Capítulo 8
—¿Era necesario, o no? - ¡Uy! ¡Lo logré! ¡Lo escuché reír por primera vez! - ¡¿Se está riendo de mí?!
Me hace un gesto para que me levante, pero no le hago caso, jeje. —No prestabas atención, fue tu culpa. —Me da la mano para que la tome, pero lo ignoro y me levanto, porque no quiero parecer descortés. Me limpio la garganta y le quito la mirada. —Venga, vamos a entrenar otra vez.
—¡Claro! imbécil. —Dije en voz bajita lo último—. Valentina, ya lo escuché. —Me flipó cómo pronunció mi nombre. A lo mejor fue por lo intimidante que se puso.
Estaba reventado y me dolía todo al entrar a la ducha. Juan David no se guarda nada a la hora de entrenar. Cerré los ojos y dejé que el agua tibia me recorriera el cuerpo.
Cuando terminé, me puse un vestido cortito. Pues mira, cogí el móvil y vi que me había llegado un mensaje de texto de Alejandro.
Alejandro: Hola, mi amor. Oye, ¿qué te parece si vamos a esa fiesta que van a hacer mis amigos más tarde?
Sonrío y me pregunto qué debería responderle por mensaje.
Yo: ¡Claro! Me encantaría.
Pues mira, yo guardo el teléfono en el bolso y bajo hacia la puerta. Mis hermanos y Juan David probablemente sigan entrenando, así que mejor no los molesto.
Pues nada, que me voy a la reunión y espero a Alejandro allí. Tres minutos después, veo que llega en su coche. Pues nada, lo saludé con la mano y me acerqué a él, abrí la puerta y me senté a su lado.
Me da un beso en la mejilla y me mira. —Eres preciosa. —Me sonreí y me alejé un momentito—. Gracias. Tú también estás genial. —Dale otro beso y arranca el coche. Luego nos fuimos a casa de sus amigos.
Pues cuando llegamos a la entrada, veo a un montón de gente bebiendo delante de la casa. Nunca he sido muy de beber, la verdad.
Salimos los dos juntos del coche y vamos andando hacia la casa. Alejandro me agarra de la cintura con la mano. Entramos y, ¡vaya!, enseguida oigo la música a tope: la peña bailaba y bebía. Incluso se besaban en público.
Alejandro nos lleva a la cocina y coge dos vasos. —No, no bebo. —Lo detengo, asiente y guarda el otro. Tomó el licor y lo echó en su vaso, y lo bebió al toque.
¿Podrías servir otro, por favor? Si no me equivoco, nos estás llevando de regreso, ¿no?
Le pongo la mano en el hombro y le digo:
—Alejandro, mejor no te pongas a beber, ¿vale? Se gira hacia mí y me sonríe mientras me da un beso en la mejilla.
—No te preocupes, cariño, puedo aguantar un poquito de alcohol. Oye, mira, no entiendo por qué no estás escuchando lo que te estoy diciendo y sigues bebiendo.
Miro a mi alrededor y veo a una pareja besándose. Entonces el chico le agarra los pechos. La verdad, no me siento del todo cómoda aquí. Ni siquiera tengo claro por qué dije que sí.
A lo mejor solo quería pasar tiempo con mi novio.
—Oye, hace un poco de calor aquí, voy a salir un rato. Alejandro me hace un gesto con la cabeza y da un sorbo a su taza. Bueno, pues nada, que me piro yo y me voy con los demás alcohólicos.
Me meto entre la peña que hay allí y abro la puerta para salir, pero justo cuando voy a hacerlo, un chico estrella le da un beso a su novia contra la pared, justo al ladito de donde yo estoy.
Miro para otro lado, muy asustada, y me voy hacia las escaleras. Pues mira, subo buscando una habitación donde pueda sentarme tranquilamente. Dos de las habitaciones estaban ocupadas. Entro en la tercera habitación, un poco asustada por lo que podría encontrar, ¡pero qué tranquilidad! No había nadie.
Entro y cierro la puerta, me siento en la cama y ya está. Ni siquiera me importa de quién es esta cama.
—Oye, las fiestas no son lo mío. —Me digo a mí mismo, mientras la temperatura de la habitación sube. Miro un poco rápido hacia la puerta cuando alguien la abre.
Oye, ¿qué tal estás? Mira, Alejandro, aquí tienes un vaso vacío.
Pues mira, voy hacia él con una sonrisa. —Eres tú. ¿Podrías llevarme a casa? Esta fiesta no es lo mío, la verdad. —Mira a tu alrededor, sin mirarme.
—¿Qué te pasa? ¿Estás borracho?
Un mensaje apareció en la pantalla… y el corazón le dio un salto.