.

—¿Te gusta o qué? —le susurró Daniel en tono burlón cuando el siguiente chico se presentó.

—Pronto para decir eso —le dijo muy pegado al oído para no ser escuchados—, pero ¿No te parece linda?

—Claro —dijo con una sonrisa desviando la mirada para tomar agua de una botella, fueron sorprendidos por un profesor que los calló con un dedo en su boca. Después de las presentaciones comenzaron con una clase introductoria a lo que verían, cálculo en sí por cincuenta minutos.

Acabó el tiempo y el siguiente profesor llegó a dar la clase de comunicación, la siguiente hora la impartió una profesora que nos daría química, y para el final de la clase les entregó una hoja con las nomenclaturas, dieron las 10:30 de la mañana, sonó la campana y ya era hora de receso.

Daniel y Arturo salieron de la clase hacia el patio, el cielo se estaba nublando y hacia algo de viento.

—Oye, voy a la cafetería en el edificio A ¿Vienes? —dijo Daniel.

—Claro —respondió caminando junto a él cuando vio una hoja volando en el aire a unos metros de él, trató de atraparla cuando una corriente la empujó con suavidad a su mano, “Que suerte” pensó.

Al mirarla era la misma hoja de nomenclaturas que les había dado la profesora, miró por encima y vio el nombre “Elena Torres” escrito. Fue cuando llegó alguien frente Arturo, era una chica que usaba una blusa verde y una chaquetilla de color rosa acompañada de unos pantalones de mezclilla y unos zapatos negros, era Elena de hecho.

—Disculpa, esa hoja es mía, el viento me la arrebató —dijo Elena con voz amable y Arturo de inmediato le estiró la mano con la hoja siendo movida por ligeras corrientes de viento—. Gracias —dijo tomándola.

Fue cuando se fue rápido con su par de amigos mientras doblaba la hoja para guardarla en una bolsa pequeña colgando de su hombro, Arturo miró a Daniel emocionado. El otro había regresado sus pasos, atónito por lo que miró.

—Viste eso, fue un golpe de suerte que la corriente me la diera ¿No lo crees?

—Oye Arturo… tal vez tendríamos que hablar sobre algo importante.

—¿De qué hablas? —preguntó ahora preocupado.

—Creo hay algo que no sabes…

Fue cuando las corrientes y el frio aumentaron de un golpe distrayéndolos, la nubosidad había cubierto el sol, fue cuando algo frio cayó en la nuca de Arturo.

Él de inmediato sintió una extraña energía recorrer su cuerpo en ese instante, entonces tocó su nuca, sintió algo sólido y frio como el hielo, que al seguir sintiéndolo en sus dedos los miró y vio como ese cristal, una combinación de: Morado con rosa, verde y azul; empezaba a crecer entre sus dedos. Ambos miraron la escena paralizados y los alumnos cercanos a ellos también lo notaron, Arturo se estaba cristalizando.

—¡Voy por ayuda! —gritó Daniel mientras corría al edificio A y los demás también se alejaron de Arturo que mientras se cristalizaba su brazo en la forma de la garra de un lobo, temía por lo que iba a pasar, pero pensó que todo estaría bien. Trató de calmarse pensando que ayudaría, hasta que el cristal creciente llegó a la piedra en su pecho, este cristal resaltó en verde agua por la energía, fue envuelto completamente en segundos, y a la sorpresa de todos no era un lobo de cristal, era una figura humanoide donde la Piedra estaba en el centro brillando como un faro, mientras, Arturo estaba consiente dentro, pero no podía hacer nada pues la figura de inmediato tomó el control del movimiento, extendió sus brazos a los lados y se comenzó a elevar varios metros en el aire.

Daniel corrió al edificio A y activó la alarma de incendios abriendo la puerta principal dejando a todos evacuar de aquel ataque en progreso. Un protocolo platicado en anterioridad por las escuelas de todo el país.

“Este cristalizado no es como los otros” pensó Daniel que sabía lo que podía hacer y lo que no debía al mismo tiempo, lo que provocaba un debate en su cabeza, cuando su amigo comenzó a disparar unos cristales de sus manos hacia la gente fue cuando Daniel abrió los ojos en par. Los que habían sido tocados por el cristal caían, después brillaban por completo para envolverse en cristal y convertirse en lobos de cristal entre alaridos de dolor.

