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LA PRUEBA (parte 2)

—Bien, como podéis observar es sumisa, y deja que se haga con ella lo que su amo quiera. Pero está verde, os he citado aquí hoy para que veáis como progresa en su sumisión y cambia, convirtiéndose en lo que debe ser.

—Tienes suerte cabrón, es una sumisa con muy buen cuerpo y tiene actitudes. Ya lo creo que sí.

Era la voz de uno de ellos, claro que yo ignoraba si era el que me lamiera el coño o el que me pellizcase los pechos…¡que dolor sentía todavíaaaa. El otro comenzó a carcajearse y casi me echo a llorar. Me sentí una mierdita hijas.

—Ja ja ja ja sí que tiene buenas tetas sí, y se deja hacer. Mira, yo hace dos años tuve una perrita como ésta, pero estaba convirtiéndose en una molestia me llamaba a todas horas, me pedía cosas, la tuve que despedir de mala manera.

—Eso es porque no sabes educar a una sumisa, te entregas a ella y debe ser al contrario, que ella se entregue a ti. Verás cómo ésta obedece sin rechistar y se transforma en una mujer distinta,, una sumisa obediente y educada.

Y mientras tanto yo, estaba atadita, en pelotas y empezando a pensar que era un experimento público. Creía que se habían olvidado realmente de mí, pero no, que va. Julián se acercó y comenzó a desatarme.

—Vístete y siéntate. Ellos se van ahora. Tenemos que hablar tú y yo.

Sentí, eso sí en todo momento con los ojos vendaditos, que se acercaban a la puerta. Se estaban despidiendo.

—Bueno, pues quedamos en eso entonces, cuando la tengas preparada del todo, nos vuelves a citar y vemos en qué la has convertido.

—No os imagináis cuanto va a cambiar esta sumisa.

Yo escuché aquellas palabras, y las sentí como una sentencia. A ver si me iba a poner unas tetas de esas inmensas que hay que llevar en carretilla y unos labios de esos recauchutaos que se ponen las famosillas para parecer exóticas, ¡Ay madre!, bueno, ellos se marcharon y Julián cerró suavemente la puerta para después venir a dónde yo me encontraba ya vestida y de pie, Porque si intento sentarme a ciegas me doy un castañazo que ya, ya. Él me tomó por ambos hombros y me llevó retrocediendo de espaldas hasta que estuve, al parecer ante una butaca. Me presionó los hombros para que me sentase. Y luego escuché un chasquido extraño, luego sabría que se trataba de la hebilla del cinturón, al ser desabrochado. Sacó su rabo y me presionó los labios, hasta que me tragué toda su longitud. No supe qué estaba haciendo, de verdad os lo digo. Pero él comenzó a menearse hacia atrás y hacia adelante y así follándome la boca se quedó por lo menos unos minutos, que a mí me empezaron a parecer los mejores. Yo que jamás de los jamases, había practicado aquellas…”cosas”, comencé a pensar que me había perdido cosillas interesantes de los hombres, por causa de una educación excesivamente limitada. Cuando yo creía que aquello iba a durar más, la sacó, se la metió en los calzoncillos y se abrochó el cinturón.

—Me gusta la actitud que tienes sumisa. Te pondré un nombre nuevo, así me pertenecerás un poco más. A ver…podrías llamarte…sí, ya lo tengo, te llamarás, Dana. Si te portas bien tendrás tus premios y si me disgustas te castigaré con dureza, no lo dudes. Se acercó y yo pensé : “ Vaya otra mamadita que quiere el niño, bueno, pues oye pallá que voy”, pero no, se limitó a quitarme la venda de los ojos y me pidió que los abriese lentamente para acostumbrarme de nuevo a la luz.

—Has pasado la primera prueba, habrá más y serán cada vez más difíciles. No me gustan las mojigatas ni las respondonas. Exijo puntualidad y solo llamarás a mi teléfono cuando haya una urgencia. –Y diciendo esto, me puso en la mano un teléfono móvil. Era uno de esos que anuncian con tantas cosas, que se necesita ser ingeniero aeroespacial, para entenderlos, pero me hizo una ilusión, oyeeee.—en la agenda de este teléfono solo hay un número, el mío. Te dejaré mensajes cuando crea conveniente. Está en silencio, no cambies la configuración nunca. Ahora te voy a enseñar cómo se usan las aplicaciones que quiero que tengas siempre activadas.

