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Capítulo 8. No la dejare ir parte 2.

- ¿Que me paso de que hablas? -. Los mire extrañada.

-No te acuerdas hace media hora estabas mal sudabas y estabas fría, pensé que te ibas a morir-.

-Estoy bien, perfectamente que no me ven-. Sonreí.

Si me acordaba de lo sucedido, pero no quería asustarlos, ni yo sé que fue lo que me pasó.

-Estaré pendiente de ti señorita-. Me dice Josías.

-De acuerdo, pero no me aceches por favor-. Uní mis manos.

Todos empezaron a retirarse, me levante y fui al cuarto de baño, tome una ducha de veinte minutos, al salir me vestí. La noche llego, me acosté en mi cama me sentía cansada.

Los días siguiente me recupere no sentía esa opresión tan fuerte, pero si sentía como si algo me faltaba, o como si alguien estaba sufriendo por mi culpa, no se era algo raro. La semana se pasó tan rápido que ya estamos de vuelta a la ciudad, Josías me llevo a casa.

- ¿Por qué no contestas las llamadas? -. Pregunta mi madre.

-Porque no tengo móvil lo perdí-. Si perdí mi móvil en el apartamento de mí jefe.

-Dany donde cargas la cabeza-. Me encojo de hombros.

-Voy a descansar estoy molida del viaje-.

-Está bien te llamo cuando este la cena-. Asentí.

Subí a la habitación, y me acosté en la cama, cerré mis ojos...

Eres mía, mi luna, mi mate, soy tu dueño, solo mía de nadie más. Sentía su nariz en mi cuello.

Eres mi alma gemela, mi alma Cantú, solo mía. Sus dedos eran fríos, sentí unos dientes filosos en mi cuello. Mia no lo olvides, no me olvides mi amor.

Ella me pertenece solo a mí, es mi luna.

Estaba en un bosque, como llegue yo aquí. Miré a ambos lados, un perro grande negro era el que hablaba, al igual que un hombre que se me hacía conocido...

Me desperté asustada. -No de nuevo, no otra vez, ya dejen me en paz-. Las lágrimas se me desbordaron mojando mis mejillas, me acurruque...

Me metí al baño, tome una ducha de veinte minutos, baje a cenar... en toda la noche no pude dormir.

Al día siguiente fui a la agencia Josías me estaba esperando en la puerta. -A ti te necesito-. Me dice.

-Para que soy buena-.

-Para todo mi amor, pero en este momento te necesito para un trabajo-.

- ¿Trabajo donde? -.

-Esta es la dirección-. Me dio un papel, lo leí.

-Sorry Josías, pero no tengo ni la más remota idea donde queda esto-.

-No te preocupes ese galán de haya te llevará-. Mire en la dirección que me señalaba.

- ¿Quién es ese, de donde lo sacaron? -. Era un gorila con cara de muñeco.

-No lo sé, solo sé que la orden viene de arriba y él acepto mandarte a esa sesión y él chico te llevará al lugar acordado, creo que se encargará de tu seguridad-.

-Sobre que es el trabajo-.

-Te acuerdas esa crema corporal que tanto ama, pues es de esa-. Abrí mi boca como pez.

-Eso es en serio, ¡ah! no lo puedo creer-.

-Si nena, te irás por unos tres días, lleva lo esencial-.

-Tres días-. Asiente. -Creo que debería irme ya-.

-Así es ten cuidado con él-. Lo mire y camine hacia él hombre.

-Señorita Echeverri seré su escolta hasta llegar a su destinó-. Asentí.

-Si, pero primero tengo que ir a casa por algunas cosas-.

-De acuerdo-.

Salimos, se acercó a un hermoso Mercedes Benz del año, abrió la puerta para mí, subí al auto, cuando subió puso el auto en marcha. Minutos después llegamos a casa, baje con su ayuda, subí a mi habitación y tome lo necesario y de uso personal, bajé, me despedí de mi madre, al salir él chico me ayudó, subió mí maleta y la acomodo en el porta equipaje.

Me abrió la puerta subí y el también, puso el auto en marcha... no sé cuánto tiempo llevo sentada en este bendito auto, dejamos la ciudad para meternos en un extenso bosque, no había cruzado palabras con mi chófer, que ni se cómo se cuál es su nombre y no le e preguntado, árboles y más árboles pasaban. Estoy aburrida casi diez horas llevo aquí sentada le he hablado pero el hombre es como un robot.

-Aún falta mucho, siento las pompis dormidas-. Me miro a través del espejo retrovisor.

-Falta poco-. Se limita a decir.

- ¿Porque no me has hablado en todo el trayecto del camino, te caigo mal o no sé? -.

-No señorita tengo órdenes de mi jefe-.

- ¿Qué clase de jefe tienes?, ¿Por qué alguien haría algo así?, ¿Qué clase de persona es él? -. No dijo nada absolutamente nada, que le pasa a su jefe o quien sea, no soy una persona orgullosa.

Algunas cabañas hermosas empezaron adornar el camino espero y me den una en mi estadía, tomo un camino de piedra se veía hermoso, una gran casa apareció a lo lejos, nos empezamos acercar a esta, él estaciono el auto mientras yo veía la casa maravillada, no había visto unos cimientos de esta clase y menos que una especie de lobos la adornaran. La puerta fue abierta baje, él fue a la parte trasera del auto, saco maleta.

-Sígueme-. Me dice con tono neutro.

Mi corazón latía desenfrenado, y mis piernas me temblaban, les a pasado alguna vez eso que sienten que sus piernas se le aguan, pues así me siento yo en este momento, mis piernas están más aguadas que helado, un escalofrío recorrió mi espina dorsal, me estremecí por ello.

Tenía una sensación extraña, él abrió la puerta me cedió el paso, pase y espere que él cerrará, al cerrar siguió el camino a un pasillo largó.

- ¿A donde me llevas? -. Detuve mis pasos esto no me gustaba para nada.

-El señor la espera-.

-No pienso dar un paso más-. Giré y choque contra un cuerpo, levanté el rostro encontrándome con esos dos pozos negros.

-Ya te quieres ir mi querida Daniela-. Casi gimo al escuchar mi nombre. -Tan pronto-. Me estampó contra la pared y me beso.

Un beso devastador, sentí como todo en mi se removió, no estoy teniendo otra alucinación despierta, no sus labios eran tibios y su boca estaba húmeda, dio un leve mordisco a mis labios, haciéndome agarrar la solapa de su camisa.

-Te extrañe-. Las palabras abandonaron mis labios sin permiso.

-Debiste venir antes a mí, no te dejaré ir-. Devora mis labios de forma demandante. -No me vuelvas a dejar eres mía-. Lo mire.

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