En ese momento, ver a sus compañeros, especialmente a Arturo, ser convertidos le esclareció la mente respecto que hacer.

Corrió hacia los baños del mismo edificio que estaban cerca de las escaleras, corriendo contra la corriente humana entró para encontrarlos desiertos, pero contrastados por los gritos de afuera mientras los alumnos huían, Daniel miró la piedra en el anillo puesto en su dedo.

Soltó un suspiro concentrándose en su energía y exclamó:

—Piedra actívate —y la Piedra comenzó a brillar en un tono azul brillante a pasar a uno más oscuro para comenzar a flotar y Daniel la tomó entre sus dedos para pegarla en su pecho, entonces comenzó a soltar energía semejantes a corrientes de agua que envolvieron su cuerpo sustituyendo su ropa por un traje de color azul opaco cubierto de piezas solidas color azul marino que servían como armadura cubriendo su cuerpo y en el pecho la Piedra era protegida por un pequeño domo de cristal, además sus orejas eran cubiertas por armadura conectadas en la frente creando el marco para un visor cristalino de color azul tenue protegiendo su identidad.

Salió de los baños tratando de no regresar debido a lo nervioso que estaba, aun así trataba de mantener su mirada llena de determinación, con el pasillo ya vacío tocó el domo de cristal y al separar su mano, un martillo de casi metro y medio hecho de luz blanca con una ligera tonalidad azul se formó en su mano y lo tomó con ambas caminando por el pasillo desierto de la escuela, llegó a la puerta que daba a el patio donde estaba al menos una docena de lobos que lo miraban gruñendo y la figura cristalina de Arturo flotante que sorprendió a Daniel de volver a ver.

—¡Borra-cristal! —la cabeza del martillo se cubrió en un aura de luz blanca.

Daniel corrió hacia Arturo mientras él le lanzaba cristales verdes desde sus palmas, les dio con su martillo y al tocarlos estos desaparecieron, pegó un brinco y golpeó a Arturo en el pecho dando un giro, el cristalizado cayó hasta el piso fragmentando el concreto, en su pecho había desaparecido el cristal y se podía ver la playera de Rombos que usaba Arturo, pero se volvió a cubrir en cristal impulsado por aquella energía verdosa.

“Su Piedra alimenta al cristal” pensó Daniel mientras caía mirando a Arturo incorporarse.

Daniel terminó de caer cuando las bestias se abalanzaron sobre él, reaccionando rápido al mirarlas giró el martillo y golpeaba a todos lobos de cristal usando sus propios brazos con piezas de armaduras para apoyar la vara del martillo y hacer los giros que los golpeaban alejándolos, pero no muy diferentes a Arturo el cristal volvió a crecer mientras se levantaban.

Había un cristal brillando en alguna parte de estas bestias era lo que se llama núcleo de cristal, estos estaban en sus lomos y en Arturo este estaba en la nuca por lo que Daniel pudo ver, el cristalizado volvió a flotar y lanzó más cristales.

Daniel miró como el aura de su martillo se empezaba a desvanecer, se concentró volviendo a incrementar y disparó la cabeza del martillo hacia Arturo, el cual esquivó haciéndolo girar su cabeza 90 grados, entonces Daniel aprovechó esto, creó otro martillo y saltó.

—Te voy a liberar, ¡Borra-cristal!

Al acercarse, golpeó el núcleo de su nuca con fuerza haciendo caer a Arturo hacia el techo del edificio C que estaba mirando y Daniel cayó al suelo solo para saltar otra vez hacia donde lanzó a Arturo.

Al llegar, el cristal del cuerpo de Arturo se desaparecía en luz, Arturo estaba agitado, Daniel se hincó cerca de él y el otro al verlo se asustó más.

—¡¿Quién eres?!

—¿Estas bien? —trató de calmar Daniel al pobre Arturo que no se podía ni levantar apenas estando sentado donde cayó.

—¿Qué me pasó? —preguntó ahora más calmado, estar dentro del cristal le había robado el aliento. Daniel lo ayudó a levantarse dándole la mano para ello.

