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Capítulo 4. El Hijo Del Alfa

Luan Moen.

Me había preocupado para nada sobre como decirle sobre mi especie, pero al parecer es una chica muy imaginativa para ser solo una humana, dejando de lado eso, no había pensado traerla a la manada y Robin tiene razón, no debí traerla, pero ya se encontraba aquí, no podía hacer mucho ya, me preocupa ella y el niño en su vientre al punto de tener que confesarle a Robin que Esmeray no solo era la madre de mi hijo, sino mi destinada por la Diosa Selene.

— Si, soy un hombre lobo… suena raro siendo tú una humana, pero esa es mi especie y el niño en tu vientre… — se levanta alejándose de mí para mirar la ventana.

— Eso significa que mi hijo será un hombre lobo… ¿No? — me mira buscando respuesta, no parecía asustada ni nada, pero si estaba procesando todo, ya había arruinado su vida sin haber hecho nada, pero aun así quería arreglar su vida con la poca información que habían encontrado de Esmeray.

— Si… aunque aún no se sabe ya que eres humana — me explico, suspira y se sienta en el mueble que hay cerca de la ventana — Aun así… debería de aceptar que te ayude, y dejar el trabajo como mesera, no es bueno para tu embarazo, encima de que eres sensible a cualquier olor — parece dudosa.

— Tienes una prometida, no debería de… — se calla cuando me detengo delante de ella, me mira a los ojos y no pierde detalle alguno cuando me arrodillo delante de ella, nunca me había arrodillado delante de alguna mujer.

— Esmeray… te lo diré de esta manera, mi prometida es solo por contrato, lo que significa que yo no tengo sentimientos por ella — frunce el ceño cuando le tomo la mano.

— Aun así, sigue siendo tu prometida — aleja su mano y se levanta, suspiro viendo como toma sus cosas que de alguna manera logró saber dónde estaban, se pone los zapatos con rapidez y me levanto del suelo, no me sentía para nada humillado, pero la actitud de esta mujer comenzaba a sacarme de las casillas como ninguna otra lo ha hecho en todos estos años.

— El niño en tu vientre es el hijo del alfa — se detiene cuando suelto con fuerza aquella frase — Por si no sabes es mi heredero, heredero de esta manada y del imperio que he construido en toda Francia y Europa, por lo tanto, tienes que hacer lo que yo diga — se voltea y sonríe, de una manera que asusta.

— Ah si… Bueno, Alfa billonario de una gran manada e imperio francés, déjame decirle que solo estás actuando como un niño mimado solo porque yo no acepto lo que quieres — se acerca a mí — Y otra cosa… no te tengo miedo, pero tú deberías de tenerme miedo a mí, recuerda, tengo a tu hijo en mi vientre — y cruza la puerta después de señalarme con el dedo y apuntarme en el pecho con una fuerza que no me dolió, pero que si me hizo sentir amenazado.

Trago saliva sintiéndome un poco agitado de pronto. Aun podía sentir su olor, así que salí y me la encuentro en el pasillo confundida mirando a los lados, se voltea y me mira.

— Pasare la noche aquí, mañana me retiro, su alteza — se acerca y entra a la habitación cerrando la puerta frente a mi nariz, justo en mi cuarto se estaba por quedar.

(…)

Robin me mira desde su silla con la pierna cruzada mientras que yo parecía un león enjaulado caminando de un lado a otro pensando en cómo convencer a una humana de quedarse y acepte lo que le propongo, pero es tan terca que me tiene como me tiene en este momento.

— Cálmate, desde que supimos que ella es quien tiene a tu hijo en su vientre, tu vida se puso patas arribas y te ves más estresado que antes, por la Diosa — se queja, me siento frente a mi escritorio y suspiro.

— Todo hubiera saliendo bien, si tu hermanita humana no hubiera cometido tal error, pero gracias a su error… encontré a mi alma gemela, que encima es la madre de mi heredero — miro a otro lado susurrando lo último, algo en vano porque Robin sabe todo.

