Capitulo 5. Decaída
Capítulo 5:
Decaída
Una triste agonía, un sentimiento de soledad aplastante. Aunque está rodeada de sirvientes que la idolatran, que la cuidan y la consienten, Kaitlyn se siente sola, vacía, como si nada pudiera llenar ese hueco que crece lentamente en su interior.
“Señora, llegó esto para usted.”
Kaitlyn levanta la mirada. Está dibujando, contemplando el jardín de su enorme mansión, cuando la mujer de servicio deposita un ramo de rosas sobre la mesita. El ramo lleva una tarjeta con el mismo mensaje de siempre: “No olvides que eres el amor de mi vida.” Ella sonríe, pero es un gesto irónico. Ha recibido ese mismo mensaje en cada ramo, como si no hubiera más frases para describir lo que él siente, como si con eso bastara para calmar su dolor. Después de todo, Fernando la ha excluido por completo del proceso de selección de candidatos para el vientre de alquiler.
Se suponía que la elección sería una decisión conjunta, pero él ha decidido iniciar el proceso por su cuenta, argumentando que así ella no se sentiría abrumada. Sus dulces palabras la hicieron creer que solo desea protegerla, que no quiere lastimarla, y por eso se esfuerza en hacerla sentir amada: buen sexo, regalos, flores, llamadas y mensajes. Es como volver a los días de la universidad, él pendiente de ella las veinticuatro horas del día, preguntando si ya comió, si necesita algo; el hombre perfecto.
Ha pasado una semana desde que comenzó el proceso de selección, y él parece no rendirse en su empeño de hacerla sentir bien. Esto la hace dudar: ¿es ella el problema? Claramente, siempre lo ha sido desde que descubrió que no podría cumplir la función natural de la mujer, una revelación que la tiene desgranada y sin ánimo.
Su ánimo solo se remonta cuando ve el mensaje de su ex colega, Roxana.
R: “Amiga, ¿cómo estás? Hace tiempo que no sé de ti.”
Al ver el mensaje, Kaitlyn suelta las rosas sobre la mesa para enfocar su atención en responder. Después de todo, hace mucho que se alejó de su mundo laboral, por lo que la idea de volver a la enseñanza no la hace dudar.
K: “Muy bien, Roxana, ¿y tú?”
R: “Excelente, amiga, me alegra saber que estás bien. Quería comentarte que te extrañamos mucho por aquí, y que casualmente salió una vacante en el área de primaria, por si decides volver con nosotros.”
Kaitlyn no responde de inmediato. Juega con su celular, sopesando seriamente la posibilidad, cuando de repente recibe un mensaje de Fernando.
F: “Tengo muy buenas noticias: voy a casa. Pide que preparen la mejor cena para los dos; esta noche hay que celebrar.”
Al leer el mensaje, Kaitlyn siente que su corazón da un vuelco, pensando que seguramente ya ha conseguido a alguien.
K: “Ok.”
Responde simplemente. Se levanta con tranquilidad, da órdenes a los sirvientes para que preparen todo como él ha dispuesto, y sube a su habitación, llevando consigo el ramo de rosas.
Si la depresión es un pozo, la simple idea de que haya encontrado a alguien, de que esa persona esté siendo inseminada en estos precisos momentos, la debilita. Aunque anhela con toda su alma ser madre, esta decisión la sobrepasa de gran manera. Aún así, decide ser fuerte; después de todo, será la madre de ese bebé que no tiene culpa de lo que está sucediendo. No es tan malo; ella será su madre, y la otra no será más que un mal recuerdo, un contenedor temporal.
La Celebración Rota
Como él ha solicitado, ella se viste elegante, hermosa, lista para dar inicio a esta nueva etapa. Está más que segura de que Fernando trae más que una sorpresa, y esa certeza es lo que más la motiva a tener todo preparado.
“Por favor, traigan las rosas que me dio; con eso adornamos la mesa,” ordena.
La alarma de la entrada suena.
“Señora, ya llegó.”
Kaitlyn se prepara, y rápidamente lo ve entrar en la sala.
“¡Mi amor!” La carga en sus brazos, haciéndola girar. Ella sonríe ligeramente para él, notando su felicidad radiante. “Te amo, Kaitlyn, te amo.”
“Me voy a marear, Fernando, detente.”
Él la baja y de inmediato la sujeta, dándole besos intensos que hacen que los sirvientes se retiren discretamente.
“¿Qué te tiene tan feliz?” pregunta ella, curiosa, aunque ya sabe la respuesta.
“¡La encontré! Encontré a una buena candidata, mira…” La lleva al sofá, donde le enseña la foto de la mujer en su tablet.
