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Capítulo 5

Alan

Sábado en la noche y lo único que tenemos disponible es el Bar de Tadeo o ir a ahogar las penas con unas botellas en la playa.

Estábamos todos en mi departamento discutiendo que hacer hoy en la noche.

— Vámonos otra vez para la playa ¿Que opinan? — Becca nos miró a todos esperando desde luego una respuesta positiva. — Amor estás de acuerdo. Podemos montar una carpa en la orilla y hacer una fiesta privada tú y yo. — Julieta le sonrió con picardía.

— ¿Hablaban de una fiesta privada? ¿Cómo se enteraron? Pensé que yo les traería la primicia.

— ¿De qué hablas John? — Le pregunto a uno de los hombres de papá que se encontraba en el umbral de la puerta.

— Hoy hicimos una entrega del alquiler de las máquinas de hacer espuma en una casa linda y grande en el lado Norte y por lo que vi será una fiesta muy grande, ya saben de gente grande, importante y con dinero. Solo vine a informarles porque si quieren ir a liar una buena ya que escuche a los guardias de la entrada hablar de que la fiesta era sin invitación. Bueno me voy chicos si salen pásenla bien. — y se fue por donde había entrado dejando la semillita plantada ya que obviamente íbamos a ir a esa fiesta de pijos.

Quedamos en salir de aquí a las once para no llegar tan temprano y que cuando lleguemos ya la mitad estén fuera de combate y no llamar tanto la atención.

Ya más tarde en el apartamento solo estábamos los propietarios tranquilamente. Becca se encontraba en el sofá frente a la tele y yo en la isleta que hacía  función de separador esperando a que el microondas sonara indicándome que la comida precocinada ya estaba caliente para comer algo antes de salir. Cuando lo hace por segunda vez tomo ambos platos y me siento a su lado poniendo los platos en la mesita del centro para volver a buscar par de cervezas. Pero cuando vuelvo a sentarme en el sofá siento una elevación que no había sentido antes. Pongo las cervezas junto a los platos y levanto el cojín para encontrarme con el causante de mi molestia y es un ¿pene? Bueno, en realidad es un consolador.

— ¿Becca os lo habéis montado Julieta y tú en el sofá? Q0ue asco Becca. — digo cogiendo el juguete sexual con la punta de mis dedos como si fuese un objeto anacrónico y luego caigo en cuenta en una cosa. — dime por tu madre que le pusieron un preservativo.

— El vibrador no eyacula nene. — tras aquel comentario solté el objeto haciéndolo volar por los aires, no quería tocarlo con mis manos algo que ha estado en la vagina de mi mejor amiga, que la veo como si fuera mi hermana o en la de su novia. — mejor comamos. — dice con diversión.

— Ya se me quitó el hambre. Voy a casa de mi padre. Nos vemos en un rato.

Me despido y bajo por las escaleras ya que el ascensor no funciona hace como un año, gracias que solo tengo que bajar cinco pisos. Eran solo cinco pero había seis apartamentos por piso así que en realidad no estaba tan mal repartido.

Tras caminar un par de calles llegué al edificio de mi padre. El y yo siempre hemos estados solos ya que la zorra de mi madre se fue lejos cuando yo no tenía ni un año. De ella solo tengo las pocas fotos que no he quemado.

— Hola padre ¿cómo está todo? — Salude a mi viejo con un abrazo cuando abrió la puerta, me indicó para que entrar y ambos nos sentamos en sus butacas. Mi papá no estaba solo en el apartamento ya que dos de sus hombres estaban en el mismo salón que yo.

— Te iba a llamar ahora mismo. Tenemos un encargo para ti y los tuyos. No es muy grande, solo tienen que ir a una fiesta de cumpleaños que habrá en el lado Norte y buscar a un tal Bayron que hizo un encargo. — ¿Será que las casualidades existen? No estaría mi viejo hablando de la misma fiesta a la que vamos.

— ¿Es esta la dirección? — le digo mostrándole la que nos había mandado John hace unas horas.

— ¿Alguien te dijo ya del encargo? ¿Cómo es que ya tienes la dirección?

— No papá, solo es la dirección del sitio al que íbamos dentro de un rato a pasarla bien.

— Perfecto, si es así entonces toma. —dijo entregándome una bolsa transparente con pastillas. — ya sabes el precio y ten mucho cuidado, evalúa la situación antes de hacer el intercambio...

— Padre ya sé, no es la primera vez ok ¿Por qué siempre me das el mismo sermón? Bueno me voy que todavía tengo que ducharme y vestirme. — me despido de él con nuestro saludo y me voy.

En un par de horas ya estábamos todos listos en nuestras motos para partir hacia la fiesta. En mi moto iba Ronni, Jared iba solo y Becca y Julieta iban juntas en la Jeep de Julieta.

No tardamos mucho en llegar y John tenía razón en lo que dijo y era sin invitación. Dejamos los vehículos afuera de la gigantesca mansión que inclusive había un parqueador vigilando aunque dudo mucho que alguien se vaya a robar nada.

