Capítulo 5 — La elección del Rey
La noticia recorrió toda la manada incluso antes del mediodía.
El Rey Alfa convocaría a toda la población a una Asamblea de la Luna al anochecer.
Nadie sabía el motivo.
Pero todos hablaban de ello.
Algunos creían que se habían producido nuevos ataques en la frontera.
Otros apostaban por una declaración de guerra.
Luna escuchó los rumores mientras distribuía remedios a los ancianos.
No les dio importancia.
Las decisiones del rey rara vez tenían alguna relación con ella.
...
Kael permanecía solo en su despacho.
La antigua profecía seguía abierta sobre la mesa.
Junto a ella había otro documento mucho más reciente.
El registro de los ataques en las fronteras.
Cinco patrullas desaparecidas.
Doce guerreros muertos.
Dos aldeas aliadas destruidas.
Su reino ya enfrentaba grandes dificultades.
Si la profecía estaba en lo cierto...
No podía correr ese riesgo.
Aunque eso significara destrozar su propio corazón.
Su lobo volvió a rugir.
Ella es nuestra.
— Basta.
Kael cerró los ojos.
Nunca había imaginado que el mayor enemigo de un Rey Alfa pudiera ser su propia alma.
Unos golpes en la puerta interrumpieron sus pensamientos.
— Adelante.
Edric cruzó lentamente el umbral.
— La asamblea está preparada.
Kael simplemente asintió.
El anciano permaneció inmóvil.
Como si esperara que el rey cambiara de opinión.
— Aún hay tiempo — dijo en voz baja.
Kael levantó la vista.
— ¿Para ignorar una profecía que ha protegido este reino durante siglos?
Edric no respondió de inmediato.
Había algo que lo inquietaba desde la noche anterior.
Algo que no conseguía explicar.
Aun así...
Las palabras escritas en aquel pergamino eran demasiado claras.
— Espero que la Diosa nos perdone, Majestad.
Kael respondió sin vacilar.
— No necesito su perdón.
Necesito salvar a mi pueblo.
...
Poco antes del atardecer, dos guardias llamaron a la puerta de la cabaña de Miriam.
— ¿Luna Hart?
Ella se acercó.
— Soy yo.
— El Rey Alfa exige su presencia en la Asamblea de la Luna.
Miriam cerró los ojos por un breve instante.
Era exactamente lo que temía.
Luna simplemente asintió.
No preguntó el motivo.
Recordó las palabras de la anciana curandera.
"Si él manda llamarte... no hagas preguntas."
...
Cuando llegó a la plaza principal, cientos de lobos ya estaban reunidos.
Las conversaciones cesaron en el mismo instante en que ella apareció.
Miradas curiosas la siguieron durante todo el recorrido.
Luna sintió un extraño nudo en el pecho.
Nunca le había gustado ser el centro de atención.
Mucho menos de aquella manera.
En lo alto de la escalinata de piedra, Kael la esperaba.
Vestía el manto negro de la familia Blackwood.
La corona de plata descansaba sobre su cabeza.
No parecía solo un hombre.
Parecía el propio rey.
Los tambores enmudecieron.
Edric dio un paso al frente.
— La Asamblea de la Luna queda oficialmente iniciada.
Kael descendió lentamente los escalones.
Cada paso parecía más pesado que el anterior.
Se detuvo exactamente frente a Luna.
Ella levantó la vista.
Durante un instante, nadie habló.
El vínculo entre ambos parecía casi palpable.
Algunos lobos comenzaron a fruncir el ceño.
Otros intercambiaron miradas confundidas.
Ellos también podían sentirlo.
Fue Kael quien rompió el silencio.
Su voz resonó por toda la plaza.
— Luna Hart.
Ella respondió con calma.
— Majestad.
Él sostuvo su mirada.
Su lobo luchaba desesperadamente en su interior.
No hagas esto.
Kael lo ignoró.
Respiró hondo.
Y pronunció las palabras que jamás imaginó decir.
— Eres mi compañera destinada.
Un murmullo de asombro recorrió a la multitud.
Los humanos no encontraban compañeros destinados.
Y mucho menos el de un Rey Alfa.
Luna permaneció inmóvil.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
Entonces...
Aquello era lo que había sentido en el bosque.
Era real.
Por un segundo...
Una pequeña esperanza nació en su interior.
Pero murió antes siquiera de fortalecerse.
Kael continuó.
Su voz era ahora fría.
Firme.
La voz de un rey.
No la de un hombre.
— Ante la Diosa de la Luna... el Consejo... y toda la manada...
Cerró los ojos durante apenas un instante.
Fue la única muestra de debilidad que se permitió.
Cuando volvió a abrirlos...
Ya no quedaba emoción alguna en ellos.
— Te rechazo como mi compañera.
El mundo pareció detenerse.
Un silencio absoluto cayó sobre la plaza.
Hasta el viento desapareció.
Luna sintió que algo se rompía dentro de su pecho.
Un dolor tan intenso que apenas podía respirar.
No era solo tristeza.
Era como si el propio vínculo hubiera sido arrancado por la fuerza.
Algunos lobos apartaron la mirada.
Otros contemplaban la escena sin poder creerlo.
Nadie se atrevía a decir una sola palabra.
Kael permaneció inmóvil.
Esperando.
Tal vez unas lágrimas.
Tal vez una súplica.
Tal vez odio.
Pero Luna no hizo ninguna de esas cosas.
Respiró hondo.
Las lágrimas que amenazaban con aparecer desaparecieron antes de caer.
Entonces...
Miró directamente a los ojos del Rey Alfa.
Y, con una serenidad que nadie esperaba, dijo únicamente:
— Gracias...
Kael sintió que el corazón le fallaba por un instante.
Luna continuó.
— Gracias por decidir por mí.
Inclinó ligeramente la cabeza.
Como quien daba por terminada una conversación cualquiera.
Después se dio la vuelta.
Y comenzó a caminar.
Sin correr.
Sin suplicar.
Sin mirar atrás.
En ese momento...
Ninguna de las personas presentes lo advirtió.
Pero el viejo medallón oculto bajo la túnica de Edric comenzó a agrietarse lentamente.
