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DESPROTEGIDA

*AARÓN*

Al encender la laptop lo primero que hago es revisar el correo, en cuanto lo abro una foto me llama la atención, “quien lo iba a decir la gordita sexi es la deudora”, qué casualidad, aunque no creo en las casualidades, pero esa chica no me conoce. Llamo a Sergio.

—Halo, dígame, señor.

—Sergio, tráeme a esa chica a mi casa, vendales los ojos porque no quiero que me vea. Quiero escuchar lo que tiene que decir. 

—Entendido, señor, ella se pondrá muy contenta. —ya veremos si las casualidades existen y hasta donde es capaz de llegar por pagar lo que su padre me debe.

Al día siguiente, Sergio me avisa que viene con ella, y ha hecho lo que le he ordenado, de alguna manera ella me devolverá mi dinero, aún no sé nada de ella. Una de las sirvientas toca la puerta de mi despacho, le digo “Adelante”

—Señor, el abogado llego. —ordeno que pasen.

—Buenos días, señor.  —lo miro entrar solo.

—¿Vino la chica? —no me gustan los rodeos.

—Si señor. Ella espera en la sala.

—¡¡Porque carajos no entro contigo!! Deja de hacerme perder el tiempo.

—Prontamente la hago pasar. —mi abogado es algo lento, miro que por lo menos cumplió mis órdenes, entra la chica vendada de sus ojos.

La veo entrar, ella está vestida con un jean y una camiseta, su cabello negro que apenas le llega al hombro, mal cortado de la parte de enfrente, se ve fatal con ese cabello, no aparenta ser una chica de clase media, Sergio se retira dejándola parada en medio de mi despacho. Le rodeo para analizarla bien, no concibo que esta chica sea la hija de ese hombre.

—Bienvenida, señorita, a mi casa. Me dijeron que usted quería hablar conmigo.

—Muchas gracias, señor, necesitaba hablar con usted, estoy agradecida que me haya recibido. —ella no deja de tronarse los dedos, se nota su nerviosismo.

—Entonces la escucho, que desea proponerme para pagar lo que me deben. Lamento lo de su padre, pero como sabrá no puedo perder ese dinero.

—Bueno, yo… Como le digo, ahorita no tengo dinero, pero si usted desea puedo trabajar en lo que diga para pagarle. —¿qué demonios dice?

—En lo que yo quiera. ¿Estás segura?

—Sí, sé hacer de todo, prometo que no le fallaré, soy una chica fuerte.

—Excelente, entonces venderemos tus órganos, es el trabajo más efectivo, así saldrás rápido de ese problema. —ella tiembla ante mis palabras.

—No, no es eso lo que digo, ¡que está diciendo!, yo me refería a lavar su ropa, plancharla y asear su casa. — esta chica me hace el día.

—Crees que haciendo eso me pagaras, solo en tus sueños, la otra manera es vendiendo tu cuerpo ¿Entiendes eso? Te tocaría bajar unos kilos de peso, pero la haces, talvez encontremos un buen comprador.

— ¿A qué se refiere con vender mi cuerpo? —ella retrocede y se tropieza con la mesita, cayendo en sus posaderas en el suelo, busca la manera de ponerse de pie, estoy recostado en mi escritorio con los brazos cruzados, me divierte verla gatear buscando en qué sujetarse para poder ponerse de pie, le dificulta ponerse de pie por su peso.

—A lo que me refiero es que te puedo prostituir para recuperar mi dinero.

—¿Qué ha dicho? —encontró el brazo del mueble y se sujetó para ponerse de pie— No, eso jamás lo haría.

—Entonces venderé todo lo que posees, a ver cuánto logro recuperar.

—Por favor, eso tampoco, es lo único que me queda de mi padre, además si lo hace, me dejará en la calle.

—¡¡Mujer, que pretendes, nada de lo que te he dicho aceptas, es que acaso no quieres pagarme!! No encuentro otro medio para que generes dinero.

—Si le quiero pagar, solo que esas opciones no me gustan.

—Pues son las que hay, elige una para proceder.

—¿Y si no elijo ninguna?

—Entonces yo tomaré el control de todo lo que posees, incluyéndote. Te dejaré en la calle y por el resto del dinero faltante trabajarás para mí, prostituyéndote. —ella se tapa la boca.