—Sufriste un ataque —dijo Daniel, pero el otro no entendía—, mejor dicho, fuiste cristalizado.

Arturo se acercó al borde del techo y podía ver a los lobos que no dejaban de mirar hacia él como si le pertenecieran.

—¿Quién los convirtió? —preguntó mirando a todos lados buscando algún culpable.

—Tu, Arturo.

—¿Qué? ¿Cómo lo hice? ¿Cómo sabes mi nombre? —preguntó asustado mientras el otro rodó los ojos y se acercó.

—Soy Daniel —dijo tomándolo de los hombros mientras el otro miraba estupefacto—. Y esto era de lo que quería hablar contigo —dijo ahora señalando los lobos— ¿Esta es tu Piedra verdad? —dijo tomando el collar entre sus dedos mientras incitativamente Arturo se separó de él mientras procesaba todo.

—¿Cómo esta piedra hizo esto? —preguntó tomándola con miedo.

—Alguien más te cristalizó, no fuiste tú, pero piénsalo, lo que pasó con el auto o la hoja de hace rato. Es obvio que eso no es natural.

Arturo no lo podía creer, ahora se masajeaba la cara y Daniel se dio cuenta de que esto tomaría más tiempo que no tenían.

—Sé que te cuesta creerlo, pero necesito tu ayuda.

—¿Qué? —preguntó aterrado— ¿Cómo se supone que yo te ayude?

—También tienes poderes, los del viento supongo… —se detuvo y se acercó a Arturo dirigiendo su oído derecho hacia el borde, Arturo también lo escuchaba, era como cristal rozando entre sí cerca de ellos, miraron hacia abajo del borde y los lobos trataban de escalar por las ventanas. Se alejaron al instante mientras Daniel se ponía delante de Arturo para protegerlo erigiendo su martillo para protegerse.

“Esto es malo, esas cosas, los lobos. Vienen para acá y ahora resulta que Daniel y… al parecer yo, tenemos estas Piedras que nos dan poderes. Parece una tontería… pero aquí lo estoy viendo ¿Por qué mis padres tendrían algo como esto?”

—¡Pruébalo! —le gritó Arturo.

—¿Qué? —dijo sin mirar a verlo.

—¡Dime cómo puedo probar que esta cosa funciona! —exclamó aterrado por el peligro inminente.

—Di “Piedra actívate”, eso debería funcionar —dijo mirándolo, había girado su cabeza, pero lo demás en su posición no.

Arturo comenzó a debatir consigo mismo, una parte del no quería creerlo, no quería verse involucrado en algo tan peligroso y terminar igual o peor que sus padres, él quería vivir una vida normal, por otro lado, él quería saber si esa Piedra, la que le habían dejado ellos, podría ser la entrada a algo que no cualquiera podía o era capaz de tener, un poder que hacia lo que Daniel ahora, ayudar a los demás.

Pero era tarde ya, antes de poder exclamar las palabras, un par de lobos subieron y aprovecharon el borde para impulsarse y derribar a los dos, sobre el suelo los lobos aprovecharon para comenzar a atacar a Daniel, que ocupaba sus manos defendiéndose de las mordidas por lo que no podía invocar otro martillo, entonces trataba de alcanzar su martillo a unos escasos metros.

Arturo se levantó y tomó el martillo tratando de cargarlo con tanta fuerza que pudo, y arrastrándolo se puso junto a las bestias que buscaban de manera insaciable romper el domo de cristal en el pecho de Daniel mientras le aprisionaron las extremidades usando sus patas. Arturo levantó el martillo que casi lo tira para atrás y lo dejó caer contra el lomo de una de las bestias, con esta aprisionada por el peso del martillo contra Daniel, Arturo miró la otra cuando por fin se decidió.

“Si esto es verdad… mis padres tienen que ver con esto. Pero no es momento de pensar en eso, tengo que ayudar a Daniel lo mejor que pueda”.

—¡Piedra actívate! —entonces la piedra en su pecho brilló en azul para pasar a un color verde agua, entonces soltó una energía que simulaba al viento que lo envolvió poniendo en él un traje similar al de Daniel, pero este era verde opaco en el fondo y la armadura verde agua, al salir entre esa energía, el lobo lo miró con rabia de la misma manera que hacía contra Daniel, pero antes de atacarlo Arturo le propinó una patada en el hocico haciéndolo caer lejos estrenando así los tacones de la armadura.