Entramos y fue inevitable no llevarnos una que otra mirada pero no había nada en ellas. Solo eran eso, miradas. Cada uno estaba en su mundo y me alegro de que no llamemos mucho la atención ya que no quiero problemas, no hoy.

— Chicos vayan y mézclense y disfruten, yo tengo que buscar al tal Bayron.

Caminé al interior de la mansión y busque con la mirada a alguien a quien preguntarle sin llamar tanto la atención.

Veo a un chico musculoso con una sudadera de las que usan los deportistas en las escuelas y por como se ve creo que es mi elegido.

— ¿Sabes dónde puedo encontrar a un tal Bayron? — Mi voz seca y tajante hace que deje de atender a la chica con la que habla y me mira de arriba a abajo sin responderme y eso no me agradó en lo absoluto. — ¿Estas sordo? Te he hecho una puta pregunta. — Esta vez logré intimidarlo alzando la voz porque en seguida me señaló a un chico que se encontraba en la barra de la terraza en la zona de la piscina. Ven por que hay que hablar en malas formas, si no, no te hacen caso. Calma Alan que no te saquen de tus casillas los niños pijos.

Camino en la dirección indicada sin ni siquiera darle las gracias. Cuando salgo como puedo para la terraza ya que eran demasiadas personas concentradas en un mismo sitio, me acerco a él un poco más y cuando lo hago me doy cuenta de algo y es que es el chico con el que tuvimos problemas en la discoteca por causa de la rubia fácil que tiene por novia. Espero que no me reconozca, en serio lamentaría romperle la cara justo hoy.

— ¿Eres Bayron? — el me miró con el ceño fruncido al igual que la rubia. — traje los dulces que pediste.

— ¡Oh! si. Perfecto ¿Dónde los dejaste?

— Están en mi camioneta, en la parte del parqueo. —Parece que no me reconoció, o tiene las mismas ganas de pelear que yo.

— Amor, ahora vengo. — le informa a su novia, ella frunce el ceño un poco desconfiada pero él no le prestó atención y caminamos juntos hasta la parte lateral de la mansión.

Una vez fuera de la vista de todos y de las cámaras de seguridad que había por todo el lugar, saqué el paquete y se lo entregué haciendo un intercambio mutuo ya que yo recibí el fajo de billetes que conté al momento y estaba todo en orden.

Son muy fuertes esas pastillas. Espero que no se las tome todas de una porque no creo que lo cuente mañana.

Luego salimos de nuestro escondite y cada uno se fue por su lado. Yo salí de la mansión y busque la jeep y guardar ahí el dinero de mi padre y volví a entrar.

Me paré en el borde de la piscina en busca de mi manada. No los veo parece que no están en la terraza así que me volteo con rapidez para buscarlos dentro pero con tanta mala suerte que choque con una chica, tenía el pelo negro y un vestido blanco ahora con una mancha roja.

— Eres un pedazo de imb... — sus palabras de quedaron a medias cuando sus ojos oscuros se encontraron con los míos. A decir verdad yo tampoco esperaba encontrármela de nuevo tan pronto. — ¿Tu? ¿Qué demonios haces aquí?

— Es una fiesta ¿no? Y según mis fuentes no hacía falta invitación.

— Si pero cuando dije sin invitación no me refería a los del lado Sur.

— ¿No te referías? ¿Esta fiesta es tuya?

— Felices dieciocho Kim. — dijo señalando en un enorme cartel colgante. — Pues ya lo sabes así que vete o llamo a seguridad. Ni te quiero aquí. No te quiero cerca.

— Mira niñata ni que quisiera estar en tu fiesta de mierda, por mi te la puedes meter por donde quieras y hacer lo que te dé la gana. —digo alzando la voz y creo que ahora estamos llamando la atención otra vez. Con tantos pares de ojos mirándonos casi siento un deja vú.

— ¿Puedo hacer lo que quiera? — yo asiento y me iba a ir cuando se abalanza sobre mi y enseguida se cuáles son sus intenciones y con un movimiento rápido me quito del medio y la pelinegra se da de bruces con el agua de la piscina.

Muchos comenzaron a reírse y eso me hizo pensar algo ¿Esos son sus amigos?

Ella sale a flote y me mira desde el agua con odio, tanto odio que la frase si las miradas mataran yo estaría muerto tomó sentido en ese instante.

Reí de medio lado y busqué con la mirada el por que nadie acudía a socorrer a la princesita. Ella nada como puede hasta el borde de la piscina y yo hago lo mismo desde la tierra.

— Si te ayudo a salir me puedo quedar en la fiesta. — ella lo dudo por un momento pero luego accedió y estiró la mano para que la ayudara a subir, pero esta vez me tomo desprevenido y antes de que me diera cuenta estaba mojado de pies a cabeza ¿Cómo no lo vi venir?

Emergí y una vez fuera quité el agua restante de mi cara y me encontré con mis labios a pocos centímetros de los de Kim y luego ella dijo bajito.

— Puedes quedarte en la fiesta Lobo Feroz.

Y se alejó de mí nadando hasta las escaleras y saliendo de la piscina. La seguí con la mirada hasta que entró dentro de la casa y reaccioné de una vez saliendo del agua y esta vez si iba a buscar a mis amigos.

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