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Capítulo 2

Se queda estupefacto por un momento, antes de empezar a reír. - ¡ Es una locura relacionarte con tus amigos! - exclama entre risas.

Entrecierro los ojos, porque si él cree que Beth está sana... bueno, se llevará una agradable sorpresa. - Es sólo una demostración de cariño – digo con una mirada desafiante.

Ella intercepta mi mirada pero no hace nada más que extender una mano hacia mí, y yo me acerco a ella y coloco mis labios sobre los de ella, con los ojos abiertos. Todo dura apenas dos segundos, pero es suficiente.

Cuando nos volvemos hacia Connor, éste ha dejado de reír y nos mira de forma extraña. Todos nos echamos a reír mirándolo, hasta que se recupera y sonríe. - De hecho... es algo... que distrae. - Sí, claro, eso dicen ahora.

- Bueno, tenemos que irnos ahora, no queremos que Beth llegue tarde al trabajo mañana por la mañana, de lo contrario necesitará una jarra de capuchino en lugar de una taza. -

Instan a las chicas a salir, mientras la multitud se vuelve más apremiante hacia la salida del club, evitando que Beth haga el ridículo volteándose para comprobar si su novio la está mirando.

Intento evitar a dos chicas borrachas, que intentan en vano beber del vaso de la otra, con las manos cruzadas como en las bodas, para terminar con otro codo masculino peludo de la noche. Miro al cielo, calculando mentalmente cuánto falta para llegar a la puerta, mientras a mi lado escucho un: - ¡Oye, ten cuidado, me desperdiciarás así! -

Éste debe sentirse más genial que los demás... pero todos son idiotas egocéntricos. Resoplo dándole una grosera - ¡Quién te quiere! - sin siquiera darse la vuelta, antes de llegar finalmente a la puerta.

El sábado por la noche salimos solo Beth y yo, ya que Sara tiene una cita y decidimos ir al cine, aunque la película elegida no me entusiasme.

- Según Connor fue una buena película, pero para mí tenía un poco de sentido - comenta al final y tengo que admitir que estoy de acuerdo con ella, aunque no sea eso lo que me llama la atención.

- ¿Solo vinimos a ver esta película porque Connor te la sugirió, entonces? - le pregunto con una mirada maliciosa.

Ella ni siquiera intenta negarlo, ocupada sonrojándose como está.

- Bueno, ayer estuvimos hablando de películas y.. bueno, me dijo que ésta le gustó mucho y me recomendó que la viera.. así.. -

- Así que inmediatamente corriste al cine. Me parece interesante. -

- Vamos, no hagas eso, Elvina. -

- No voy a hacer nada, Beth. Pero tengo curiosidad por saber qué pasó entre usted y su colega de cabello castaño desde el miércoles por la tarde ...

Aprieta los labios, pero sé que me dirá lo que quiero saber.

- Suelta la sopa, vamos – Suspiro mientras entro a un restaurante de comida rápida.

- Ok pero primero pidamos comida, ¿vale? - él pide.

- Cierto. -

Descubro así que ella y Connor, desde la velada en el club, finalmente comenzaron a intercambiar algunas palabras, y que ella parece realmente cautivada por este chico.

No encuentro mucho especial en él, ok es guapo, pero ya no me dejo engañar por ojos bonitos, ya no tengo quince años. Necesita tener cerebro, al menos.

- Bueno, quería tener algo de qué hablar el lunes... ya sabes, si me vuelvo a encontrar con él en las máquinas expendedoras - admite.

- Lo entiendo, lo juro. Pero la película no valía el precio de la entrada - respondo riendo. Ella se une a mí, riéndose también.

- El lunes seré sincero y le diré que la película fue una mierda. No tengo ninguna intención de complacerlo - dice - pero el hecho de que me haya arrastrado para ver algo horrible como el de ahora dice mucho. Como mínimo le dirá que a ella también le gustó la película y acabará viendo películas similares con él, además como amiga. Mala elección.

