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Capítulo 2

- No me importa el amor, de verdad - dice y me muerdo el labio.

- Entonces, ¿qué es primero? - pregunto cambiando el tema a lo que se supone que debemos estar haciendo y él sonríe.

- Correremos hasta el final y de regreso a ver qué tan hermosa está tu condición física - dice y asiento y comienzo a hacer mis estiramientos.

- Bien, hagámoslo - digo preparándome.

Empiezo lento y aumento mi ritmo trabajando mi camino hasta el final del callejón sin salida y de regreso con Mateo a mi lado observándome de vez en cuando.

- ¿ Te gusta lo que ves? - bromeo y corro hacia la línea de meta.

Inclinándome, respiro profundamente y salto arriba y abajo, mi cuerpo comienza a sentirse caliente.

- Me gustó lo que vi desde el momento en que te vi - dice y me lleva a su casa.

—¿Ya terminamos? —le pregunto, confundida, preguntándole por qué entramos.

—Tengo un gimnasio en casa y siempre caliento afuera. Pensé que te gustaría más esto —dice , y cierra la puerta tras de mí.

De pie en su sótano, tiene máquinas de todo tipo y yo evito la cinta de correr, no queriendo correr más, y me dirijo a la colchoneta en el suelo.

—Necesito hacer algunas sentadillas y abdominales, es lo que suelo hacer después de correr —le digo a Mateo y él asiente y me imita en el suelo.

—Quiero que hagas cinco repeticiones de seis abdominales y luego las mismas sentadillas —me dice y empiezo a sentir la tensión. De verdad que necesito volver a ponerme en marcha.

Observo a Mateo de reojo y va al mismo ritmo que yo, así que le agradezco y acabo de hacer mi quinta repetición y vuelvo a sentirme caliente.

—Sentadillas preciosas, vamos —dice y me incorporo, sacudiendo el cuerpo y empiezo mientras él se pone delante de mí haciendo las suyas. Se ve tan bien entrenando. Podría mirarlo y empezar a sudar. Maldita sea.

—Lo puedes hacer, preciosa. Tres más —me anima y empiezo a sentir las gotas de sudor en la cabeza y la espalda. Odio hacer ejercicio.

- Tres, dos, uno. Perfecto - me dice y mira hacia las pesas.

- ¿Qué tal si haces tus pesas y yo trabajo todo mi cuerpo en la máquina de remo ? - Le pregunto y él sonríe.

- No suelo decepcionar a mis clientes aquí abajo, pero como me lo pediste tan amablemente. Estoy seguro de que puedo observarte al mismo tiempo - me dice y sonrío.

- Todas estas cosas bonitas que sigues haciendo solo por mí. Me harás sentir especial, Mateo - bromeo y él se ríe.

- Deberías sentirte especial, hermosa - dice y me muerdo el labio. Ojalá, guapo.

- Solo quiero observarte para ser honesta - digo en voz baja, pero él escuchó porque vi la sonrisa en sus labios cuando se dio la vuelta. Mierda.

- Sentimientos más que mutuos, Lucía - dice mientras se dirige al banco y se recuesta.

Sudando por remar como una loca, pongo el mango hacia atrás y me siento aquí respirando agitadamente cuando siento unas miradas que me hacen girarme para ver a Mateo observándome y sonrío.

- No te das cuenta de lo sexy que te ves ahora mismo Lucía - me dice mientras camina hacia mí con una botella de agua. Dame, siento que me muero.

- Gracias, ¿ya terminamos? - le pregunto poniéndome de pie y él señala la colchoneta.

- Necesito estirarte antes de que termines - dice y siento un vértigo recorriendo mi cuerpo. ¿Habla en serio?

- No me mires así. Estoy haciendo todo lo posible para ser profesional contigo - dice lamiéndose los labios y yo sonrío. Apuesto a que sí.

- Bueno, te lo agradezco Mateo. Gracias - le digo y me dejo caer en la colchoneta sintiéndome aletargada. Hacía tiempo que no usaba tantas partes del cuerpo a la vez.

- Acuéstate boca arriba y levanta la pierna izquierda - me dice, poniéndose en el suelo frente a mí y flotando sobre mí en una posición muy sexual mientras empuja mi muslo pasando sus manos sobre mí. Ohh Dios, sus manos se sienten tan bien tocándome. Necesito más.

- Pierna derecha - dice sonando más profundo y abro los ojos cambiando de pierna. Hace lo mismo con esta pierna y me oigo gemir. Dios mío, Lucía... relájate, está frotando tu pierna.

- Ahora ambas piernas sobre mis hombros - dice acercándose y siento algo entre mis piernas largo y duro. Trago saliva y abro los ojos mirándolos mientras me estira más. Abre mis piernas y se abren fácilmente para él y sus ojos se oscurecen. Se cierne sobre mí y me besa suavemente.

- Terminaste hermosa - me dice y salta. Espera un momento... No he terminado... ¡Vuelve!

- Vale, gracias. Creo que te tendré tres veces por semana. ¿O es demasiado? —Te daré lo que puedas dar —le digo, y me sonríe con suficiencia—.