Fue cuando Daniel tomó el martillo y activó el borra-cristal, haciendo que el martillo se hundiera en el lobo deshaciendo su cristal, luego lo levantó y apuntó hacia el otro lobo e hizo que la cabeza del martillo se disparara sacando al lobo de la azotea tirando a otro que subía, en el aire se deshizo por el poder del borra-cristal atravesándolo.

Para cuando Daniel se giró a ver a Arturo, este miraba su armadura sin creerlo aún, cuando se dio cuenta ayudó a Daniel a levantarse.

—Hay que bajar, aún faltan lobos —dijo Daniel mientras corría hacia el borde.

—¡Espera! —Dijo haciendo que Daniel se detuviera a mirarlo justo al borde— ¿Cómo se supone que me defienda exactamente?

—Haz esto —entonces tocó el domo de cristal creando otro martillo para después dejarse caer, un lobo que al verlo le gruñó fue golpeado por la fuerza de caída del martillo de Daniel aplastando al lobo, desde el techo Arturo miraba estupefacto, trataba de lanzarse, pero le daba miedo así que trató por el camino de los lobos a la inversa, bajar por las cornisas de las ventanas, que también le aterraba ir por ahí pero no tenia de otra ya que no había escaleras—. Déjate caer —le dijo Daniel mientras golpeaba más lobos.

Fue cuando Arturo se dejó caer y se sorprendió al ver como caía despacio como una hoja de papel a merced del aire, nada que ver con la caída con fuerza de Daniel, en unos segundos estaba en el suelo, de pie y rodeado de cuatro lobos.

Tomó iniciativa y tocó el domo esperando algo como un martillo, pero lo que se generó fue una espada de luz de un metro o más a ojo, una agarradera con forma de D al fondo del mango, la tomó del mango cilíndrico y lanzó un corte al aire para alejarlos, pero como si hubiese sido una orden el viento propulsó a dos lobos lejos, de la impresión soltó la espada mientras las criaturas detrás de él se lanzaron a él. Tomó la agarradera de forma de D y lanzó otro corte al aire esperando el mismo efecto, pero en cambio la hoja de la espada se estiró y se volvió flexible al punto de parecer la cuerda de un látigo lo que impactó a ambos lobos en el abdomen solo tirándolos al piso.

Arturo miró como al tomar el mango la espada recobraba la forma original, pero en su distracción un lobo se abalanzó sobre él derribándolo, en medio del miedo, comenzó a golpear a la criatura con su espada sin suerte mientras este trataba de morder el domo, pero sus dientes cristalinos resbalaban en el domo, hasta que de un golpe martillo Daniel lo lanzó contra la pared.

—Debes usar tu Borra-cristal —le dijo Daniel mientras le daba otro golpe a un lobo cercano.

—¿Cómo se supone que lo haga? —preguntó aún con miedo. Entonces Daniel sostuvo su martillo con fuerza y exclamo:

—Borra-cristal —y le dio el golpe de gracia al lobo golpeando el cristal brillante en su lomo—. Destruye sus núcleos y es todo.

—¿Qué es un núcleo? —preguntó aun con más miedo sin entender o procesar los conceptos.

—Es la Cristal brillante en sus lomos —dijo con un muy ligero tono de fastidio provocado por la desesperación de la situación, aún quedaban varios lobos y apenas podía con ellos, necesitaba que Arturo espabilara, pero él había entrado de lleno a este mundo, que aunque estaba destinado a ello, se le había negado.

Arturo miró como Daniel corrió hacia otro lobo y miró la espada que sujetaba con ambas manos y... “¿Estoy listo para esto?” Daniel seguía golpeando a los lobos con su borra-cristal, era difícil acceder a sus lomos por lo que apenas los podía golpear en sus hocicos mientras se lanzaban a él.

Fue cuando Daniel escuchó algo que lo sorprendió bastante y se giró al verlo.

