Capítulo 2
—Oye, ¿qué haces tú aquí sola, chica? —Me voy de allí riendo—. ¿Es que una chica no puede pasear si quiere? —Tiene el pelo castaño claro que le cae sobre la frente mientras asiente y sonríe. Es guapísimo, y sus rasgos lo hacen ver aún mejor.
Entonces, yo como que me anime y le digo:
—Oye, ¿y cómo te llamas? Y sonrió y dijo:
—Alejandro, ¿tuyo es? —¿Qué tal? —preguntó.
—Valentina, qué alegría conocerte.
Otro amigo, y aunque te pueda parecer raro que esté haciendo amistad con un chico que conocí saliendo de noche, creo que es muy genial.
Oye, ¿alguna vez te has preguntado por qué estamos aquí? ¿Por qué estamos en esta tierra y qué estamos haciendo exactamente? ¿Algún humano ha pensado en ello?
Pues sí, y la verdad es que aún no tengo muy claro por qué estoy aquí ni qué hago. Lo único que aprendí es que la gente puede juzgarte antes de conocerte y que te pueden hacer daño.
En resumen, solo quiero que me conozcan como Valentina Gómez y no como la hija del jefe de la mafia. Solo quiero ser como todos: una adolescente normal. No quiero que me tengan miedo ni que susurren cada vez que me ven.
Pero así es la vida, ¿no? La vida no siempre es justa, ¿verdad?
~ ~ ~
Cuando el sol me da en la cara, mis párpados se abren bien fuerte y me levanto preparada para afrontar el día. Fui al baño y me miré en el espejo; me había quedado despierta hasta muy tarde y ahora tenía los ojos hinchados.
Después de cepillarme los dientes y lavarme la cara con agua fría mientras espero a que el agua se vaya, me pongo un vestido blanco y me hago una trenza baja.
Voy a poner orden en mi habitación y también voy a escribir un rato para expresarme antes de bajar a desayunar. Mi madre se dio la vuelta justo cuando estaba en la cocina haciendo la comida y me saludó con una sonrisa: — ¡Hola! ¿Has dormido bien?. Se acercó y me dio un beso en la frente.
—¡Claro, mamá! ¿Y los demás, dónde están? —Miro a mi alrededor y, justo cuando ella se da la vuelta para echar un vistazo a la comida, decido soltar la conversación. Oye, tus hermanos están en plan misión con tu padre. —Asiento—. ¿Cuándo no?
La gente pensaría que mi papá es un monstruo cruel, pero no lo es. O sea, está bien con quienes se lo merecen, pero no con su familia. Al fin y al cabo, somos su familia. Y si fuera malo contigo, probablemente te pegaría. ¡Qué va!
Mi madre y yo comimos, recogiendo la comida al terminar, hasta que recordé que tenía que irme. —¡Ah, se me olvidaba! Estaba a punto de encontrarme con Alejandro y Mariana —le di una sonrisa a mi madre, disculpándome. Ella negó con la cabeza y se rió.
—Venga, no te retrases —dice con una sonrisa. Un par de minutos después, salgo de casa y voy hacia el punto de encuentro.
Llegué y, nada más aparecer, vi a Alejandro y Mariana esperándome. Les di un saludo y me acerqué a ellos. — Oye, cariño, ¿qué tal estás? —Alejandro, sonríe y me besa.
—Ya basta, Mariana —digo, fingiendo que vomito mientras la abrazó.
—Soy su novio, puedo besarla —dice Alejandro como si estuviera a punto de reclamarme—. La conozco desde hace más de siete años y creo que me quiere un montón. Mariana se desquita. Nunca los pillaba. Al principio, Mariana no era muy fan de Alejandro, o sea, sigue sin serlo.
Ella dijo que él tenía una vibra rara, y yo le contesté que si ella pudiera decir si la gente era mala o no, podría trabajar de adivina.
Le doy un aplauso y pongo fin a su pelea.
—Está bien, está bien, ¿qué vamos a hacer? —Dejan de hablar y me sacan una sonrisa.
—¿Qué tal si damos un paseo rápido por la ciudad? —¿Qué dices, Mariana? Me parto, tú me conoces perfectamente.
—No puedo decir que no —dice Alejandro, y nos vamos hacia su coche. Yo me siento en el asiento del copiloto, Mariana va atrás y Alejandro conduce. Me encanta cuando arranca el coche y recorre la ciudad. Saco la mano por la ventanilla mientras el viento me acaricia el pelo y abro la ventana, disfrutando del momento.
Y justo ahí, el peligro tocó la puerta.