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Capítulo 6

Oye, siento mucho si te digo esto, pero no puedo decirte que te amo si no lo siento. Él lo entenderá, ya lo sabes.

Después, abro los mensajes de Mariana y le mando un wasap.

Yo: Oye, Kay, ¿te apetece venir a mi casa? Mis viejos ya se fueron y Samuel… ¡Qué asco! ¿Puedes venir?

Ni siquiera minutos después recibí una respuesta de ella: ¡es rapidísima!

Mariana: ¡Claro que puedo ir! Samuel me pidió que fuera. Ja, ja, ja. ¡Qué va! ¡Ahí estaré!

Puse los ojos en blanco y bajé las escaleras esperando a que ella llegara. Oye, Mariana llegará aquí en un ratito, así que mejor no hagas nada de locos, ¿vale? -Grité para que mis hermanos me oyeran.

Diez minutos después, oigo que llaman a la puerta. Vengo acercándome con una sonrisota en la cara. Pues nada, que abro la puerta y ¡hala! Se me va la sonrisa al instante.

—¡Hola! ¿Qué tal estás? —le pregunto—: ¿Por qué has cambiado de humor de golpe? ¿Estabas esperando a tu novio o algo así? Juan David me mira fijamente, pero sonríe un poquito.

Lo miro y digo, un poco confundida:

—Mi novio está liadito ahora mismo. —¡Vaya! ¡Te levantas una ceja!

—¡Ah! ¿Tienes novio? - Se burla. ¿Es eso un insulto?

Los cierro y lo miro. —¿Qué te pasa? ¿Por qué estás tan sorprendida? —Echa un vistazo a mi silueta, burlándose —dice. —No entiendo cómo alguien podría estar contigo, tan feliz y toda esa onda. —Mira, lo siento mucho, pero eso me ha molestado un poco. Además, siento que estoy cada vez más enojada.

— Oye, ¿qué haces aquí, amigo? —Oye, solo quiero repetir lo que dije hace un ratito. Él sonríe y me dice:

—Tengo una reunión con tus hermanos. Oye, en ese momento justo escuché la voz de Mariana. —Ay, ¿quién es esta, mi amor? - Venga, entra por detrás de Juan David y pégate a la casa.

- No es nadie. Pues mira, lo que hice fue agarrarla y llevarla a mi cuarto.

Cuando llegué a mi cuarto, cerré la puerta a toda velocidad, cabreada, preguntándome por qué estoy molesta y por qué dejé que sus comentarios tontos me afectaran.

Mariana frunce el ceño y se sienta en mi cama. Oye, ¿podrías decirme quién es? Porque parece que te molesta bastante. —Ya sabes, le hablé de él una vez, pero nunca lo vio.

Soplo, me calmo y le respondo: — Ese era Juan David Restrepo. Abre los ojos como platos y casi se cae de la cama. —Oye, ¿qué me estás contando? ¿Que ese tipo es Juan David Restrepo, el asesino del que me hablaste? Pues mira, tengo el asiento y ella sigue mirándome como si no lo pudiera creer.

—No es un asesino en serie, solo mata a mucha gente. —Oye, no creo que eso tenga mucho sentido, ¿sabes? Me parto de risa con mis propios pensamientos mientras Mariana hace como que no, con la cabeza. Mira a tu alrededor y fíjate en el dibujo que hice el otro día. —¿A quién pertenece ese ojo? —Mira el dibujo.

—De Alejandro. —Su sonrisa desaparece al toque—. ¿En serio, Alejandro? —La miro como si dijera que hablas en serio y ella hace como que no le da importancia.— ¿En serio? ¿Por qué no te gusta? —le pregunto con seriedad. —Ya te lo dije, tiene mala vibra. Además, es muy dependiente. —Le sonrío con sorna, y me sale una risita.

—¿Qué tal? ¿No tienes celos? —Me levanta las cejas y se ríe.

—No, ya sé que me quieres más. —Mira, me estás vacilando, ¿no?

—Claro, pero en serio, May, no me hagas esto, por favor. - Menos mal, con la cabeza lo negué.

—Ya veremos —es lo único que te puedo decir por ahora.

No todo el mundo tiene siempre la razón, ¿sabes?

Como Mariana sugirió que viéramos una peli en mi cuarto, hicimos y comimos palomitas de maíz y eso fue lo que hicimos.

—Oye, ¿te acuerdas que te dije que mis padres quieren que vaya de misión con mis hermanos? Pues resulta que se me olvidó mencionarlo. —Lo siento, hablo muy rápido, estoy intentando quitarme esa idea de la cabeza. Mariana gira la cabeza y me mira un poco enfadada. —¡Ajá! ¿Qué pasa?

Te sonrío como si estuviera loca, ¿no?

—Claro, iré yo también. Pues mira, coge un puñado de palomitas y se las mete en la boca como si estuviera diciendo algo así sin pensarlo mucho. - No, no puedes hacerlo, es peligroso. - Intento que no lo haga, pero, como siempre, es muy terca.

Lo peor no fue la verdad… sino quién la soltó.
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