Kaitlyn se sorprende. La mujer es todo lo opuesto a ella: rubia, piel clara, ojos azules como los de él, rasgos definidos, con un cuerpo de supermodelo. Una belleza que, sin duda, fue escogida meticulosamente para que no se perdieran sus rasgos. Él ni siquiera se esforzó en buscar a alguien un poco parecida a ella, lo que causa una punzada de incomodidad fría en Kaitlyn.
“¿Y bien? ¿Qué piensas? Hoy hicieron la inseminación; si todo sale bien, en dos semanas sabremos si esperamos un bebé, mi amor. Pronto vamos a formar una familia, tú, el bebé y yo.” La emoción lo desborda.
Kaitlyn no sabe qué decirle. Está feliz porque esa idea suena maravillosa; sin embargo, todavía no está convencida sobre el vientre de alquiler. Duda y no sabe la razón. Todo está sucediendo tan rápido que es difícil asimilarlo.
“Es maravilloso, estoy feliz de que hayas encontrado a alguien tan rápido.”
“Todo está pasando como debió ser. Someternos a tantos tratamientos no fue una buena idea. Ahora puedo verlo con claridad; siempre debimos buscar esta opción. El bebé ya hubiera nacido y nosotros seríamos la familia más feliz de todas, ¿te lo imaginas? Tú, el bebé y yo, enseñándole a caminar, a hablar. Tú eres una excelente maestra, estoy seguro de que va a ser un gran estudiante, el mejor de su clase como su madre, y sé que estará en los partidos de fútbol y será todo un empresario como su padre. Todos estarán felices, nosotros lo estaremos. Kaitlyn, baila conmigo.”
Él la hace levantarse. Ella se pone de pie, intenta seguirle el paso, y él la hace reír. Todo parece perfecto, como en los primeros meses de su noviazgo, pero ahora con una realidad diferente: si todo sale bien, en unas semanas, oficialmente se iniciará el proceso con la madre sustituta.
El Primer Conflicto
“Fernando, he estado pensando…”
Fernando la enfoca, tomando su copa. La lleva a sus labios para darle un sorbo, sin perderla de vista.
“¿Qué piensas? Dime.”
“Hoy me escribió Roxana.”
Fernando suelta el cubierto con un pequeño estruendo. “No me digas, ya te escribió para meterte cosas en la cabeza.”
“Fernando, no es así, ella solo quería saber de mí y me notificó sobre una vacante libre en la escuela. Yo pensé…”
Él la interrumpe. “Pensé que ibas a hacer esto juntos, pero parece que no quieres involucrarte.”
“Claro que sí, Fernando, solo que no me siento bien en estas cuatro paredes. Quiero salir; volver a la escuela sería una buena opción, pues aquí me siento sola, y la idea de abandonar la escuela era para enfocarme en el embarazo, entonces, ¿qué pretendes que haga aquí?”
“Enfocarte en el embarazo. Los planes no han cambiado, no necesitas trabajar. Que tú no puedas darme hijos no significa que no puedas involucrarte como otras madres lo hacen. Conocí hoy a una mujer que está pasando por lo que tú, pero ella sí estaba ahí con su pareja, apoyándolo. Tú no pareces feliz, últimamente nada te hace feliz, ahora quieres huir y dejarme todo esto solo a mí.” La manipulación es flagrante.
“No es así, Fernando, puedo apoyarte en esto, pero no significa que deba dejar todo. No tengo nada que hacer aquí, me siento sola, ¡entiéndelo!”
“Perfecto, has arruinado la celebración. Perfecto, has tomado una decisión y parece que no te haré cambiar de opinión. A veces pienso que solo piensas en ti. ¿Acaso no ves lo que significa tu apoyo en todo esto? Te he dado tu espacio por todo el dolor que has pasado, pero no eres la única que sufre por la pérdida; todos lo hacemos. No eres la única víctima y aun así te hago sentir especial, ¡y tú no puedes hacer esto por mí! ¿Sabes qué? Buenas noches.”
“Fernando, ¿a dónde vas? Fernando, regresa, lo siento, Fernando…”
Sin mirar atrás, se marcha. Lo último que se siente es el portazo violento que da al salir, dejando a Kaitlyn sin aliento. Todo estaba bien, y un simple comentario de ella lo ha arruinado todo. Se siente como una tonta y sus palabras la hacen sentir culpable. A veces piensa que es egoísta; quizás él tenga razón. Han luchado por tener este bebé por mucho tiempo; ahora no es momento de pensar en nada más. Si resulta que la chica está embarazada, entonces ella debe apoyarlo.
K: “Fernando, mi amor, vuelve, por favor, hablemos, te lo pido, lo siento, regresa, hablemos, mi amor, por favor.”
