Capítulo 5 : Una Nueva Realidad
Seguí a Elisa por los pasillos de la residencia De Luca.
Mientras avanzábamos, intenté concentrarme en lo que tenía frente a mí, pero mi mente seguía repasando las palabras de Lorenzo.
"Noah no ha tenido una estabilidad constante en los últimos meses"
No sabía exactamente qué significaba eso, pero sabía algo.
Cuando un padre hablaba de su hijo de esa manera, había una historia detrás.
Y yo estaba a punto de conocer una parte de ella.
Elisa se detuvo frente a una puerta al final del pasillo.
Por un momento pensé que tocaría inmediatamente, pero antes de hacerlo se giró hacia mí.
—Un consejo, señorita Collins.
La miré con atención.
—¿Sí?
Su expresión era tranquila.
—No intente ganarse a Noah.
Me sorprendió su comentario.
—¿No debería hacerlo?
Negó suavemente.
—La confianza no se gana intentando conseguirla. Se gana con el tiempo.
Sus palabras tenían sentido.
Con los niños siempre había sido así.
No podía llegar a una nueva vida y esperar que un niño me aceptara solo porque era mi trabajo estar allí.
Tenía que conocerlo, tenía que escuchar.
Elisa tocó la puerta dos veces.Esperamos unos segundos.
—Adelante.
La voz al otro lado era tranquila.
Elisa abrió y me indicó que entrara.
La habitación de Noah era diferente al resto de la casa.
La residencia De Luca tenía un aire elegante y perfectamente ordenado, pero aquel lugar tenía algo más personal.
Había libros en una estantería, algunos dibujos sobre un escritorio y objetos que parecían tener un significado especial.
Un niño de cabello castaño estaba sentado cerca de la ventana con un libro entre las manos.
No levantó la mirada inmediatamente.
—Noah.
El niño cerró el libro lentamente y nos observó.
Lo primero que noté fueron sus ojos. Tenían algo parecido a los de Lorenzo.
Esa forma de mirar como si antes de hablar necesitara entender a la persona que tenía delante.
—Ella es Sophie Collins —dijo Elisa—. Vino a conocerte.
Noah me miró unos segundos.
—Ya sé.
Parpadeé ligeramente.
—¿Ya sabes?
Se encogió de hombros.
—Escuché hablar de la entrevista.
Su respuesta fue tan directa que no pude evitar sonreír un poco.
—Entonces tengo una pequeña ventaja.
No pareció entender el comentario.
—¿Cuál?
—Que tú ya sabes quién soy y yo todavía estoy intentando conocerte.
Por primera vez pareció prestar más atención.
Me acerqué un poco, sin invadir su espacio.
—Soy Sophie.
—Noah.
Lo dijo como si fuera algo obvio.
Y supuse que para él lo era.
Hubo unos segundos de silencio.
No era incómodo.
Solo era un momento en el que ambos intentábamos descubrir cómo empezar una conversación.
Entonces Noah habló.
—No necesito otra niñera.
Su comentario me tomó por sorpresa.
Pero no sonó como una protesta.
Sonó como si simplemente estuviera diciendo algo que pensaba.
Me agaché para estar a su altura.
—Está bien.
Su expresión cambió ligeramente.
—¿Está bien?
Asentí.
—Sí.
Lo miré con calma.
—No espero que quieras que esté aquí solo porque alguien decidió traerme.
Noah bajó la mirada hacia su libro.
—Todos dicen que será diferente.
Sentí que había algo más detrás de esa frase.
Pero no quise presionarlo.
Los niños muchas veces decían más con pocas palabras que con largas explicaciones.
—Entonces supongo que tendré que demostrarlo con el tiempo.
Levantó la mirada.
—¿No vas a decirme que todo estará bien?
La pregunta me sorprendió.
Pensé unos segundos antes de responder.
—No puedo prometerte algo así.
Sus cejas se juntaron ligeramente.
—¿Por qué?
—Porque no sé todo lo que has vivido.
Hice una pequeña pausa.
—Y porque creo que cuando alguien está pasando por algo difícil, a veces necesita que lo escuchen más que que le digan que todo estará bien.
El silencio que siguió fue diferente.
Noah miró su libro nuevamente.
Pero esta vez no parecía que quisiera terminar la conversación.
—Es una historia de aventuras.
Miré el libro que tenía entre las manos.
—¿Te gustan?
Asintió.
—El protagonista siempre encuentra una forma de seguir adelante.
Sonreí.
—Parece un buen personaje.
—Lo es.
Después de unos segundos añadió:
—Aunque se equivoca mucho.
No pude evitar reír suavemente.
—Creo que eso lo hace más real.
Noah me observó.
Y aunque su expresión seguía siendo seria, sentí que la tensión inicial había disminuido un poco.
