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Capítulo 2

Después de la presentación con su hijo, el señor Lowel volvió a llamar a Madison y le pidió que me llevara a la que sería mi nueva oficina, y, la que al parecer, se encontraba en medio de la del señor Lowel y su hijo.

–Es aquí.

Madison abre la puerta, y entra seguida por mi.

Mi lugar era muy parecido al del señor Lowel; tenía un escritorio de acero y cristal, mi silla y la de los visitantes eran forradas de un precioso cuero negro. Contaba con un archivero, una larga mesa de madera a mis espaldas y una pequeña sala de estar, con su propio televisor de plasma. En mi escritorio estaba una computadora nueva y unos folders extendidos al frente.

–¿Qué... qué es esto?

Le señalo los folders.

–Son los eventos programados para esta semana.

Dice tranquila. Yo tomo los folders y los analizo; en la pestaña del costado tienen una nota escrita con fecha, hora y asunto.

–Así que, trabajarás con Nicholas, ¿eh?

Pregunta ella y en su tono de voz logro advertir algo de diversión. Le lanzo una mirada confundida.

–Ehm, sí. Eso parece.

–Pues, felicidades.

Su sonrisa es enorme, y me mira con los brazos cruzados sobre su pecho.

–Umh, ¿gracias?

Noto en su rostro que muere por soltar la sopa, y eso es justo lo que hace.

–Tienes suerte, ¿sabes?

Mi mirada cambia a una de completa interrogación, provocando una ligera risa de su parte.

–Quiero decir, llegaste aquí por un puesto de asistencia y ahora estás prácticamente a cargo de la empresa junto con el hijo del dueño. Quien además, es un semejante bombón. Por si no lo notaste.

Alza una ceja, expectante a más detalles de mi parte.

–Mmmh, no lo había pensado así. Pero sí, digamos que fue suerte—me encojo de hombros mientras sigo mirando los folders en mis manos—. Además, Madison, no creo que sea correcto que te expreses así de él, es el hijo del jefe, no un bombón.

La miro con una ceja alzada, por encima de los papeles y ella se ríe.

–Amiga, ¿es que estás ciega? Él hombre parece esculpido por los mismos dioses. Nicholas Lowel es un jodido Adonis.

–Lo vi, Madison, y...bueno, sí es atractivo pero...

–¿Atractivo?

Ella me mira con una de sus cejas alzada y se cruza de brazos como no pudiendo creer lo que esta escuchando.

–Oh, espera, ya te entiendo.

Dice como sí la cura para el cáncer hubiera aparecido de repente en su cabeza.

–Eres lesbiana.

Inevitablemente suelto una carcajada y ella me mira sorprendida.

–¿Como es que llegaste a esa conclusión, Sherlock?

En su expresión hay mil incógnitas, lo cual me hace reír aún más.

–Bueno, pues...para que no te interese un hombre como Nicholas Lowel no hay explicación más lógica que el que no te atraigan los hombres en sí, porque nena, él no es cualquier hombre. Es un semental, un dios griego, un David, un...

La miro en silencio unos momentos pero sin perder la diversión de mi rostro.

–Esta bien, está bien. Ya entendí, Maddie. Y, no soy lesbiana—le sonrío—. Es solo que...por el momento no estoy interesada en nada relacionado con el romance.

Ella bufa y se gira, pero no sale por completo de la oficina.

–En fin, linda. Almorzamos a las dos, ¿quieres venir?

Me dice recargada en la puerta.

–Claro.

Me dedica una pequeña sonrisa, acompañada de un guiño y sale de la oficina, cerrando la puerta tras de sí.

Una vez que me quedé completamente sola, tomo los folders nuevamente y camino con ellos unos cuantos pasos hasta la sala, los coloco sobre la mesa de centro y los esparso por la superficie de cristal.  Los ordeno por fecha y hora. El evento más próximo esta registrado para el día de hoy a las 8:30 de la noche: se trata de una reunión con una distribuidora para conseguir nuevos inversionistas para el nuevo proyecto de N&H.

Los documentos contenían toda la información acerca del tratado: cláusulas, tipo de contrato, los acuerdos, términos, entre otras cosas. También venía por escrito donde se llevaría a cabo la reunión, la especificación de la vestimenta y hasta el final venía una nota donde decía que debía estar lista una hora antes.

Bufé ante aquella nota, ¿era en serio? En fin, órdenes eran órdenes. Ordené los documentos en mis manos y comencé a leerlos. No me había dado cuenta de la hora hasta que Maddie cruzó la puerta de mi oficina.

–¿Estás lista?

–Uhm, realmente no lo sé.

Le sonrío apenada y le señalo los documentos que yacen en mis manos.

–Te comprendo—va al sillón de dos plazas a mi costado y se sienta en él—. Trabajar para los Lowel requiere de mucha capacidad mental y física y por lo que veo tienes mucho por ponerte al corriente, nena.

Ella me sonríe y se levanta.

–¿Quieres que te traiga algo para comer?

–No quiero molestarte, Maddie.

–No lo haces—ella ríe nuevamente—, ¿que te traigo? Iremos a un restaurant de comida rápida.

–¿Te molesto con un sándwich de atún?

Ella chasquea la lengua y me señala con su dedo índice.

–Dalo por hecho. ¡Adióóóóós!

Dice y sale brincoteando por la puerta, aunque no logro entender muy bien cómo es que puede hacerlo con semejantes zapatillas.

Me dispongo a volver a mi lectura pero unos nuevos golpes me interrumpen otra vez.

–¿Y ahora tocas la puerta?

Me río, pero nadie entra, así que sigo su juego.

–Ya pasa, Maddie.

La puerta se abre y se cierra una vez que entra la persona.

–Me temo que soy sólo yo, señorita McCann.

Doy un brinco en mi sitio al oírlo. Definitivamente no se trataba de Maddie.

–Lo siento, señor—digo levantándome de mi lugar—. Es solo que me ha sorprendido.

–Lo note.

Suelta un pequeña risa y una corriente eléctrica pasa por todo mi cuerpo.

–¿No piensa salir a almorzar?

Me pregunta metiendo sus manos en los bolsillos delanteros de su pantalón.

–Uhm, no señor, aún tengo muchas cosas que estudiar para esta noche—señalo los folders en la mesita y vuelvo a mirarlo—, pero Maddie me traerá algo así que comeré más tarde. Prometo hacerlo rápido para volver al trabajo lo antes posible.

Él me escanea de arriba abajo con un aire divertido, saca la mano izquierda de su bolsillo y mira la hora en el precioso reloj de diseñador que lleva en la muñeca.

–¿Le gustaría ir a almorzar con mi padre y conmigo?

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