Capítulo 4
—Yo pediré lo mismo —dice el tipo.
Las anoto ambas.
—Yo tomaré agua —dice el más joven.
- Ajá, - Miro al último.
—Yo tomaré una Coors Light .
¡Qué asco!
—Enseguida , señor —les sonrío a todos y luego regreso a la cocina para buscarles las bebidas.
Cuando termino, regreso caminando, pero no sin antes escuchar el final de su conversación.
—No se estaba muriendo hasta que lo tuve entre mis manos, te lo juro —rió el hombre mayor—. A Eros no le va a gustar que hayas planeado con antelación, Bo .
—Sí , bueno, Eros no se va a enterar, ¿verdad? —dice el joven.
—Aquí tienen sus bebidas —digo sonriendo, mientras coloco una frente a cada uno.
—Gracias , señorita... —espera a que le diga mi nombre.
—Lucía , señor —le extiendo la mano para que la estreche.
Me agarra la palma de la mano y la lleva a sus labios para besar el dorso.
—Encantado de conocerte, Lucía —dice , mostrándome una sonrisa.
—Encantada de conocerte también —dijo mientras deslizaba lentamente mi mano de la suya, áspera, sin apartar la vista de la suya. Con hombres como él, todo gira en torno al juego.
—¿Qué les gustaría comer esta linda noche? —Abro mi libreta.
Después de conseguir una propina de cien dólares del jefe, finalmente cuelgo el delantal y me cambio para nuestra salida nocturna.
Me pongo una falda negra, asegurándome de que sea lo suficientemente recatada. Me queda un poco ajustada para lo que suelo usar, pero todo parece quedarme ajustado en las caderas. Luego me pongo una blusa rosa brillante que deja ver un poco el ombligo, pero que aún así me cubre casi todo el pecho.
No tenía mucha idea de lo que estábamos haciendo, pero sabía que nos íbamos a divertir de alguna manera.
Me quedo con las zapatillas puestas, y me doy cuenta de que combinan bastante bien. Y como no traje otro par de zapatos, tendré que conformarme con esto.
Me suelto el moño bajo que llevaba en mi cabello oscuro, lo ahueco y lo dejo caer más allá de mi cintura.
Me sonrío al verme en el espejo, mientras me aplico un poco más de brillo labial.
Luego salgo del baño de uso exclusivo para empleados y busco a Marie para decirle que me voy.
—Vale , chica. Que te diviertas y ten cuidado. ¡Estás guapísima! —Marie me saluda con la mano.
- ¡ Gracias, adiós! - Saludo con la mano.
Recibo un mensaje de texto de Amaiah diciendo que está afuera en el BMW negro.
¿Se compró un coche nuevo? ¡Caramba!
Entro por la puerta trasera, salgo del estacionamiento de empleados y me apresuro hacia la entrada. Enseguida veo el elegante auto negro, pero la ventanilla trasera está bajada y veo a Amaiah y Axel saludándome.
—¡El amigo de Axel nos lleva en coche, siéntate delante para que no te aplaste! —me grita. Sonrío y asiento, pero no creo reconocer de quién es el coche. Espero que no sea incómodo. Antes de que pueda rodear el coche, se abre la puerta del conductor y me detengo, sin querer entrar si no quieren que lo haga.
Esperar.
El hombre de la licorería, el de los tatuajes y la cara bonita, sale. Lleva una sudadera negra y una chaqueta encima; su cadena cuelga de su cuello tatuado. ¡Madre mía! No te quedes mirando, Lucía . Es de mala educación.
Rodeó el coche sin siquiera mirarme y abrió la puerta del copiloto. Me quedé parado frente al coche como un idiota hasta que asintió hacia el asiento, indicándome que subiera.
Oh.
Mi.
Bondad.
Me abrió la puerta, y literalmente acabamos de conocernos.
—Gracias —sonrío mientras entro en el coche intentando no tocar nada. El aire aquí dentro es más caro que en mi casa. Cierra la puerta y, mientras da la vuelta, miro a Amaiah, que está demasiado ocupada coqueteando con Axel.
¡Qué carajo!
Vuelve al asiento del conductor, pone el coche en marcha y se reincorpora a la carretera.
Intento no mirarlo fijamente, pero no puedo evitar observar cómo coloca una mano en el volante y la otra en la palanca de cambios. Conduce con tanta... suavidad. Aparto la vista y decido contemplar cómo las luces de la ciudad iluminan la oscuridad al pasar.
Nuestra ciudad es hermosa de noche, pero también aterradora al mismo tiempo.
—¿Qué tal el trabajo, Lucía ? —pregunta Amaiah, dándome una palmadita en el hombro.
—Estuvo bien —le sonreí—. Unos chicos me dieron una buena propina, así que mañana no tengo que pagar extra en la barbería .
- ¡Oh! Entonces por fin podremos ir a esa nueva cafetería de la esquina, ¿eh ?
—Claro , me apunto —asiento con la cabeza y, de repente, saca un neceser de maquillaje. ¿Dónde guarda todo esto?
—¿Quieres unos pendientes, Retta? —pregunta mientras busca su brillo de labios. Me encojo de hombros—. Claro , no me dejan llevar en el trabajo. Por lo visto, distraen .
Me giro para coger los aros que Amaiah me da y pillo al conductor mirándome. Sin embargo, no aparta la vista. Le devuelvo la mirada mientras me pongo los aros y él baja la vista antes de volver a mirarme a los ojos. De repente me doy cuenta de la blusa llamativa que llevo puesta.
Ni siquiera sé su nombre, y lo estoy mirando como una acosadora.
¡Contrólate, Lucía !
Finalmente, aparto la mirada y me concentro en mirar al frente. Lo veo de reojo, subiendo el volumen de la música.
Escucho a The Weeknd, y no es una de sus canciones aptas para todos los públicos. El corazón me late más rápido y me tiemblan un poco las piernas, pero me controlo durante el resto del trayecto.
Nos detenemos y aparcamos al lado de la calle, frente al viejo edificio que da al callejón trasero donde solemos pasar el rato.
Supongo que ese hombre también viene aquí.
