Librería
Español
Capítulos
Ajuste

Capitulo 4. Inquietudes

Capítulo 4.

Inquietudes.

Kaitlyn fuerza una sonrisa. La velada ha comenzado, todos disfrutan de la cena, y ella logra un acercamiento mayor a Cristal, jugando con sus muñecas en una esquina del salón contiguo. La hace reír, una risa clara y musical que rompe el ambiente formal de la mansión.

“Buenas tardes, señora, ¿le gustaría tomar el té?” dice la pequeña, inmersa en su juego.

“Me encantaría, joven.” Kaitlyn sigue el juego con dulzura.

“Pase por aquí, siéntese.” Ambas simulan la ceremonia del té.

Las risas infantiles que provienen del pequeño salón al lado llaman la atención de Máximo, quien las observa en silencio desde su posición, una figura imponente y vigilante.

“Cristal, ya son más de las diez, cariño, debemos ir a la cama,” anuncia la niñera, Lorena.

La pequeña no le presta atención; sus ojos se centran en Kaitlyn, quien intenta recoger los juguetes de la alfombra.

“¿Vienes, Kaitlyn?” pregunta con inocencia.

La pregunta sorprende a Kaitlyn, que se siente privilegiada por la atención espontánea de la niña. “Sí, te acompañaré.”

“¿Me cargas?” La pequeña extiende sus brazos, y Kaitlyn la toma con una delicadeza instintiva. Cristal la abraza. Kaitlyn cierra los ojos por un instante, sintiendo el apego cálido de lo que se siente ser madre. Al abrirlos, nota a Máximo a la distancia; su mirada, profunda y gélida, está fija en la escena, lo que causa en Kaitlyn una incómoda punzada de vergüenza y atracción.

Máximo nota la conexión instantánea entre ellas. Su hija jamás se había apegado así a nadie fuera de él o de su difunta madre. Ver la naturalidad con la que Cristal se entrega a Kaitlyn lo descoloca. No puede evitar sentirse atraído por la intimidad de la escena, sosteniendo la mirada con ella. Kaitlyn se sonroja tímidamente, baja la mirada, intentando disimular al tomar el oso de peluche, justo cuando Fernando se une al grupo.

“¿A dónde vas?” pregunta Fernando, posando las manos en las caderas de su esposa.

“La llevaré a la cama...” responde Kaitlyn. “Volveré pronto.”

“Ok, te espero en el salón, tomaré unos tragos con mi padre.” Fernando responde con una calma inusual, sin reproches, amenazas, ni advertencias. La ausencia de su control la deja momentáneamente incrédula.

“Está bien.” Él le da un beso superficial en la frente y se aleja.

Kaitlyn sigue la figura de Fernando con la mirada mientras espera a que la niñera termine de recoger los juguetes. Una vez listas, la sigue a la habitación, donde Lorena se dispone a acostar a Cristal. Al lograr que la niña duerma, la niñera se hace cargo. Ya ha pasado más de una hora, y Kaitlyn debe regresar con su esposo.

“Gracias por la ayuda,” dice Lorena, con una sinceridad agradecida.

Kaitlyn sonríe, notando a la pequeña dormida, rendida por sus cantos suaves y sus caricias reconfortantes.

“No se preocupe, es una niña encantadora, ha sido un placer ayudar. Descanse.”

Kaitlyn le da un beso breve en la frente a Cristal y se aleja. Al caminar hacia el salón, una nostalgia punzante se instala en su corazón. Sus ojos comienzan a picar y un nudo insoportable se forma en su garganta. Las lágrimas corren por sus mejillas. En ese momento, escucha una fuerte discusión que proviene del estudio de Máximo. La voz irreconocible de su esposo llama su atención. La curiosidad y el miedo la impulsan a acercarse, deteniéndose en seco ante la puerta, donde sus palabras la golpean.

“Yo no merezco esto, he tenido demasiada paciencia. Ya ha pasado un año desde que se inició el tratamiento y nada. Le di la opción de un vientre en alquiler, pero según ella, ‘pretende quedar embarazada’ en los próximos meses. Dos meses más le voy a dar; si fuera lo suficientemente inteligente, aceptaría mis condiciones. No va a quedar embarazada y solo me está haciendo perder dinero, tiempo y la oportunidad de encontrar a alguien para que cubra sus defectos. Al final, el bebé será de ella, ¿quiere adoptar? Será bajo mis condiciones.”

“¿O sea que ya tienes todo organizado?” La voz de su padre, Rogelio, suena sorprendida.

“¿Qué querías que hiciera? Ella no me deja opciones.”

Al escuchar la voz de su esposo liberando toda su frustración egoísta, Kaitlyn rompe a llorar incontrolablemente. No puede reprimir las emociones, exacerbadas por la carga hormonal que le inyectan. Su cuerpo duele por los múltiples procedimientos para estimular sus ovarios. Ella lo ha dado todo, pero aun así, él se muestra ingrato, destrozando su autoestima sin piedad.

Incapaz de escuchar una palabra más, Kaitlyn se apresura a huir del lugar. De repente, tropieza contra el pecho firme de Máximo, quien la atrapa entre sus brazos. Él posa su mirada fría, calculadora y analítica sobre ella. Kaitlyn se sostiene, débil y temblorosa, entre sus brazos.