— Por favor, deme otra opción, le juro que, si le quiero pagar, déjeme hacer algún trabajo decente. Yo soy fuerte, puedo jalar agua, hacer trabajos pesados.

—Lo siento chiquilla, solo esas opciones hay, así que tómalas porque no tienes más salidas. —se desplomó de rodillas, llorando, dejando caer todo su cuerpo al suelo, pegando su frente en el suelo, murmuraba algo, pero no le alcanzó a oír— ¿Qué haces?

—Le suplico, que me dé una manera decente para pagarle, se lo suplico, trabajaré muy duro, pero no de esa forma que usted me ofrece.

—¡Una manera decente! Está bien, te doy tres días para que traigas ese dinero. ¿Es una manera decente, ¿te parece?

—Eso es imposible, le suplico señor Palmer, apiádese de mí.

—Qué te parece si eres mi esclava sexual por cinco años y con eso pagas todo. Es un ofertón que te estoy dando. —ella se incorpora y tentando con las manos busca dónde apoyarse para apoyarse, la miro que se tambalea, de seguro se le durmieron las piernas por la posición en que estaba.

—¿Qué haré, como su esclava sexual? —¿Dónde ha estado esta mujer?

—Ya veo que te llamo la atención, eso quiere decir que estás dispuesta. Tengo ciertos fetiches, que posiblemente tú des la medida para ellos.

—¡¡Fetiches!! ¿Qué es eso? No comprendo.

—Cosas que practico por diversión y me excitan.

—¿Está jugando conmigo, verdad?, le soy divertida. —le salen dos lágrimas.

—¡Aún no he dicho que harás!

—¿Eso no es prostituirse? ¿Verdad?

—De alguna manera, sí. Al menos será con un solo hombre, en este caso yo.

—¿Otros hombres me van a tocar? —sonrió porque al parecer está interesada.

—¿A qué te refieres por tocar?, ¡¡chiquilla, yo estoy hablando de otra cosa!!

—¡¡Me van a violar!! —se desorienta y mueve la cabeza para ubicarse y se dispone a salir corriendo.

—Y que pensabas, que soy un sacerdote y que esta es una iglesia, ¡Por Dios niña en que mundo vives!

Me le acerco, su cuerpo es rellenito, pero bien proporcionada, tiene unas buenas tetas, y un buen trasero, me llega al hombro, no es chaparra, eso le beneficia por el cuerpo que tiene, se ve limpia, mal arreglada y uno que otro detalle que hacerle, cosas que se pueden mejorar.

—Solo supuse que tendría misericordia de mí, y me permitiría trabajar para usted en su casa y lograr pagarle, pero me equivoque.

—¡¡Te equivocaste!! Si decides aceptar, solo tienes seis días para arreglar tus documentos porque viajarás conmigo.

—Me está diciendo que no viviré aquí, yo nunca he viajado, solo de reflexionarlo me está dando ansiedad. Necesito una barra de chocolate. ¿Me podría dar una por favor?

Ella se mueve con desesperación, la miro que tienta con las manos y cuando toca el borde del mueble se sienta colocando las manos en su pecho que sube y baja con rapidez.

—¿Qué demonios te pasa?

—Consígame una barra de chocolate, por favor, me está costando respirar. Padezco de ansiedad.

—¡¡Maldición!! 

Salgo del despacho y le grito a la sirvienta que se consiga una barra de chocolate, ella de inmediato me trae una, entro cerrando la puerta, y se la doy, miro que tiene dificultad para quitarle la envoltura, se la arrebato para quitarle la envoltura y se la doy, ella comienza a comerla, se la termino en cuestión de segundos.

Después de comerse la barra de chocolate, totalmente a oscuras, su respiración fue normalizándose, apretó sus puños por la impotencia que siente, ahora ya no está su padre para protegerla.

—No puedo aceptar, ¡Lo siento! No puedo hacerlo. —se quitó la venda de un tirón.

Ella se ha marchado sin elegir ninguna opción, rio a carcajadas, por ser tan malvado con esa joven, que al parecer aún nadie le ha roto la burbuja en la que vive. No puedo ser ese buen samaritano que ella necesita, que sabemos que tenga una nueva experiencia con ella. No he parado de reír, al ver la expresión de su rostro al salir de mi despacho. 

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