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Capítulo 1

Observo sorprendida el imponente edificio que se alza sobre mi cabeza. Treinta y tres pisos de metal y vidrio conformaban uno de los edificios más bellos que había visto en mi vida.

Alzo la vista al frente y me encuentro con un hombre en sus cuarentas de guardia en la puerta, y camino hacia él.

–Buen día.

Le digo mientras saco de mi bolso la identificación que me habían hecho llegar junto con la carta de aceptación y se la entrego al hombre. Él la escanea y luego a mi.

–Buen día, señorita McCann. Sea bienvenida a N&H.

El hombre me regala una sonrisa amable y abre la puerta para dejarme entrar al edificio.

Al llegar a la recepción, un aroma a cítricos golpea mis fosas nasales. Camino un poco más y llego hasta una chica que está sentada detrás de un gran computador.

–Hola.

La saludo.

–Buen día, bienvenida a N&H. ¿En qué puedo ayudarle?

–Ehm, verás. Soy la nueva asistente del señor Richard Lowel.

–Ya veo—la chica me escanea de arriba abajo y me señala con su pulgar un lugar a su espalda—. Al fondo está el elevador, subes al piso treinta y tres luego giras a tu izquierda y verás otra isla cómo está, dile a la chica, Madison, a lo que vienes.

Repaso sus instrucciones en mi cabeza y luego asiento en señal de comprensión.

–Vale, muchas gracias.

La chica vuelve a mirar el computador y yo sigo el camino que me indicó. Subo al elevador cubierto por espejos—excepto por la puerta, que es de metal— y oprimo el botón con el número 33, las puertas se cierran y la clásica música de ascensor comienza a escucharse en todo el pequeño espacio.

Cuando las puertas se abren de nuevo, frente a mi veo una elegante sala de espera forrada en cuero negro con una mesa de centro a juego y una planta de plástico en el centro.

Noto al salir del elevador que en realidad no hay una isla como la de la primera planta, sino que aquí hay dos.

—Buen día.

Escucho a la chica de la derecha responderme, le sonrío y voy hacia la de la izquierda.

–Hola, ¿en que puedo ayudarle?

–Verás soy la nueva asistente del señor Lowel.

–¿Disculpe?

Me dice.

–Umh, ¿Richard Lowel?

–Oh, ya veo. Es del otro lado.

–Vaya, gracias.

Dejo a la chica y voy ahora al lado derecho.

–¿La nueva asistente?

–Así es.

–Sígueme.

Ella sale de su lugar y me guía por un pasillo junto al elevador, después de doblar la esquina diviso en el fondo una elegante puerta de cristal templado. La chica golpea ligeramente y después de unos segundos una voz nos indica que podemos pasar.

–Buen día Maddie, dime.

El hombre está inmerso en su computador, así que ni siquiera nota mi presencia al principio.

–Buen día, señor Lowel.

La chica me toma ligeramente por el brazo y me pone a su lado.

–Ha llegado su nueva asistente.

El señor Lowel aparta la vista de su computador y la pone sobre mi. Sonríe inmediatamente.

–Oh, vaya. Adelante, linda, pasa.

El señor Lowel señala con su mano la silla frente a él, invitándome a sentarme.

–Gracias, Maddie. Te puedes retirar.

–Con su permiso, señor.

La chica se retira y yo me siento frente a mi nuevo jefe.

–Bien, me dijeron que vendrías, estaba esperándote. ¿Como te llamas, linda?

–S-soy Alyssa. Alyssa McCann, señor. Y bueno, no sé si sea el momento pero, es un honor trabajar para usted.

Una boba sonrisa aparece en mis labios y me doy un golpe mental. Lo que menos quiero es parecer una loca acosadora en mi primer día aquí.

–Oh, querida. Llámame Richard, por favor, nunca me han gustado esa clase de formalidades. Y, en cuanto a lo del honor de trabajar aquí, estoy seguro que nos vamos a entender.

Él me sonríe y yo hago una mueca ante la idea de llamarlo por su nombre. Ya que eso no es nada correcto, y él nota mi incomodidad.

–Bueno, ¿sabes que? tienes razón, es demasiado pronto para eso.

Él me sonríe nuevamente, y está vez le devuelvo el gesto.

–Ahora, veamos tus responsabilidades.

Apoya sus codos sobre su escritorio con los dedos entrelazados en su barbilla y me mira, su expresión ha cambiado por completo y me da un escalofrío: el hombre cambio de ser un gentil y amable jefe dándole la bienvenida a su nueva empleada a uno de los que causan miedo en solo un segundo.

–Más que nada, querida, necesito...que tomes mi lugar ¿de acuerdo?

Mi cara de "que diablos" lo divierte, así que ríe.

–¿C-como? No comprendo. ¿A qué se refiere con tomar su lugar?

–Escucha, linda.

Él me dedica una mirada fraternal, las comisuras de sus labios elevándose ligeramente.

–Estoy cansado, soy un hombre mayor que ha pasado su vida trabajando. Pero, sin embargo, aún es muy pronto para retirarme. Así que, simplemente, pretendo tomar un descanso. Y, en ese tiempo, tu tomarás mi lugar.

Mis ojos se abren de par en par y los nervios se apoderan de mi cuerpo.

¡¿COMO CARAJOS PRETENDE QUE LIDERE UNA EMPRESA COMO N&H YO SOLA?!

–Disculpe mi atrevimiento, señor Lowel pero...con todo respeto, no me creo capaz de dirigir una empresa como la suya. No me perdonaría si por alguna equivocacion mía llegara a perjudicar su empresa.

Vuelve a mirarme, con un brillo especial en sus ojos: esperanza

–Tranquila, Alyssa. No estarás sola. Además, irás aprendiendo sobre la marcha. Lo que quiero decir con tomar mi lugar es que asistirás a reuniones, eventos importantes, conferencias. Todos los lugares a los que ya me cansé de asistir. Trabajarás más que nada acompañando a mi hijo.

El hombre toca un botón en el intercomunicador y habla, sin despegar su mirada esmeralda de mi.

–Maddie, ¿puedes pedirle a Nicholas que venga, por favor?

–Claro, señor.

Oigo la voz de la chica salir del aparato.

–Y bueno, como te decía. Trabajarás con él en mi lugar, no te será difícil.

El hombre se recarga en su asiento y me sonríe. Yo asiento.

–Señor, disculpe pero, creí que sería su asistente.

–Lo eres, querida Alyssa. Lo eres. Así es como me vas a asistir.

Después de unos segundos, la puerta del despacho es golpeada nuevamente.

–Adelante.

Oigo la puerta abrirse y volverse a cerrar detrás de la persona que acaba de entrar.

–¿Me llamaste, padre?

Una potente voz masculina resuena en la habitación y hace eco en mi cabeza. El deseo de girarme y conocer el rostro del dueño de aquella voz me golpea con fuerza en el pecho, pero es que la verdad me ha dejado helada. Aquella era una de esas voces que te podrían poner la piel de gallina con un solo susurro.

–Sí hijo, pasa.

El señor Lowel se pone de pie y me invita a hacer lo mismo. Mis piernas se tambalean, pero lo obedezco.

–Hijo, ella es mi nueva asistente, Alyssa McCann. Alyssa, él es mi hijo Nicholas.

Levanto mi mirada hacia su rostro y mis piernas flaquean una milésima de segundo ante su mirada penetrante pero me obligo a retomar la compostura y acerco mi mano a él para estrecharla.

–Mucho gusto, señor Lowel.

Él la toma y la aprieta ligeramente.

–Un placer...Alyssa.

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