“Lo siento, yo…” Ella intenta huir, ocultando sus lágrimas, y sin darse cuenta, tropieza contra el muro, golpeando su cabeza. “¡Ah!” Se queja. Toca su cabeza y mira a Máximo, sintiéndose aturdida. Se desploma entre sus brazos.

Él la toma por la mejilla y la obliga a mirarlo. Kaitlyn lo enfoca borroso a través de las lágrimas. Lo mira fijamente por unos segundos antes de perder el conocimiento.

Máximo la toma en sus brazos. Es frágil, no pesa casi nada. Sus mejillas, antes rosadas, ahora lucen pálidas, al igual que su tez clara, y sus labios han perdido ligeramente su color. Su cabello negro cae sobre su rostro, que se apoya en su pecho. Su respiración es frágil y superficial.

Máximo la lleva rápidamente a su habitación y la acomoda con cuidado sobre la cama. Su vestido rojo cuelga sobre la tela blanca. Su pecho sube y baja ligeramente mientras permanece inconsciente. Él intenta despertarla cuando su madrastra aparece.

“Máximo, hijo…” Carmen entra, visiblemente conmocionada al ver a Kaitlyn inconsciente. “¿Qué le pasó?”

“Se desmayó, tráele agua fría.” Máximo ordena con voz de mando.

“Sí, sí, lo buscaré.”

Máximo revisa el golpe en su cabeza, notando de paso las marcas de agujas en sus brazos. Las examina con cuidado, observando otras marcas en sus muslos, vestigios del agotador tratamiento de fertilidad al que se somete. Su estado es frágil. Máximo no imagina por todo lo que ha pasado, la cantidad de inyecciones que debe tener en su útero, en sus nalgas.

Ver todo esto, y recordar su propia experiencia con Cristina, le hiela la sangre. Recuerda la mirada de anhelo de Kaitlyn hacia Cristal, el brillo en sus ojos. Se nota el deseo desesperado de ser madre, pero por fuerzas mayores, sus condiciones no son las mejores. Sin embargo, Máximo piensa que siempre hay soluciones menos extremas. Él no acostumbra a interferir en estos asuntos, pero verla así es como ver un animal de laboratorio con el que experimentan.

En pocos segundos, la habitación se llena de personas, todas conmocionadas por lo ocurrido.

“¿Qué le pasó?” pregunta Fernando, visiblemente angustiado.

“Máximo la encontró desmayada y la trajo aquí,” responde su madre.

Kaitlyn recobra el conocimiento. Al abrir los ojos, se centra en esos hermosos ojos azules y en ese toque gélido y cariñoso que la hipnotiza por unos segundos.

“¿Qué pasó?” Pregunta débilmente, tocándose la cabeza.

“No te levantes…” ordena Máximo. “Mírame, sigue mi dedo.” Kaitlyn obedece, enfocándolo con dificultad. “El vaso con agua,” ordena Máximo, alejándose de ella. “Solo ha sido una conmoción, estará bien.”

Dice, apartándose de Kaitlyn, quien lo sigue con la mirada antes de enfocar a su esposo.

“Kaitlyn, mi amor, ven, toma agua, ¿qué fue lo que pasó?”

“Está muy débil…” exclama Máximo, atrayendo la atención de todos. “La tratas como a un animal de laboratorio, y dudo mucho que, después de todo este engorroso procedimiento, su cuerpo tenga la fuerza para llevar el peso de un bebé.”

El rostro de Fernando palidece ante las palabras de su tío. Rápidamente, intenta desviar la atención de sí mismo hacia Kaitlyn.

“¿Lo ves, mi amor? Escucha a mi tío, es el experto en estos asuntos. Yo te lo he dicho, ya no podemos seguir con este procedimiento, pero tú insistes. Por más que intento persuadirte, no quieres darte cuenta. Después de todo, no va a quedar nada de ti que recuperar. Si solo me escucharas, yo solo deseo que tú estés bien. Ya no podemos seguir así. Si mi tío no hubiera estado, no sé qué sería de ti ahora. Pudiste darte un golpe más fuerte. Yo no podría estar sin ti, si te pasa algo yo me muero.” Su discurso es una mezcla de preocupación forzada y egoísmo.

Todos observan la escena, y rápidamente todo se vuelve dolorosamente tenso. Kaitlyn mira a Máximo, quien la enfoca distante, sin intervenir. Ella, al ver las miradas furtivas, llenas de acusación y lástima sobre ella, se siente acorralada, presionada, y culpable. Lo mira, recordando sus palabras de hace minutos. Se siente derrotada, débil y exhausta. No luchará más.

“Está bien, Fernando, pararemos el tratamiento. Lo haremos a tu manera, buscaremos a una mujer de vientre en alquiler. Si esto es lo que deseas, lo aceptaré.”

“¡Oh! Vaya, mi amor, esa es una gran decisión, la mejor que has tomado hasta ahora. Te prometo que esto nos hará muy felices. Pronto, mi amor, ese bebé llegará, y nosotros seremos la familia que tanto deseamos.” La sonrisa de Fernando es de triunfo sin disimulo.

Descarga la aplicación ahora para recibir recompensas
Escanea el código QR para descargar la aplicación Hinovel.