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Capítulo 3

Enciendo la estufa y busco en el refrigerador algo para preparar, pero no hay mucho, así que opto por hacer quesadillas. A mi padre le gustan las que preparo. Son su comida reconfortante cuando está borracho, y tengo la sensación de que después del partido va a necesitar una.

—¡Retta ! —Emilio entra con las manos en alto, y ya sé que está colocado. Sonríe ampliamente y me rodea el cuello con el brazo mientras corto verduras.

-¿Dónde has estado, Milio? -pregunto , apartándolo de un empujón para no cortarme el dedo.

—Por la manzana, ya sabes —se ríe y me da un codazo. Pongo los ojos en blanco y me pongo a sofreír las verduras.

—Hueles a marihuana —le digo, mirándolo con complicidad.

—Pareces marihuana, Lucía —dice dándome una palmadita en la cabeza .

—¿Conoces a algún Rafael, Emilio? —pregunto— . ¿ El de la licorería de la esquina ?

Se lleva un dedo a los labios como si estuviera pensando, y luego asiente con la cabeza.

- Sí, ¿por qué? - De repente ahora está sobrio.

—Me estaba preguntando por ti —me encojo de hombros mientras termino de preparar la primera quesadilla.

- ¿ Qué hacías cerca de la licorería? - pregunta, enderezándose.

—Solo estoy comprando cosas para papá. ¿De dónde lo conoces? —pregunto . Emilio se sienta en la silla frente al mostrador.

—Aléjate de él y de esa tienda, Retta. No es de fiar —me ordena. Lo miro, entrecerrando los ojos.

—Iré adonde quiera ir, Emilio. Ahora responde a mi pregunta —dije , dejando el plato en mi mano y apoyando ambas manos en el mostrador.

—Solo sé algo de él, ¿vale? Deja de preguntar —me interrumpe, con cara de estar enfadado él. Sigo cocinando, decidiendo no discutir.

Ya tengo demasiados problemas de los que lidiar.

—¿De dónde sacaste el dinero para la marihuana? —Puse tres quesadillas en tres platos, sin mirarlo.

Oigo el chirrido de la silla contra el suelo y el golpe seco al empujarla de nuevo contra la encimera. Me tenso con la espátula en la mano.

—¡Basta ya de preguntas, Lucía ! —grita , y lo oigo dar vueltas alrededor del mostrador a zancadas. Ay, otra vez lo mismo.

Mi hermano heredó claramente los problemas de ira de mi padre.

—¡Métete en tus malditos asuntos! —me grita al oído, y parpadeo para contener las lágrimas que empiezan a formarse. Me hago la dura hasta que me gritan. Soy una persona sensible.

-Solo me preocupo por ti-

—¡Cállate de una puta vez! No necesito esta mierda —dice , dando un portazo a la nevera mientras se marcha con una cerveza. Se enfada con mucha facilidad. Odio hacerlo enfadar, pero tampoco es que yo haya hecho nada malo...

Apagué la estufa, me sequé la mejilla y dejé los platos sobre la encimera.

—Papá , la comida está lista —digo con la voz quebrada por la emoción, así que agarro mi plato y camino hacia mi habitación, cerrando la puerta tras de mí.

Estoy tan cansado. - Eros, lo has hecho bien. -

Me siento frente a su escritorio, observando cada uno de sus movimientos. Me han educado para ser así: alerta y consciente de cada detalle. Es una maldición.

—Lo cual no es sorprendente, por supuesto —dice riendo mientras camina por la oficina.

Tu padre estaría muy orgulloso de tus habilidades .

Como si no hubiera oído esta mierda antes.

- La precisión de tu puntería es simplemente... incomparable. -

Interrumpo su ataque con un gesto de la mano. Su atención se desvía hacia lo que voy a decir.

—¿Cuánto ? —pregunto , dejando la pistola sobre su escritorio. Vicente sonríe.

—Sabes lo que quieres, Eros. Lo respeto —dice mientras mete la mano en un cajón, y la mía está lista para alcanzar el arma.

En vez de eso, arroja tres fajos de billetes sobre la mesa y saca otro archivo.

- Elimínalo antes de mañana por la noche, triplico esta cantidad, - señala hacia el dinero.

Echo un vistazo al archivo y reconozco el nombre. Un simple asesinato.

Me levanto, agarro la pistola y la guardo de nuevo en mi cintura.

Extiende la mano, arqueando una ceja.

- Trato. -

Y con eso, le estrecho la mano, dando por finalizado el trato.

—Supe que eras un prodigio desde el momento en que naciste .

Me doy la vuelta y camino hacia la puerta.

—Ojalá pudiera estar aquí para verte perfeccionar tu arte; haces honor al nombre de Eros .

Confía en mí, lo sé.

---

—¡Hola Lucía ! En cuanto estés lista, te necesitamos en la mesa —dice Marie mientras me ato el delantal negro.

—Oye, Lucía , en cuanto estés lista, te necesitamos en la mesa —dice Marie mientras me ato el delantal negro.

—Entendido , Marie —le aseguro, cogiendo mi libreta y saliendo de la cocina para atender a Lorenzo's. Al llegar a mi primera mesa de la noche, pongo una gran sonrisa y rezo para que nada arruine las próximas horas.

Mientras atiendo mesas y me muevo con agilidad entre los chefs para entregar los pedidos, me olvido de mis problemas y mis dificultades personales. Por un rato, puedo fingir que soy una chica cualquiera que intenta ganarse un dinero extra.

Me acerco a los hombres que acaban de sentarse en la mesa de la esquina, que se considera una zona VIP. Buenas propinas, señoras.

- ¿ Con qué les puedo ayudar esta noche? - Sonrío, sacando un bolígrafo y una libreta.

Los hombres iban todos de traje, algunos mayores y otros más jóvenes. Algunos hablaban español, otros un idioma diferente que no entendí.

El primer hombre me mira de arriba abajo y sonríe coquetamente, y una parte de mí olvida que se supone que debo fingir ser una muñequita bonita ante los clientes.

—Un whisky, por favor, señorita —dice , mirándome de forma extraña.

—Sí , señor —asiento con la cabeza y luego miro al siguiente.

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