Librería
Español
Capítulos
Ajuste

CAPÍTULO | 02

Miré el reloj de pared en la cocina y me di cuenta de que las agujas marcaban casi las ocho y veinte, señal clara de que debía ponerme en marcha si no quería encontrar el auditorio saturado.

Me despedí con un beso en la mejilla de cada uno, tomé mi bolso con los materiales y salí del departamento rumbo a la École des Beaux-Arts, caminando a paso firme por los adoquines del séptimo distrito.

El aire helado de París me golpeó el rostro en cuanto crucé la puerta principal del edificio residencial, obligándome a subir la cremallera de la chaqueta aviador hasta la barbilla. Las calles del vecindario amanecían bajo un manto de bruma gris y fresca, mientras las fachadas elegantes reflejaban los primeros destellos del sol invernal. Me acomodé la correa del bolso sobre el hombro, ajusté la boina para resguardar mis orejas del viento constante y apreté la marcha. Vivir a poca distancia de Saint-Germain-des-Prés era una ventaja enorme, especialmente cuando el ambiente matutino se llenaba con la fragancia de las flores de las plazas y el ajetreo paulatino de los comercios al abrir.

Caminar por estas avenidas siempre me transmitía una dosis extra de motivación, pues cada esquina parecía un lienzo vivo esperando ser retratado. Mientras avanzaba por la acera, saqué el teléfono del bolsillo para revisar los mensajes del grupo de la facultad, donde varios compañeros comentaban sobre la llegada de los ponentes. Un cartel informativo colgado en el vestíbulo principal había anunciado, desde inicios de semana, la presentación de los directivos de las galerías Sokolov, una firma rusa de gran prestigio que estaba causando revuelo en la capital. El profesor de dibujo nos había recordado el día anterior que debíamos tomar notas detalladas, insistiendo en que comprender el manejo de las exposiciones privadas resultaba valioso para cualquier aspirante a pintor.

Al doblar la esquina en la Rue Bonaparte, la silueta de la École des Beaux-Arts se alzó frente a mis ojos. Cruzar las pesadas puertas de madera del patio central siempre me producía un cosquilleo de emoción en el pecho, recordándome el esfuerzo que significaba estar formándome en un lugar tan prestigioso. El patio interior estaba lleno de alumnos que intentaban esquivar las corrientes de aire cerca de las columnas, conversando animadamente mientras sostenían vasos de bebidas calientes. Apuré el paso, buscando con la mirada a Chloé entre la marea de gente que empujaba hacia las escaleras del recinto.

—¡Mila! —escuché una voz aguda llamándome desde los arcos de la galería lateral.

Giré la cabeza y divisé a Chloé agitando la mano con entusiasmo, luciendo un abrigo de lana color vino que resaltaba entre la multitud. Sonreí con alivio y me abrí camino rápidamente hacia ella, esquivando a un par de chicos de escultura que transportaban un pedestal de madera entre los dos.

—Pensé que te habías quedado atrapada en el tráfico —dijo mi amiga apenas me tuvo cerca, dándome un abrazo apretado y compartiendo un poco del calor de su bufanda—. El profesor Lemaitre está parado junto a las puertas revisando las credenciales. Ya sabes lo estricto que se pone cuando vienen patrocinadores de tanto nivel.

—Salí con el tiempo justo de casa —respondí, acomodando el mechón de cabello rebelde que el viento despeinó sobre mi frente—. Además, no quería perder de vista esta ponencia. Me causa curiosidad saber cómo manejan sus salas de arte estos coleccionistas rusos.

—En los pasillos dicen que el dueño posee una fortuna inmensa en Europa del Este —comentó Chloé en tono confidencial, inclinándose hacia mí mientras avanzábamos en la fila para ingresar al recinto—. Y que sus hijos colaboran directamente en los eventos de la firma. Según vi en el folleto, hoy al mediodía es la apertura formal de su galería en París, solo para prensa y compradores, pero la inauguración abierta al público es esta tarde.

—Yo tengo pensado ir por la tarde —mencioné, ajustando el cuello de mi chaqueta al cruzar el umbral y sentir el calor reconfortante del sistema de calefacción central—. Podemos ir juntas, ya que nos vendría excelente observar de cerca el acabado de las obras en óleo que trajeron para la muestra.

Chloé se rió a mi lado.

—Ya sabes que sí, Mila.

El auditorio principal se hallaba prácticamente colmado cuando logramos adentrarnos por las puertas de doble hoja. Las vigas altas y los frescos antiguos del techo imponían un respeto inmediato, amplificando el murmullo de las decenas de estudiantes que buscaban acomodo en las butacas de madera. Sobre el escenario central, una pantalla retráctil proyectaba el escudo institucional de la firma Sokolov: un emblema geométrico sobrio en tonos dorados que destacaba sobre un fondo negro mate.

Buscamos lugar y nos acomodamos en la tercera fila, una ubicación perfecta para observar cada detalle del presídium sin quedar expuestas a las miradas directas. Extraje mi cuaderno de pastas duras junto con un lápiz de grafito de mi bolso, colocándolos ordenadamente sobre mis piernas mientras observaba el movimiento de los coordinadores en la tarima. La atmósfera del auditorio respiraba un aire de expectativa muy distinto al de las conferencias habituales, y era evidente que la presencia de la familia Sokolov no pasaba desapercibida para nadie en el campus.

—Ese atuendo te sienta increíble, por cierto —susurró Chloé, dándole un vistazo rápido a mi combinación de cuero y borrego—. La boina te da una apariencia muy elegante que combina bastante bien con el tono de tus ojos.

—Gracias, Chloé —respondí con una sonrisa leve, acomodando mi libreta sobre mi regazo mientras el murmullo general comenzaba a descender de intensidad.

Las luces del techo empezaron a atenuarse gradualmente, sumiendo la sala en una penumbra serena que centró toda la atención en el estrado. El decano de la facultad tomó la palabra frente al pedestal del micrófono, arreglándose la solapa del saco antes de dirigir la mirada hacia el público reunido.

—Buenos días a todos los presentes —resonó la voz del decano por los altavoces laterales, clara y pausada—. Les pido guardar silencio. El día de hoy tenemos la oportunidad de escuchar la ponencia de los representantes de las galerías Sokolov, quienes compartirán su visión sobre el mecenazgo en el arte contemporáneo.

Me acomodé en la butaca, sujetando el lápiz entre los dedos, lista para comenzar a redactar mis apuntes sobre la charla, con los ojos fijos en la tarima mientras los invitados especiales hacían su ingreso al escenario.

Descarga la aplicación ahora para recibir recompensas
Escanea el código QR para descargar la aplicación Hinovel.