Me abstengo de comentar pero al final su mirada de cachorrito perdido me hace capitular.

- Beth, no estoy segura de que realmente quieras decirle que no te gustó. Sin embargo, si estuviera en tu lugar sería honesto con él, incluso si eso significara alejarlo. No pasa nada aunque tengas gustos diferentes a los de él. Quién sabe, tal vez podrías sugerir que veamos juntos una película que te guste y ver si él está interesado en venir. -

- ¿Tu dices? -

- ¿Cómo reaccionaste después de que nos besáramos? - pregunto, retóricamente.

- Bueno, a la mañana siguiente me pilló en las máquinas expendedoras y me ofreció un capuchino, aunque ya lo había tomado. -

Entendido. - Luego escuchó lo que le dije. Y te ofreció tu bebida favorita. En mi opinión es un poco interesante. Mantén un perfil bajo y hazte desear, Beth. No seas como esas personas desesperadas que se convierten en lo que el otro quiere sólo para evitar estar solos. Si fuera malo, sería peor. -

- ¡ Pero no estoy perdidamente enamorado! - protesta demasiado fuerte.

- No pensé que tuvieras que convencerme, ¿sabes? -

- No era mi intención, de hecho - responde rápidamente.

- Sólo te digo esto... no te dejes engañar por una cara bonita. -

Me paso las manos por los pantalones, ansiosamente. Llevo casi diez minutos sentado en la silla de cortesía frente a la oficina de personal. Me dijeron que me presentara a las ocho, pero aunque llegué puntual, el empleado está ocupado quién sabe dónde. Tendré que esperar a que termine y venga a recibirme.

Odio esperar. Me pone nerviosa y siempre siento que estoy perdiendo mi tiempo y el de los demás, esperando. Incluso cuando conduzco, si me encuentro con un atasco, elijo la ruta más larga, en lugar de quedarme quieto esperando a que desaparezca la cola.

Tiro de la muñeca de mi camisa para estirarla y sacarla aproximadamente a una pulgada del suéter, mientras miro a mi alrededor. En esta planta están casi todas las oficinas, mientras que abajo están los laboratorios, al igual que la oficina técnica y la oficina de calidades, donde trabajaré.

Me gustaría sacar mi smartphone y leer algo, para pasar el tiempo, pero no quiero dar la impresión de alguien que vive pegado al teléfono, así que finjo estar interesado en el cartel colocado casi delante de yo, que resume en pocas frases la historia y misión de la empresa. Lástima que ya lo leí al menos cuatro veces y ahora he perdido completamente el interés.

- ¿Señorita Pierce? - me llama una voz masculina y salto de la silla, tratando de mantener la espalda recta, mientras me giro en la dirección de donde viene la voz. Pertenece a un hombre de unos cuarenta años, con el pelo oscuro recogido con mucho gel.

- Soy yo - respondo, extendiendo automáticamente mi mano frente a mí, pero él no la estrecha, al contrario pasa a mi lado y me hace un gesto para que lo siga al interior de la oficina.

Cuando entro ya está detrás del escritorio, que ocupa la mayor parte de la oficina y en el que caben cómodamente dos puestos de trabajo, pero parece que está haciendo todo solo. Parece nervioso, pero no entiendo qué pudo haber pasado en diez minutos para reducirlo a este estado.

- Siéntese, por favor. -

Lo miro reorganizar algunas carpetas para dejar espacio a un montón de papeles con mi nombre, así que imagino que son los documentos de mi contratación, a los que suma otros, muchos otros.

Estoy cada vez más impaciente cuando comienza a leer un par de carpetas enterradas debajo de una pila de otras, que parecen estar tiradas al azar sobre el gran escritorio.

- Disculpe, ¿hay algún problema? - Pregunto. Levanta la cabeza, como si hubiera olvidado que estoy aquí y lo hubiera asustado. Empieza a rascarse la cabeza, antes de finalmente girarse hacia mí.

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