Revisaré mi agenda y te agendaré. Tres veces debería bastar, pero te aviso. No me importa hacerme un hueco solo para ti, guapa —me guiña un ojo y me levanta—. Quiero a este hombre.

El punto de vista de Lucía

De pie en la ducha, me paso las manos por el cuerpo sensible y ya echo de menos sus manos sobre mí. ¿Qué me pasa? ¡No soy así! Pero lo deseo.

Me lavo bien el cuerpo, enjuagándome el sudor del entrenamiento, y repito.

Al salir, me seco, me hidrato y entro en mi habitación a buscar la ropa de hoy. No tengo intención de ir a ningún sitio, así que me pongo unos leggings negros y una camiseta holgada y empiezo a desempacar la ropa en el armario.

La clasifico por temporada y color antes de colgarla. Doblo el pijama, lo meto en los cajones y luego la ropa interior.

¡Joder, por qué tengo tanta ropa! ¡Guau! Suspiro aliviada de que ya esté hecho mientras me dejo caer en la cama.

Mirando alrededor de mi habitación, cojo la bolsa de cojines y hago la cama como es debido, añadiéndoles los cojines y sonriendo. Ya me encanta esta casa.

Bajo las bolsas vacías, voy a la cocina, las tiro al armario y empiezo a desempacar los utensilios de cocina. Tengo que ir de compras. No tengo ni idea de dónde hay un supermercado ni cómo llegar. Menos mal que tenemos Google Maps.

Terminando con todo, entro en la sala y me siento a relajarme. Mudarse es un trabajo duro. Pero me pregunto qué estará haciendo Mateo. ¿Qué? No, Lucía. Es tu vecino. ¿A quién le importa?

Saco mi teléfono y les escribo a las chicas. Necesito ayuda.

Chat grupal de Vanessa/Casey: Dios mío, chicas, mi vecina está buenísima ??? X

Vanessa: ¡Dios mío! ¿En serio? ¿Cómo es? Dame los detalles... X

Casey: Acabo de escupir mi café... ¿En serio? ¿Qué calor? ¿Caliente? X

Yo: ¡Qué delicia! Además, es mi nuevo entrenador personal. Me entrenó de maravilla. ? X

Casey: Ya te extraño, nena. X

Yo: No te acerques. Me lo pedí. Es mi vecino ? Te extraño X

Vanessa: Tómale una foto y déjanos verlo la próxima vez que estés con él. X

Casey: Lo que dijo Vanessa... X

Yo: Chicas, sois divertidísimas... ¿Cómo voy a sacarle una foto sin que me vea? ¡Divs!

Vanessa: Solo dile que quieres uno para tus amigos... Estoy segura que lo entenderá ?

Yo: Vete a la mierda. Tendrás que esperar para verlo como una persona normal.

Casey: ???

Yo: ¿Cuándo vienes a verme? Quiero enseñarte la casa y la boutique.

Vanessa: Pronto, nenas, lo prometo. El trabajo está a tope ahora mismo. Te llamo pronto, te quiero, cariño. X

Casey: Enseguida te llamo, nena. Te quiero. X

Yo: Los amo a ambos X

Dejo el teléfono riéndome de mis mejores amigos... Me saco una puta foto... Como si...

Me levanto sacudiendo la cabeza y agarro las llaves del coche. Necesito ir a hacer algunas compras. Quiero hacer la cena para agradecerle a Mateo por ser tan acogedor. Y caliente...

Cierro la puerta de entrada, me subo al coche y busco el supermercado más cercano y encuentro uno a diez minutos. Genial. Sonrío felizmente y arranco el motor, arrancando.

Justo a punto de salir del callejón sin salida, mi teléfono suena por los altavoces mostrando a Bruno. Joder.

- En serio, Bruno. Supéralo ya. Ya lo hice - le digo contestando. Pero no sé por qué lo hago.

- Te quiero, chica. No puedes romper conmigo e irte. Teníamos planes, cariño - dice y me río.

- El único plan que tenías era vender drogas y matar gente. No puedo vivir esa vida, Bruno. Se acabó, acéptalo y sigue adelante. Ya lo hice. Adiós - le digo y corto la llamada.

Terminando el viaje, me detengo en el estacionamiento de un Tesco y salgo. Agarro una moneda, tomo un carrito y entro en la tienda.

Haciendo mi camino, tomo fruta y verduras, papas y trozos de ensalada.

Recogiendo muslos de pollo, con alitas y muslos, tomo trozos de carne junto con cordero y tiras de tocino. Agarro salmón y atún, luego me abro paso para tomar todos los productos lácteos que necesito y pan con pasta y todos mis condimentos.

Camino por el pasillo de bocadillos tomando todos los diferentes dulces y chocolate y luego a la sección del hogar. Tomo detergente y suavizante con todos mis productos de limpieza y papel higiénico y luego paso a mis productos femeninos. Caminando por el pasillo de alcohol, tomo dos botellas de bourbon 'por si acaso' además Mateo se las bebe también.

Terminando me dirijo a la caja con un carrito lleno y comienzo a empacar mientras el cajero hace el escaneo.

