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Capítulo 4

Compramos todos los huevos y productos lácteos necesarios mientras Deva me presentaba a todos los que conocía. También paramos en una papelería donde pedí unas pinturas y espátulas para pintar, en fin, cosas que se podían encontrar en cualquier sitio menos allí. Allí estaban, tan de otro mundo que había que pedirlos, pero tenían su encanto porque me transportaban al pasado, a cuando mi abuela me contaba sobre su adolescencia. De regreso a casa, mientras Deva me contaba lo dura que había sido su vida una vez repatriados, las discusiones de su padre con sus hermanos, los agravios que le habían hecho, su pequeño instituto o sus sueños secretos, nos detuvimos en un campo de higueras.

-¿Qué tal si comemos unos higos? - Sonreí, dejando cuidadosamente mi bicicleta en el suelo mientras ella me miraba con asombro, haciendo lo mismo. Intenté subirme al tronco mientras ella empezaba a reír divertida mientras yo tenía mi trasero en el aire.

—Ten cuidado, Peps, o tu madre me matará. -

- Chloe y Owen no son mis padres. - Subí un poco más alto, agarrándome fuerte a las ramas y recogiendo algunas frutas que le lancé y que ella atrapó al vuelo y con astucia. - ¡ Vamos, miedoso! Consigamos algo para los demás también. -

Él asintió, preparando la cesta que llenamos rápidamente. - ¡ No sabía que no eras su hija, lo siento! -

-Mis padres murieron y mi historia es un poco complicada. - La tranquilicé con una sonrisa, aunque esperaba que no preguntara nada más ya que no sabía qué añadir. Ése era el único hecho cierto sobre mi familia. Nos dispusimos a recoger la fruta, comiendo más de lo que poníamos en la cesta, riéndonos y contándole algunas historias sobre la menta hasta que alguien al pie del tronco habló.

- ¡ Qué ropa interior de colores más bonita! -

Saltamos con el corazón en la garganta, bajamos la cabeza y nos fijamos en un hombre joven con una gorra sobre su pelo negro ondulado, completo con un tupé rebelde. Sostenía una mazorca de maíz entre sus labios como en las películas antiguas y casi parecía como si regresara de trabajar en el campo.

Noté que Deva se sonrojaba mientras la sonrisa burlona del chico, digna de alguien que sabe un par de cosas, me hizo olvidar cerrar las piernas.

- ¿ Y tú quién serías? —pregunté mientras mi amiga se hundía en la ansiedad, murmurando algo incomprensible para mí entre susurros y gestos.

- ¡ El que te robará esta canasta ahora! - Se rió, me guiñó un ojo y agarró el contenedor de madera, para luego salir corriendo. - ¡ Adiós! -

- ¡ Ey! - Salté de la higuera y comencé a correr tras él durante un rato hasta que desapareció de mi vista y tuve que resignarme.

- ¡ Ánimo! —Deva me llamó desde detrás de mí, a unos cincuenta pies de mí.

-¿Quién es ese criminal ? - exclamé impactada por la rudeza del muchacho, aunque comprendí que lo conocía cuando se mordió el labio inferior con picardía.

-Tommy De Angelis. - Dijo aclarándose la garganta mientras yo cerraba los ojos, escudriñando sus reacciones. - Él está en mi clase. -

- Y..? -

- ¿ Y? No hay... y ...¡que añadir! - Se sonrojó, confirmándome que había más de un " y" que agregar. - ¡Oh...está bien! - Murmuró en señal de rendición mientras yo sonreía. - Estoy enamorada de él desde que lo conozco, aunque soy literalmente invisible para él. Esta es la primera vez que me saluda. -

- Os recuerdo que no nos saludó, sino que ¡nos robó los higos! -

- Higos que a su vez le robamos a otra persona. - Ella se rió mientras asentí en acuerdo con ella.

-Tocado . -

-El caso es que me gusta mucho y nunca he tenido el valor de declararlo. - presionó mientras recordaba el “ yo ” de hace unos meses, tan parecido al Deva de hoy. -¿Alguna vez te has enamorado? -

Me tragué una piedra, teniendo cuidado dónde ponía los pies, mientras empujábamos las bicicletas por el camino cuesta arriba hacia la villa.

- Sí. -

- ¿ Y él le correspondió? -

Sonreí con tristeza y luego asentí, haciéndola soñar como una niña leyendo cuentos de hadas esperando al tan esperado Príncipe Azul, que la salvaría de todo y de todos. Pero ella ni siquiera imaginaba lo que había detrás de nuestro amor prohibido. Cuánto sufrimiento y prejuicio se esconden tras avalanchas de lágrimas derramadas en la noche, obediente y dolorosamente en silencio. - Nos amábamos mucho. Quizás hemos pasado el umbral máximo de amor que se puede sentir hacia otro ser humano. -

- ¿ Y todavía lo amas? -

-Yo nunca me detuve, y quizá él tampoco. - Respondí sin añadir nada más, a merced de las lágrimas listas para escaparse de mis ojos. -Pero el nuestro es un amor imposible. -

Se quedó en silencio durante un buen rato mientras yo suspiraba y me afligía un poco de melancolía. Habían pasado casi tres meses desde la última vez que, en su casa, me puso ante aquella fatídica elección.

- ¿Es él de quien estás escribiendo en ese libro azul? - Él sonrió. Deva prestó mucha más atención a los detalles de lo que imaginaba. Sonreí, asentí y no pude hacer otra cosa.

- Pero si nunca has dejado de tener sentimientos tan fuertes por él, ¿qué esperas para decírselo? ¡Él también te ama, estoy segura de ello! -murmuró sin entender a qué se refería con aquello de “ imposible ”. - Las almas gemelas terminarán persiguiéndose sin cesar, Veronica. No importa cuánto tiempo lleve, cuánto esfuerzo, lágrimas o distancia los separe. Las almas gemelas siempre encontrarán el camino de regreso porque están destinadas a pasar la eternidad juntas. No te rindas -

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