Acercó una silla a mi butaca, y despatarrado, con las piernas una a cada lado del respaldo en plan cowboy, me fue enseñando cómo se usaba el whassapt los sms, y cómo responderlos. A mí aquello se me antojó un delirio, y me estaba entrando un dolor de cabezaaa, pero cualquiera se lo decía. Además me estaba encantando que me enseñara cosillas. Se puso en pie, se acercó al carrito de los licores, que era algo nuevo, y sirvió en sendas copas dos dedos de brandy. Me puso una en las manos y no supe en aquel instante si besarlo, o adorarlo. Me tranquilicé cuando le vi sonreír y es que se le iluminaba la cara ¿eh?, ¡que guapo era el cabronazo!

—Espero que hayas entendido las explicaciones bien.

—Sí, sí, claro, si…—iba a decir que la Mari tenía uno de estos y era una maravilla, pero claro me corté, que presumir, como que no me atrevía.

—Voy a estar de viaje unos días en el extranjero, quiero que hagas algunas cosas, y a mi vuelta veré el resultado.

Puso en mi mano cinco tarjetas de presentación, y me quedé…a cuadritos hijas. ¿Pero qué quería este hombreee, que visitara a estos tíos?

—Vete a verles y ellos se encargarán de todo. Ahora tengo cosas que hacer, ¡vete!

Fue conmigo esta vez hasta la puerta, la abrió, y me dio dos palmaditas en las nalgas. Pegué un saltito y me dirigí a la escalera para descenderla sin detenerme. Una vez en el portal, la curiosidad me empujó a mirar en el buzón. A ver como se llamaba el cabrito hijas. Solo vi dos iniciales. A. G. No si este se iba llamar como mi Antonio, Antonio González, ¡ay no, que se me va el morbo, ¿eh?, o, Alejandro Gómez, no, tampoco le iba. Mira, Avelino no, ¿eh?, que me da un síncope. Bueno, ¿qué más da si ya está esto que arde, como quién dice?, me fui a casita, pero antes llamé a Mario para ver si quedábamos el jueves siguiente, ya que A. G. o sea el Julián, no estaría. Y no quería perder a mis amigas así sin más. Estaba segura de que ansiaban saber los detalles de la sesión con…A.G. y se morirían de no contárselo, ¡menuda cotillas estaban hechas las dos!, menos mal que yo era muy. Muy discreta, claro.

La tarde del lunes se encargó de amargármela mi Antonio, ya imagináis la razón, que si porqué le había dejado empantanado con los críos, que le había dejado en mal lugar ante su madre, que le había dicho que era un calzonazos y que le tenía dominadito…vamos la monserga de siempre y que me la tuve que tragar, mientras yo, asustadísima, pensaba en dejar aquella historia de delirio, y reembarcarme en mi monótona vida de ama de casa. Pero una vibración en el bolsillo de mi delantal, me traicionó. Era mi nuevo móvil, y Antonio, que nunca se fija en nada, ni si me cambio de peinado, ni si me visto diferente, ni ná de ná, pues me miró al bolsillo, donde se había encendido, además de vibrar el móvil del Julián.

—¿Te has comprado un móvil Tere?

—¡Ay, pues sí hijo, sí, que ya iba siendo hora, ¿no crees?, mi amiga Mari tiene uno y se lo pasa de lo lindo, tienen de todo, Wosat o eso, como se llame, y tms, en fin de todito.

—Ya veo, y las facturas las pagaré yo claro está.

Oye guapito de cara, que yo limpio, friego, cuido de ti y de los nenes, y de la casa, creo que algo de ese dinero que ganas me corresponderá, ¿no?

—No si además trabajarás más que yo encima…¡no te digo!, tú no te entusiasmes que luego esos cacharros gastan que se joden. Por cierto ¿quién es el que te ha mandado ese mensajito?

—Pues mira un querido que me he echado, uno así—me puse tontita haciendo poses—morenote, guapo, cariñoso, y que tiene metidita en cintura…

—Sí, ya solo falta que me digas que es Tom Cruise, ja ja ja.

—Pues un día…

—Un día ¿qué?, te echas un amante como los de “Mátame que me enamoro”?

—Mira si se sabe el nombre del culebrón que me gusta y todo…ahora me dirás que lo ves…

—No te desvíes del tema Tere, y dime quién te llama.

—¡Ay hijo!, ¿pues quién va a ser la Mari, que hemos quedado como todos los jueves para tomar algo.

—Pues hoy es domingo.

—Quedamos los domingos para saber si podemos o no, que todo hay que decírtelo nene.

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