Capítulo 1
AXEL ZANDERS
Esta fiesta era un caos por donde quiera que lo vieras. La mayoría de los chicos ya estaban completamente borrachos y tal vez, en otro momento, yo hubiera estado igual que ellos, sino fuera porque Blake andaba distraído y rodeado de conejitas; por lo cual, yo no podía dejar de cuidar de la única joya que brillaba en este abarrotado lugar lleno de buitres deseosos de sumar un nombre más a sus largas listas de conquistas. Y me negaba a que ella fuera una más de esas conquistas de una noche.
Nico y otros de los chicos ya estaban rompiendo varios elementos de la decoración a su paso y se habían desecho de su prenda superior, pavoneando sus torsos alrededor de las chicas disponibles como si estuvieran en una pasarela de modelos bad boys, mostrándose como sementales disponibles de un catálogo hot. Sin embargo, Jace estaba sentado cerca de una de las barras de cerveza, perdido en lo que sea que estuviera observando en su celular, mientras tomaba pequeños sorbos de su bebida. No se podía negar que era el más centrado de nosotros cuatro y el que más madurez mostraba cuando más la necesitábamos.
Había sido un año maravilloso, lleno de victorias continuas, pero lo mejor de todo era que habíamos logrado caer todos juntos en el mismo equipo de la universidad. Ese había sido nuestro mayor temor y al final habíamos logrado que fuera tal cual lo deseábamos.
Me sentía bastante salvaje y suertudo, aunque si era sincero, una parte de mi estaba acongojado porque ya no me encontraría con Elif en los pasillos, ni tendríamos disponible el mismo tiempo de antes para pasar juntos, pues Blake y yo comenzaríamos la universidad y a ella todavía le faltaba un curso más, pues era un año menor que nosotros. Por ese esperaba aprovechar este verano al máximo y crear nuevos recuerdos de nosotros juntos.
«Elif Glenn»
Un nombre que vivía últimamente más tiempo del que debía, rondando por mis pensamientos noche y día. No sabría decir en qué momento las demás chicas dejaron de interesarme y mis sentimientos por ese hermoso ángel de ojos verdes intensos dejaron de ser inocentes y comenzaron a transformarse en algo peligroso y prohibido.
Elif era la única hija de Regina Glenn, la mejor y única amiga de la madre de Blake. Nació un año después de nosotros y creció siguiéndonos los pasos en todo momento. Nos criamos prácticamente juntos porque todos vivíamos en el mismo barrio de ricos, aparte de que a Blake y ella siempre le inculcaron ese sentimiento de hermandad, a pesar de no compartir el mismo ADN.
Era lindo ver la conexión tan hermosa que compartían, la lealtad y el amor incondicional que se tenían uno al otro y yo me sentía un privilegiado de poder formar parte de ese vínculo tan sincero, profundo y desinteresado.
Esa pequeña se había convertido en parte de mí, en un ser maravilloso que apreciaba tanto como a mi vida. Y me había tomada la tarea de protegerla y cuidarla como una hermana.
Elif era refrescante como una ráfaga de viento en pleno verano. Alegre, traviesa, sarcástica y muy leal.
A lo largo de los años nos habíamos convertido en un trio inseparable, éramos como los tres mosqueteros, todos para uno y uno para todos, hasta que nació mi hermano, al cual apodamos el pequeño D´Artagnan.
Éramos realmente felices a pesar de todos los obstáculos que la vida nos podía poner en el camino.
Blake King, mi mejor amigo y hermano del alma, había perdido a su mamá con diez años a causa de un cáncer fulminante que devoro su energía vital más rápido de lo que todos esperábamos. Su fallecimiento fue un golpe muy duro para mi amigo y, a pesar de que Regina siempre estuvo a su lado, y se convirtió en más que esa tía del alma que siempre había sido para él, Blake no había vuelto a ser el mismo. Ese día no solo había muerto su madre, sino que fue el inicio de una perdida igual de importante: su padre. Jensen King seguía vivito y coleando, pero se había perdido en su sufrimiento, olvidando lo que significaba ser un buen padre y un hombre noble y desinteresado.
Elif también había tenido su cuota de golpes de la vida desde antes de haber salido del vientre de su madre. Su padre, desde el momento que supo que crecía en el vientre de Regina, había decidido que no estaba preparado para ser papá, que eso no era lo que quería en su vida y se había largado sin mirar atrás. En todos estos años jamás se había preocupado por como estaba, si necesitaba algo, o simplemente conocerla. Y aunque esa bella pelinegra se mostraba como si no le importara nada, en el fondo sabía que esa auto exigencia feroz que se imponía y ese perfeccionismo asfixiante que la caracterizaban, eran a causa de esa herida que llevaba en el alma, ese sentimiento de abandono que debía sentir y tanto callaba. Esa era una de las razones por la que Blake y yo, le brindábamos tanta seguridad y apoyo, intentando ser para ella todo lo que pudiera necesitar o anhelar.
Pero el problema de crecer juntos, conocer y compenetrarte tanto con alguien que consideras desde siempre especial, es que nadie te notifica cuándo deja de ser seguro mirarse. Cuando ese cariño inocente que se han tenido desde niños comienza a mutar a algo más pasional, más primitivo, más salvaje.
No te avisa de cuando tus ojos comenzaran a ver a esa persona desde una perspectiva más emocional y complicada. No te da alertas de cuando ese querer platónico se vuelve un amor que te quema las venas, que te eriza la piel, te calienta la sangre, te desboca el corazón y te hace vibrar el alma.
Los últimos años se habían convertido en una tortura constante, en una lucha interna que lograba mantenerme en vela más noches de las que desearía. En un choque de mente y corazón que me estaba volviendo loco. Y cada día que pasaba mi autocontrol requería mas de mi fuerza de voluntad, una que se debilitaba con más frecuencia de lo normal, cada vez que ella estaba cerca o tiraba alguna de sus provocativas indirectas.
Quería mantenerme alejado emocionalmente, marcar límites y respetar esa raya peligrosa que no debía cruzar, pero al mismo tiempo deseaba intensamente dejarme llevar, decir que si a todo lo que sentía mi corazón y probar hasta donde podíamos llegar sin evaluar las consecuencias que podían destrozar nuestra amistad de años si algo salía mal.
Esto era lo que internamente llamaba el devastador dilema de mi ángel tentador.
«Joder, voy a volverme loco».
Cada vez era más difícil controlar las ganas de gritar a los cuatro vientos lo que verdaderamente sentía por ella. Los inmensos deseos de desnudarme ante ella física y emocionalmente. Y lo más difícil de todo, fingir interés por otras para que Blake no sospeche de mis sentimientos reales por esa dulce persona que él considera su hermana.
