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El peso de un apellido

El silencio que siguió a las palabras del abogado fue tan absoluto que pude escuchar el repiqueteo de las gotas de lluvia golpeando frenéticamente contra el cristal, como si la tormenta misma intentara advertirme del peligro.

—¿Un matrimonio? —La palabra abandonó mis labios en un susurro áspero, casi inaudible—. ¿Está bromeando? Esto tiene que ser una broma enfermiza.

Di un paso hacia atrás, alejándome del escritorio de caoba. Mi mirada saltó del rostro ceniciento de mi padre a la expresión estoica del señor Vance. Buscaba algún indicio de que todo esto era una farsa, un malentendido grotesco. Pero solo encontré la cruda y aplastante realidad.

—Ojalá lo fuera, señorita Sterling —respondió el abogado, bajando la mirada—. El señor Blackwood fue extremadamente claro. No aceptará renegociaciones. No le interesa el dinero ni las acciones de la empresa. Lo único que exige para liquidar la deuda de su padre es la cesión de los derechos de las Tierras del Norte y su firma en un contrato nupcial.

—¡No soy una propiedad que se pueda embargar y transferir! —estallé, sintiendo cómo la conmoción se transformaba en una indignación ardiente. Mis manos se cerraron en puños—. Las personas no se compran para saldar deudas. ¿Por qué yo? Ni siquiera conozco a ese hombre. Jamás he cruzado una palabra con Silas Blackwood. ¿Por qué querría casarse conmigo?

Mi madre soltó un sollozo ahogado desde el sofá y ocultó su rostro entre las manos. Fue mi padre quien finalmente rompió su mutismo, enderezándose en su silla con un esfuerzo visible, luciendo como un hombre vencido.

—Blackwood es implacable, Luna —comenzó mi padre, con la voz rasposa por la tensión—. Su imperio ha crecido de forma agresiva, pero su reputación es la de un lobo solitario, un depredador que destruye todo a su paso. Los grandes inversores y los políticos de la vieja guardia le temen, pero jamás lo han aceptado en sus círculos.

—Respetabilidad —intervino el señor Vance, empujando una carpeta de cuero negro hacia el borde del escritorio—. Silas Blackwood tiene el dinero y el poder, pero le falta legitimidad social. Un linaje. Los Sterling, a pesar de este desastre financiero, son una de las familias fundadoras. Su apellido, señorita Luna, es aristocracia pura. Al casarse con usted, Blackwood compra una fachada de prestigio que no se adquiere en el mercado. Es una jugada calculada.

—Sin contar que sus desarrollos rodean las Tierras del Norte —añadí con amargura, atando cabos—. Nos tiene acorralados por todos lados.

Me acerqué al escritorio y tomé la carpeta negra. Al abrirla, el olor a tinta fresca me golpeó. Ahí estaba mi condena, redactada en letras impagables: Acuerdo Prematrimonial y de Asunción de Deuda.

Comencé a leer las cláusulas en voz alta, sintiendo cómo se me cerraba la garganta.

—Cláusula primera... «El matrimonio tendrá una duración estricta de trescientos sesenta y cinco días naturales. Durante este periodo, la señorita Luna Sterling residirá exclusivamente en la Mansión Blackwood». —Levanté la vista, incrédula—. ¿Pretende encerrarme en su propiedad?

—Exige discreción y privacidad absoluta —se apresuró a explicar Vance—. El señor Blackwood es sumamente celoso de su entorno.

Volví a bajar la vista al documento. Las siguientes cláusulas eran aún más frías.

—Cláusula cuarta: «La esposa deberá acompañar al señor Blackwood a un mínimo de dos eventos públicos al mes, mostrando una actitud conyugal impecable». Cláusula quinta... «La esposa se someterá a exámenes médicos y toxicológicos regulares administrados exclusivamente por el equipo de salud privado de los Blackwood. Queda estrictamente prohibido el uso de médicos externos».

—¿Exámenes toxicológicos y médicos? —pregunté, sintiendo un escalofrío recorrer mi espalda—. ¿Para qué necesita controlar mi salud de esa manera?

—Exigencias de confidencialidad, según sus representantes legales —respondió el abogado con evasivas, acomodándose los lentes—. Lo crucial está en la última página.

Pasé las hojas rápidamente hasta llegar al final. Las letras en negrita parecían grabarse a fuego en mi mente:

En caso de incumplimiento de cualquiera de las cláusulas anteriores por parte de la señorita Luna Sterling, el señor Silas Blackwood procederá con la ejecución inmediata del embargo total y la tramitación de la demanda penal contra el señor Arthur Sterling, buscando la pena máxima en prisión.

El papel resbaló de mis dedos. El chantaje era absoluto. Silas Blackwood no solo me estaba comprando; le estaba poniendo una pistola en la cabeza a mi familia y entregándome a mí el gatillo. Si me negaba, mi padre moriría en una celda federal, mi madre terminaría en la calle y nuestro apellido quedaría destruido.

El silencio volvió a adueñarse de la habitación, roto solo por el tic-tac implacable del reloj de pared.

—No tienes que hacerlo, Luna —dijo mi padre de repente, poniéndose de pie con torpeza—. Buscaré otra salida. Aceptaré los cargos. Encontraré la forma de que tu madre y tú conserven algo. No te entregaré a ese hombre.

Miré a mi padre. Vi las arrugas profundas alrededor de sus ojos y cómo sus hombros antes orgullosos se encorvaban bajo la humillación. Él me había protegido durante veintitrés años. Ahora me tocaba a mí.

Respiré hondo, buscando una firmeza que no sentía.

—¿Dónde tengo que firmar? —pregunté.

—¡Luna, no! —sollozó mi madre.

Levanté una mano para detenerla, sin apartar la vista del abogado.

—¿Dónde firmo, señor Vance?

El abogado exhaló un suspiro contenido.

—No aquí, señorita Luna. El señor Blackwood exige que la firma se realice en su presencia. Su equipo ha enviado un vehículo que la espera afuera en este momento. Si acepta, debe ir a la sede de Empresas Blackwood ahora mismo.

El corazón me dio un vuelco traicionero. No había tiempo para procesarlo ni para despedidas.

Caminé hacia el recibidor, tomé mi abrigo de la silla y me giré hacia mis padres una última vez.

—Todo estará bien —les mentí con una sonrisa forzada—. Es solo un año. Un año y seremos libres.

Salí del despacho sin mirar atrás. Afuera, bajo la lluvia torrencial, un elegante sedán negro me esperaba con el motor encendido, listo para llevarme directamente ante Silas Blackwood.

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