Capítulo 6. Serás mía parte 2.
-Tome asiento por favor-. Que no se daba cuenta que me estaba torturando.
-Y… y… yo estoy bien así-. Volví a tartamudear.
-Por favor insisto-. Camine hacia la silla él se acercó halo para que me sentará, su olor me hacía querer besarlo, me sentía extraña con su cercanía.
Al sentarme sentí su nariz en mi cuello, mi piel se erizo de inmediato. - ¿Está bien? -. Pregunté al girarme hacia él quedando a escasos centímetros de su cara.
Mi corazón se aceleró, al igual que mi pulsó, me sumí en sus dos pozos negros, no podía desprenderme de su mirada, sentía una fuerte atracción hacia él.
No pude contenerme, lo tomé de la camisa lo atraje hacía mí y lo besé con fiereza quería todo de él, mi cuerpo se estremeció cuando su lengua toco la mía...
Sentí su mano acariciar mi mejilla, parpadeé varias veces, había sido mi imaginación, estaba imaginando besarlo.
-por dios Dany pero que te pasa eres de lo peor-. me reproché.
Me levante de inmediato. -Disculpe señor Hegel que deseaba de mí-.
-Todo-. Lo mire sorprendida.
- ¿Como? -. Tal vez había escuchado mal.
-Quería invitarla a cenar-. Me soltó y caí en la silla como una papayita.
Lo mire perpleja. -Lo siento señor Hegel, aunque de señor no tiene nada digo... Sacudí mi cabeza. -Creo que es mala idea, usted es mi jefe y se vería mal-.
-Sera una cena para conocerte, quiero conocer a todos los que trabajan aquí-. Camino hacia su asiento y se sentó.
-Eso quiere decir que ya invitado a varias de las chicas-. Sentí mi sangre hervir, ¿estaba celosa?, ¿No o sí?
-No empezaré contigo-. Me sorprendió. -Solo será una cena para hablar de trabajo-. Mi corazón se estrujo al escucharlo decir eso.
-Si es sobre trabajo puede llamar a mi agente y habla con él sobre lo que tenga qué decir, él es él que se encarga de todo-.
-Lo que tengo que decir sólo lo quiero hablar contigo-. Trague grueso.
-Lo siento, pero no puedo-.
-Me estas despreciando la invitación-.
-No-.
- vamos Dany es solo una cena con él dios griego-.
-Y entonces, acaso tengo que pedirle permiso a tu novio-. Fruncí el ceño.
-Yo no tengo...
-No importa solo será una cena-. Suspiré.
-Usted sabe cómo son los paparazzi-.
-Y quien dijo que iremos a cenar en un restaurante-. Lo mire. -Cenaremos en mi apartamento, creo que estaremos más seguro de cualquier cámara-. Hice una mueca al pensar que ahí, iba llevar a todas las chicas.
- ¡Oh vamos Dany estas celosas, que me sucede hoy!, como voy a estar celosa por alguien que no es nada mío-. Estoy fatal lo sé.
- ¿Que dices? -. Se recuesta al respaldar de la silla.
-Solo sera una cena no te hagas la difícil sientes una atracción por él lo sabes-.
-Está bien aceptó-. Él me brindo una hermosa sonrisa.
-Te espero en el estacionamiento en dos horas-. Asentí.
-Eso es todo-.
-Si-. No quitaba su mirada de la mía.
-Con permiso-. Me levante y camine con rapidez a la puerta.
Tenía el corazón a mil, ese hombre es un mal para mí, si me pone, así como me pondré cuando esté con él a solos. Fui al baño me eché agua en la cara lo necesitaba mucho.
Regreso con los demás, como dije no había mucho que hacer, cuando me di cuenta ya se había pasado las dos horas, me despedí de todos y salí, al llegar al estacionamiento lo vi recostado en su auto, solo con verlo mis piernas se pusieron débiles, jamás alguien había causado ese efecto en mi.
-Hola, digo buenas-.
-Hola-. Me saludo igual, abrió la puerta para mí, subí al auto él cerró la puerta, rodeo el auto y subió.
-Está muy lejos su apartamento-.
-No mucho descuida llegaremos en unos treinta minutos-. Asentí.
Él puso el auto en marcha, mire por la ventana, sentía su mirada en mí, trataba de no mirarlo como quisiera que la cena y lo que tenga que decirme lo haga rápido, y así poder ir a mi casa.
Como dijo en treinta minutos estaba estacionado su costoso auto en el hotel más lujoso del estado.
Él bajo, suspiré, puse mi mano en la puerta, pero esta fue abierta antes que yo lo hiciera, salí del auto plise la falda de mi vestido, él hizo un ademan para que lo siguiera. Le sonreí nerviosa y caminé hacia donde él me indicó, sentí su mano en mi cintura, me estremecí al sentir sus dedos acaricia mi espalda baja.