Desde la puerta escuché una voz.
—Creo que es suficiente por hoy.
Me giré.
Lorenzo estaba allí.
No sabía cuánto tiempo llevaba observando, pero por su expresión era imposible saber qué pensaba.
Me puse de pie.
—Gracias por permitirme conocerlo.
Lorenzo asintió ligeramente.
Noah volvió a abrir su libro, pero antes de que saliera escuché su voz.
—Sophie.
Me detuve.
—¿Sí?
Miró la portada del libro.
—El siguiente es mejor.
Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro.
—Entonces tendré que confiar en tu recomendación.
Asintió.
Como si esa respuesta fuera suficiente.
Salí de la habitación junto a Elisa. Caminamos en silencio por el pasillo.
No sabía si aquella pequeña conversación había sido suficiente.
No sabía si Lorenzo pensaba que yo era la persona adecuada para cuidar de su hijo.
Pero sí sabía algo.
Noah De Luca no era un niño difícil.
Era un niño que parecía haber aprendido a protegerse.
***
Durante todo el camino de regreso no pude dejar de pensar en la residencia De Luca.
No en el lujo.
No en el tamaño de la mansión.
Sino en las personas que vivían dentro.
En Lorenzo.
En la forma en que hablaba de su hijo.
Y especialmente en Noah.
Había algo en él que no podía explicar.
No era un niño malcriado como muchas personas podrían imaginar al pensar en alguien que había crecido rodeado de privilegios.
Era reservado.
Observador.
Como si hubiera aprendido a mantener una distancia con las personas antes de permitirles acercarse.
Y eso me hizo preguntarme qué había ocurrido para que un niño tan pequeño tuviera esa actitud.
Cuando llegué a casa, Emily estaba esperándome.
Apenas crucé la puerta, dejó lo que estaba haciendo y me miró.
—Por tu cara, necesito saber si fue una buena señal o una señal de que quieres desaparecer del planeta.
Solté una pequeña risa mientras dejaba mi bolso.
—Dramática como siempre.
—Eso no responde mi pregunta.
Me senté en el sofá.
—Fue... diferente.
Emily se sentó frente a mí.
—Cuéntame.
Y así lo hice.
Le hablé de la mansión, de Elisa, de Lorenzo y de Noah.
Pero mientras hablaba, me di cuenta de algo.
No estaba contando una historia sobre un trabajo.
Estaba contando la historia de una familia.
—Entonces, ¿te gustó el niño? —preguntó Emily.
Pensé unos segundos.
—Sí.
—¿Y el padre?
Le lancé una mirada.
—Emily.
Ella levantó las manos.
—Solo preguntaba.
Negué con una sonrisa.
—Lorenzo De Luca es complicado.
—Eso suena interesante.
—Eso suena peligroso.
Nos reímos.
Pero cuando el silencio volvió, mi mente regresó a la misma pregunta.
¿Era realmente una buena idea aceptar?
Porque algo dentro de mí sabía que trabajar para los De Luca no sería como mis empleos anteriores.
No sería simplemente cuidar a un niño.
Sería entrar en un mundo completamente diferente.
Mi teléfono sonó antes de que pudiera seguir pensando.
Miré la pantalla.
El nombre hizo que mi expresión cambiara.
Número privado
Emily lo notó.
—¿Es él?
Respiré profundamente antes de contestar.
—¿Bueno?
—Señorita Collins. —Su voz seguía siendo tranquila y seria —.Espero no interrumpirla.
—No, está bien.
Hubo una breve pausa.
—Quería informarle que hemos tomado una decisión.
Mi corazón se aceleró ligeramente.
Aunque intenté que no se notara.
—La escucho.
—Nos gustaría que se quedará con el puesto.
Por un momento me quedé en silencio.
Había esperado esa llamada.
Pero escuchar las palabras hizo que todo se sintiera más real.
—Acepto.
La respuesta salió antes de que pudiera pensarlo demasiado.
—Bien.
Lorenzo continuó explicándome los detalles del inicio, el horario y la fecha en la que debía presentarme oficialmente.
Escuché con atención.
Cada palabra hacía que la realidad se volviera más clara.
Al terminar la llamada, me quedé mirando el teléfono.
Emily sonrió.
—Entonces es oficial.
Asentí lentamente.
—Sí.
—¿Estás nerviosa?
Miré hacia la ventana.
Pensé en la mansión.
En Noah.
En todo lo que todavía no sabía.
—Un poco.
Emily sonrió.
—Eso significa que te importa.
No respondí.
Porque sabía que tenía razón.
Al día siguiente, mi vida iba a cambiar.
Ya no sería una visita.
Ya no sería una entrevista.
Iba a entrar oficialmente en el mundo de los De Luca...
