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Capítulo 7: ¡Quiero entrenar contigo!

Al llegar Brit se sorprendió, pensó que ese chico se estaba burlando de ella. Pues el lugar era en el bosque, solo se veía una pequeña cabaña.

Con un enfado evidente en su voz, dijo”¡Es este tu gran centro secreto, cazaremos conejos y luego dormiremos la siesta! Ya estas llevándome de vuelta, si no te tomaré a ti como un saco de boxeo”.

-“¿Tienes algo más que decir?”

-“¡sí! Que me lleves de vuelta ahora”.

Daniel se acercó a ella y la tomó por la muñeca “¡sígueme!” Brit estaba más cabreada y quería deshacerse de su agarre, pero no lo consiguió. Daniel estaba perdiendo la paciencia, se paró en seco y le dijo, “Te pedí que confiaras en mí y aparte tienes que aprender a no dejarte llevar por lo que ves, sabes que las apariencias engañan ¡verdad!”

Brit se quedó sin palabras, pues todo lo que dijo es verdad. Decidió permanecer en silencio y seguirlo sin rechistar.

Dicho eso la condujo dentro de la cabaña donde dos hombres altos y fuertes los saludaron con respeto. Parecían cazadores normales con ropa de camuflaje, pero la diferencia estaba en los pequeños detalles.

Los condujeron hasta una de las habitaciones y los dejaron solos, Daniel se acercó a un lado de la cama y miró a Brit con picardía “ven acá” ella se puso un poco nerviosa de nuevo al ver su cara, se acercó y no dijo nada.

La tomó de la mano y la hizo tocar el interruptor de la luz, en ese momento ella supo que no le mentía. Pues la cama comenzó a elevarse, bajaron unas escaleras y Daniel no le soltó la mano en ningún momento ella se sentía muy extraña por ese contacto físico.

Brit solo pensó que este hombre tenía muchos secretos. “¿Por qué le mostraba ese lugar a ella? no la podía llevar a un gimnasio normal” ella estaba hecha un lio. Daniel miró su cara y quiso burlarse un poco de ella. “Si le cuentas a alguien sobre este lugar, te localizan y a tu familia también y te imaginaras lo que les pasara después. Al escuchar esto, Brit con voz temblorosa rápidamente le prometió que no se lo diría a nadie y que ella tampoco conocía el camino.

El la miró pero no mostró ningún cambio en su cara.

Al llegar al final de las escaleras había una puerta de acero, Daniel introdujo su huella dactilar, más el escáner de retina. La puerta se abrió y dentro era todo como un centro de inteligencia, Daniel no se detuvo a explicar nada y la llevó directamente al cuarto de entrenamiento de combate.

Presentó a unos de los entrenadores y fueron al vestuario a uniformarse, él le entregó un uniforme de chica, estaba a punto de darse la vuelta para marchar, ella le sujetó la mano y lo detuvo, lo miró a los ojos y con valentía le dijo “¡quiero entrenar contigo!”

Daniel no esperaba que ella le pidiera tal cosa, pero tenía mucha curiosidad por saber si era una buena oponente en la lucha. El aceptó pero poniendo una condición. Simplemente dijo “¿Podemos ser amigos?” ella sin dudar respondió ”Acaso no lo somos ya”.

El tenía una sutil sonrisa. Pues la chica era una caja de sorpresas para él.

(Nunca imaginó que caja de sorpresas era).

El marchó al vestuario y se puso rápidamente su uniforme, al salir se excuso con el entrenador por no necesitar sus servicios, el estaba muy expectante.

Al verla sus ojos se abrieron como platos y solo mostraban admiración, el uniforme de combate le quedaba a la perfección.

Se encontraban en medio de la plataforma de combate hicieron el saludo correspondiente. “Que comience”. Hubo puño de leopardo, garra de tigre, boca de serpiente, pico de grulla, etc.

Ella se defendía y atacaba muy bien Daniel estaba muy asombrado y complacido con sus habilidades de lucha. Ella le lanzó una patada circular hacia atrás con la parte exterior del pié. Esta se realiza levantando la rodilla a una distancia media del adversario y golpea con el empeine, (cabeza, costillas o muslos).

El peleaba con la técnica del Dragón, su fortaleza residía en los movimientos con forma de curva. Pero ella no utilizaba sólo una técnica de lucha, ella era especial y peleaba con diferentes estilos de combate, mezclaba taekwondo, kung-fu, boxeo y judo ¡era una maestra en la lucha!

Daniel le lanzó un barrido traicionero para que cayera, al hacerlo fingió caer encima de ella y acercó su cara casi nariz con nariz, Brit se sonrojo por la vergüenza, pues nunca había estado tan cerca de un chico. El por su parte le dio un rápido beso en la mejilla y se levanto dando por finalizado el entrenamiento.

Extendió la mano para ayudarla a levantarse, ella la tomo pero en su lugar tiró de él hacia el suelo lo cual lo sorprendió.

Brit estaba más tranquila, después de soltar tanta adrenalina la cual le dejó una sensación de vacío y relax absoluto.

-“¿Puedo saber a qué edad empezaste a luchar?”

-Empecé con 6 años, una semana después de llegar a París

-“¿Ya te sientes mejor?”

-“¡Sí! Muchas gracias”

-“No, gracias a ti, por aceptar venir conmigo sin conocerme”.

-“No desconfié tanto solo por Sara, no creo que este con una mala persona”.

-“Es bueno que confíes en ella, es una buena chica”.

-“Es muy parecida a mí en algunas cosas, a veces es como hablar con mi propio yo”.

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