Después de amontonar todas mis compras en mi auto, finalmente estoy en camino de regreso a casa y me costó una fortuna, voy a tener que tener cuidado con lo que como aquí, especialmente con Mateo cerca también.

Me detengo afuera de mi casa y empiezo mis viajes de ida y vuelta cargando las bolsas cuando veo a Mateo entrando a mi cocina con el resto de las bolsas. Es lindo, bendito sea.

- Gracias, cariño - le digo y me sonríe.

- Cualquier cosa por ti hermosa, solo estaba preguntando cómo estabas - dice y le sonrío. Es tan dulce.

- Estoy bien. Lo estoy disfrutando hasta ahora, gracias. ¿Vas a algún lado? - Señalo su bonita ropa y suspira.

- Mi madre me ha organizado otra cita fallida - pone los ojos en blanco y me siento decepcionada. ¿Está saliendo con alguien? ¿Qué esperabas Lucía? Es un chico atractivo, por supuesto que sale con alguien.

—Preferiría no ir, pero entonces mi madre me da una paliza que no puedo soportar —me dice como si se estuviera explicando y yo me pregunto por qué. Está soltero, como dijo... Le sonrío. ¿Por qué me siento tan mal por esto? ¡Solo es tu vecino, Lucía! Eso es lo que me sigo diciendo.

—No hace falta que me expliques. Lo entiendo, gracias por traerme la compra y espero que tu cita salga bien, Mateo —le digo, y me mira con tristeza. ¿Qué? Me cabreo cuando tengo celos, prefiero que se quede a cenar conmigo que con una zorra aburrida y dócil.

—Uy ... Te veo luego —dice, y se da la vuelta para irse. Lo veo salir mientras me apoyo en la encimera de la cocina. ¿En qué me he metido con él?

El punto de vista de Mateo

Salir de casa de Lucía para esta maldita cita estúpida cuando solo la quiero a ella va a ser más difícil esta vez. No me importa salir con las mujeres que elija mi madre. Soy un hombre adulto y tomaré mis propias decisiones. Quiero a Lucía. Solo sexo. No sé...

Pareció molestarse cuando mencioné que iba a una cita y no voy a mentir por dentro, eso me hizo feliz. ¿Me desea igual?

Ir a esta cita maldita cuando solo puedo pensar en Lucía. La forma en que su cuerpo se flexionó cuando pasé mis manos sobre ella. Joder, sal de las nubes, Mateo.

Al llegar al restaurante que mi madre nos había reservado, salí del coche, respiro hondo y me dirijo hacia allí. Ahí va nada.

Al entrar en el restaurante, me detengo en recepción y veo a la camarera que me está mirando, y no puedo evitar poner los ojos en blanco.

- Parker, mesa para dos - le digo, y ella me sonríe mientras teclea en su ordenador.

- Ah, sí. Su cita ya ha llegado, señor. Sígame - dice, y se adelanta para acompañarme hasta mi maldita cita.

Una mujer de unos treinta y tantos, diría yo, se pone de pie y me sonríe. Le devuelvo la sonrisa para ser amable, la miro decepcionada. No tiene nada que ver con Lucía. Vaya...

- Hola, soy Jess - dice, y asiento con la cabeza, sentándome.

- Mateo - le digo, y ella vuelve a sentarse, mirándome perpleja. ¿Qué?

- ¿ Le pongo algo de beber? - dice la camarera mirándome.

- Tres dedos de bourbon - le digo, y miro la carta. Voy a necesitar un trago fuerte para superar esta mierda.

- Entonces Mateo, tu madre me dijo que eres entrenador personal. ¿Alguna vez has pensado en hacer otra cosa? - pregunta Jess y levanto una ceja.

- No. En realidad no. ¿Por qué lo haría? - digo y no entiendo muy bien por qué sacaría este tema n... Tan pronto.

- Es solo que. Pensé que tendrías un trabajo de verdad, no un hobby - dice y vuelvo a levantar la ceja.

- ¿ Hablas en serio ahora mismo? - le pregunto mientras la camarera deja mi bebida y Jess me mira confundida. Me bebo mi bebida.

- A la mierda con esta mierda, - digo tirando un billete de veinte en la mesa para las bebidas y saliendo. ¿Quién coño se cree que es? Perra estirada. No, gracias, madre, ese no es mi tipo.

Vuelvo a subir a mi coche borracho y arranco el motor. ¿Cómo se atreve a hablar mierda de mi trabajo?

Finalmente, al llegar a casa, veo a Lucía sacando la basura y salgo corriendo. La quiero.

- Ya volví. ¿Tan mal estaba ? - pregunta, y sé que está cocinando algo porque huele delicioso.

- Alguna zorra estirada mirándome por encima del hombro - digo, y ella se cruza de brazos.

- No te pasa nada. ¿Está loca? - pregunta, y me río.

- ¿ Qué tramas, guapa ? - le pregunto, y ella sonríe.

- Estoy cocinando la cena. ¿Te gustaría acompañarme si no has comido ya? - dice, haciendo una pausa, y niego con la cabeza. Me muero de hambre.

- Necesito algo de beber - le digo, y ella sonríe, señalando su casa con la cabeza.

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