— Bueno, aprovecha y te casas con ella — lo miro a los ojos como si hubiera hecho una broma.

— Eso no tiene nada que ver, no me casare con ella, no me gusta, solo es la madre de mi hijo y ya — explico — Encima es una humana a la que los altos mandos no querrán como luna para la manada — veo que suspira mirando al techo poniendo sus pies sobre el escritorio como si fuera su propio despacho.

— Los altos mandos solo tienen miedo de que si una humana vuelve a tomar el puesto de luna de manada como tu madre y al final se vaya con otro hombre porque se enteró de que tu padre era un lobo alfa al igual que tú, hace 200 años, solo dan a entender que toda humana que sea alma gemela de algún lobo, significa algún maleficio — suspiro mirando hacia la gran foto tapada con un velo negro.

Mi padre murió por el lazo que tenía con mi madre, la cual era su alma gemela que cuando nos abandonó, hizo que no pudiera vivir más, nos tuvo a mí y a mi hermano, el cual no he vuelto a ver en 50 años.

— Esa mujer arruinó la vida de mi padre, e hizo que yo tuviera que tomar el puesto solo porque mi hermano mayor hizo de las suyas y desapareció dejándome todo a mí, solo ha habido desastre tras desastre — miro a otro lado queriendo no recordar nada.

— Por eso tienes miedo a enamorarte y por eso no aceptaste casarte y de una tener un heredero, sino que lo hiciste todo por una clínica, ¿Para qué? Para que fuera otro desastre más en tu larga vida — lo miro sin creer que siga hablando.

— No estas ayudando para nada, dame soluciones, no más cosas de las cuales pensar y decir que me equivoque, si, tengo problemas de abandonos, si, no puedo enamorarme porque no confío en las mujeres, ni lobas ni humanas, ¿Ya? — asiente bajando sus pies de mi escritorio.

— Si, ya estoy satisfecho de que hayas dado a entender lo que sientes, bien… como ya dije, Deborah viene la semana que viene, y dudo que le guste la idea de tener a la humana aquí, recuerda, ella estuvo enamorada toda su vida de ti, aunque la veas como una hermana — no hago nada ni digo nada — Bien, te ayudare con la humana — sonrío un poco.

(…)

Al día siguiente podía ver a la humana intentar abrir la puerta de la mansión, Robin la mira desde el sofá y yo desde la escalera para luego mirar al pelinegro sin creer que este vendría siendo su plan, al ver que la morena se rinde, camina hacia un sillón y se sienta con todas sus cosas, para luego mirarme a los ojos.

— Tengo condiciones — miro al pelinegro que se levanta y se retira, me siento frente a ella — Primero que nada, no me tendrás de prisionera aquí, si quiero salir, saldré, si necesito ir a algún lado, lo hare, pero necesitare un trabajo para poder comprar mis cosas porque no pienso por nada del mundo aceptar dinero de ti, esto solo será hasta que nazca el niño, por lo cual habrá custodia compartida — sugiere.

Lo que me dice, me hace procesar un poco, pero, aun así, me mantiene un poco tranquilo el hecho de que va a quedarse en la mansión mientras que el niño nazca.

— Creo que es un trato aceptable, Robin, haz el contrato, a partir de hoy, la señorita Esmeray estará en la mansión y su cuarto será el mío — veo que abre sus ojos al escuchar lo último — Es para estabilizar al niño, necesitas tenerme cerca, te guste o no te guste — me levanto y Robin la mira, sabía que no se iría muy lejos para escuchar nuestra conversación, lo conozco bien para no saberlo.

Por otro lado, siento mi corazón latir con desesperación cuando me voy alejando de la sala principal en la que se encuentra ella, termino en el patio respirando el aire que me comenzaba a faltar.

— Creo que esto no será para nada bueno — susurro cerrando los ojos y buscando el aire y no su olor.

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