Al llegar al elevador marco una clave, el elevador abrió así dejándonos subir en él, nos adentramos al elevador este cerró sus puertas metálicas, marco la clave nuevamente y empezamos a ascender. De vez en cuando lo miraba al igual que él a mí, las puertas se abrieron salimos de él, vaya que el piso que el habitaba era digno de reyes.
Abrió una puerta me cedió el paso. -Bienvenida a mi humilde morada-. Humilde si claro, yo vivo en una pocilga entonces.
-Gracias-. Dije nerviosa.
-Permíteme-. Se colocó detrás de mí, tomo mi saco y me ayudó a quitármelo. -Siéntete como en tu casa, ya vengo-. Me senté en uno de los sofás, vaya que era muy lindo el departamento, el diseño minimalista era hermoso.
Una señora mayor apareció, al parecer era la ama de llaves, me sonrió y salió.
-Acompáñame-. Di un respingo al escuchar su voz. -Lo siento no fue mi intención-.
-Descuida siempre me pierdo en mis pensamientos-.
-Y que pensabas si se puede saber-.
-En nada a veces pienso en la nada-. Llegamos al comedor, él retiro una de las sillas para que me sentará. -Gracias-. Tomo asiento a la cabeza.
-Espero te gusten los platillos-. Tomo una de las charolas y la abrió, me sirvió un poco, los platillos iban pasando al igual que las copas de vino tenía que calmar mis nervios de alguna manera...
-Wao estuvo delicioso todo, pero aun no entiendo ¿el por qué estoy aquí? -.
-Ya lo sabrás, no seas tan impaciente-.
-Mientras espero puedes servirme otro poco de vino-.
-Te vas a embriagar y no podremos hablar bien-.
-No creo que me embriague con unas cuantas copas de vino tinto-. Lo miró.
-No, pero con las que llevas son suficientes y este vino ha sido añejado por cien años-. Lo mire dándole el último sorbo de lo que quedaba en mi copa.
- ¿Como sabes que fue añejado todo ese tiempo?, si tienes como unos veintiocho años-. Sonreí, si ya estoy mareada.
-Tengo treinta y uno y sé muy bien que ese vino fue añejado por ese tiempo por lo tanto es más fuerte que los demás-.
-Okey tu eres el experto-. Lo mire con los ojos abiertos. -Digo usted-.
-Descuida preciosa-. Me sonrió pero que guapo se ve. -Mas nos vale disfrutar del vino ya que te lo estás acabando-. Reí fuerte. -Eres hermosa-. Me sonroje sentía mi mejilla arder. -Vamos al salón-. Asentí.
Al levantarme casi me voy al piso, él me tomo de la cintura y me ayudo a ir al salón, me senté en el sofá al igual que él se sentó a mi lado.
-Estas bien-.
-Si eh.... Mi móvil sonó lo saque del bolso, ¡hay! Me van a colgar. -Tengo que contestar-. Me levante con un poco de dificultad.
Llamada.
-Hola mami ¿cómo estás? -.
-Daniela, ¿dónde estás hace horas debiste llegar y aún no lo haces, se puede saber dónde estás? -.
-Estoy en un lugar hermoso-.
-Estas tomada Daniela-.
- ¿Que no mamá ya tengo que irme?, me quedare con Esteban-.
-Este bien corazón ten mucho cuidado-.
-Okey ma te quiero-.
Fin de llamada.
Regrese con él, al sentarme casi caigo encima de él.
-Lo siento-.
-Descuida....
No sé cuántas copas llevo. -Creo que ya es suficiente para mi-. Puse la copa en la mesa, pero está cayo.
-Creo que no estas muy bien que digamos o mejor dicho no estamos bien-. Sonrió.
- ¡Sabia que tiene una hermosa sonrisa! -. Se acerco a mi acaricio mi mejilla.
-Lo mismo digo de ti, eres hermosa-. Se acerco a mí su aliento choca con mi rostro.
-Muero por besarte-. Dije, sentí sus labios tocar los míos, entreabrí mi boca para así unir mis labios con los suyos, sentir él calor de su boca era la sensación más excitante que he sentido en un beso, su lengua toco la mía me acostó en el sofá, nos separamos por falta de aire. -Estoy delirando nuevamente-. Dije entre jadeos.
-No preciosa esto es real-. Volvió a besarme nuevamente nuestras lenguas danzaban en sincronía pase mis manos por su cuello, lo pegue más a mí. -Serás mía-. Lo escuche decir. -Dime que serás solo mía-.
-Seré solo tuya-. Lo mire, volvió a tomar mis labios con los suyos llevo sus manos a mis piernas.
-Eres mía desde siempre, mía...