—¡Borra-cristal! —Arturo tomó la espada por la agarradera y soltó un latigazo a un lobo, le dio en la mandíbula, y aprovechó esa distracción para acercarse hacia la bestia, tomó la espada por el mango y golpeó el lomo del lobo haciéndolo desaparecer. Otro lobo se lanzó hacia Daniel y entonces Arturo le tiró la ligera espada hacia el lobo atravesándolo por el abdomen y destruyendo el núcleo.

El lobo desapareció y la espada cayó al suelo juntó a Daniel quien logró destruir al lobo contra el que iba, tomó la espada que era pesada para él y se la lanzó a Arturo quien se puso en contra espalda hacia el chico.

—Bien hecho —le felicitó Daniel.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó con un hilo de miedo saliendo de su boca.

—Tenemos que liberarlos a toda costa —dijo mientras los 5 lobos restantes los rodeaban gruñéndoles.

—¿Liberarlos?

—La energía residual formará de nuevo a los atrapados, es bueno que no te contengas contra los lobos.

—Había pensado en eso, pero no veo a nadie aún.

—No hay tiempo para eso.

—¿Qué hago entonces? —Daniel lo pensó un momento ideando algún plan útil.

—Necesito agua, rompe la llave allá —señaló con su barbilla un tubo con una llave al final que estaba sobresaliendo de un jardín lateral al edificio B.

—¿Esa?

—Sí, yo te cubro.

Daniel disparó la cabeza del martillo golpeando a un lobo dejando una brecha para Arturo, que corrió hacia la llave tan rápido como el viento mientras Daniel alejaba a los lobos con un nuevo martillo.

Arturo llegó a la llave y la abrió dejando salir el agua al suelo.

—Necesito más —ordenó Daniel mientras mantenía alejados a los lobos, entonces Arturo intentó patear la llave, pero sin fortuna seguía sacando un caudal similar, entonces con la espada hizo un corte limpio que sacó el agua a chorro, la cual fue controlada en un instante por Daniel, soltó su martillo dejándolo de cabeza y formó una barrera de agua frente a él, que lanzó hacia los lobos atrapando a tres. Arturo maravillado miraba la escena—. No veo a los otros dos.

Arturo buscó con la mirada, pero tampoco los veía, entonces ambos lobos aparecieron rodeando la barrera uno por cada lado, Daniel estaba ocupado con la barrera por lo que Arturo extendió su mano al lobo de la derecha y se concentró en controlar el viento.

Abrió los ojos y el lobo fue propulsado lejos mientras el otro que estaba más cerca salió corriendo hacia él, Arturo le dio un golpe con la espada que lo hizo girar a otro lado, lo pateó y de una estocada rompió el núcleo mientras Daniel rompía el núcleo de los lobos atrapados en el agua dando un toque con su martillo. Cuando el último lobo corrió hacia ellos, el que había estrellado contra la pared, Arturo lanzó su espada derribando al lobo dejando que Daniel destruyera el núcleo con un toque.

Por fin, habían acabado y entonces Daniel deshizo la barrera de agua mientras se acercaba Arturo que veía el caos que quedó en el patio de la escuela, los lobos que se descomponían en luz, los destrozos de la pelea, el agua rociando el patio, nadie dijo nada por al menos un minuto, hasta que la luz de los lobos formó a un estudiante que abrió los ojos y se sorprendió de verlos.

Después de eso más comenzaron a aparecer más por lo que solo con asentir ambos saltaron al techo del edificio C y de ahí afuera de la escuela, al caer la calle estaba desierta pues era el lado opuesto a la entrada donde estaba la multitud.

—¿Y ahora qué? —preguntó Arturo lo cual Daniel mientras sonreía exclamó:

—Piedra desactívate —ante la orden el traje brilló para deshacerse dejando ver a Daniel, Arturo lo imitó también liberándose del traje.

—Ahora me vas a explicar todo esto de las Piedras.

—Claro, pero hay que ir a mi casa por algo…

Arturo estaba lleno de preguntas, miedo y emoción por esto, era una sensación que buscaba entender; su cristalización, los ataques y sus padres. Todo estaba combinado en la Piedra que colgaba de su pecho y trataría de encontrar las respuestas que buscaba.

INICIO DEL ARCO 1 - EL CRISTALIZADOR

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