Capítulo 5
- Aquí en la esquina así que... - Me acerco a él mirándolo furtivamente.
Deberías ver la sonrisa de mierda en su cara, imbécil silencioso... Te la quitaré pronto.
- Sólo una cosa rápida, llego tarde - dice el Sr. Rapidito interpretando mi enfoque afirmativamente.
- Por supuesto, seré muy rápido – digo colocando una mano en su hombro, luego levantando mi rodilla y golpeándolo entre las piernas. Con todas las fuerzas que tengo.
- Cerdo sucio - siseo, poniendo mi mochila nuevamente sobre mis hombros, mientras él gime de dolor, doblado.
Me acerco a su cabeza y vuelvo a gruñir - No te llevaré con el director solo porque llego tarde, mereces morir tras las rejas -
Ni siquiera tiene fuerzas para responder y, apoyado en la máquina, sigue sufriendo en silencio. Sacudo la cabeza con molestia y miro a mi alrededor para asegurarme de que no hay espectadores.
Yo también podría meterme en problemas por culpa del imbécil.
Por desgracia para mí, desde arriba me encuentro con la mirada del conserje De Robertis, que no se da cuenta del imbécil inclinado detrás de mí, pero me grita que vaya a clase lo antes posible o me llevará al vicepresidente.
- ¡ Voy! - exclamo lanzando una última mirada al maníaco quien me lanza una mirada llena de odio y amenazas. También puedo detectar un atisbo de sorpresa; él no esperaba tal gesto de mi parte y mucho menos… yo tampoco me lo esperaba.
Voy directo al área C y subo corriendo las escaleras, llego al tercer piso sin aliento... maldito ascensor que sólo pueden usar profesores.
Giro a la izquierda para saludar al conserje del tercer piso, Cavi, mi gran apoyo en estos años infernales, que está sentado con su impecable corbata azul, gafas redondas marrones y un bigote cubriéndole el labio superior.
Inspiro el familiar olor a café y cigarrillos y, acercándome por detrás, lo abrazo con fuerza.
- ¡Ay Beni! - exclama riendo.
Nunca vi a mi abuelo... No tuve la oportunidad y mis abuelas están en Sri Lanka, rara vez tengo noticias de ellas y sin embargo en Cavi encuentro esa relación de complicidad y estima que mis amigos dicen tener con sus abuelos.
- ¡ Te extrañé! - murmuro abrazándolo con fuerza, todavía sin aliento.
- Mira lo que te traje – mete la mano en el cajón superior del escritorio y sale una caja llena de bombones. - Que tengas un buen regreso – me sonríe, entregándome uno.
- Eres mi caballero - Beso su mejilla y desenvuelvo el envoltorio del chocolate, como un niño impaciente.
- De nombre y de hecho - responde cerrando el cajón.
Miro la placa de premio colocada sobre el escritorio , Roberto Cavaliere , sonrío y asiento.
- Llego súper tarde, ¿nos vemos luego? - Doy la vuelta al escritorio para salir del armario, mientras él asiente y vuelve a concentrarse en su periódico.
Cavi se retirará este año y todos estamos un poco melancólicos. Después de graduarme esperaba poder visitarlo en la escuela, pero no será posible. La idea de poder verlo sólo unos meses me entristece mucho.
Esta escuela no sabrá del mito que existía, del gran Roberto Cavaliere que te intimidaba por tus errores y te apoyaba para que siempre fueras mejor, te traía chocolates el día de San Valentín y te ofrecía café cuando estabas deprimido. Nadie podrá jamás ocupar su lugar en la torre.
Me cepillo el pelo para sacarlo del armario y miro alrededor en busca del salón de clases.
Lo bueno de estar en el tercer piso es el hecho de que hay pocas aulas y no hay que subir y bajar para llegar a una clase. Se llama -torreta- precisamente porque somos iguales y al cabo de un tiempo se crea una relación de complicidad, al quejarse con Cavi de los deberes que salieron mal y alegrarse de las buenas notas .
Logro encontrar el salón de clases fácilmente y al entrar, ya listo con mi discurso disculpándome por el retraso, inesperadamente no veo a nadie en el escritorio.
Inmediatamente dejé escapar un suspiro de alivio. Al menos sucedió algo bueno.
Ni siquiera tengo tiempo para darme cuenta de lo positivo y acto seguido me encuentro abrazada y al darme la vuelta me encuentro con mis dos fantásticas amigas del colegio: Angélica y Matilde.
- ¡ Tarde incluso para el primer día de clases! - Me regaña Matilde en tono de broma.
